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El Oro y la Química se Combinan Para dar Valor Agregado al Suero de Leche

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A través de un novedoso método basado en el metal precioso, se puede extraer la lactosa que posee el lactosuero y transformarla en ácido lactobiónico (LBA), que se usa para la preservación de órganos humanos destinados a trasplantes, en productos cosméticos y en la industria alimenticia.

En la provincia de Santa Fe se generan millones de litros de lactosuero por año, lo que implica grandes problemas al momento de desecharlos. Sin embargo, de esos residuos se puede extraer lactosa y, por medio de un proceso basado en el uso de oro, convertirla en ácido lactobiónico (LBA), importante compuesto para la preservación de órganos, la industria cosmética y la alimenticia.

La producción aproximada de leche en Santa Fe es de 10 mil millones de litros, según datos de 2009. De esta producción, que es el 33% de la nacional, el 43% se destina a la actividad quesera. El suero de quesería es el líquido resultante de la coagulación de la leche durante la elaboración de quesos, y está compuesto por agua, vitaminas hidrosolubles, proteínas y principalmente por lactosa. Dado que sólo el 37% del suero se utiliza para elaborar otros productos (lactosa de alta pureza, derivados proteicos y suero en polvo), el 63% restante se desperdicia y constituye un efluente industrial.

En este sentido, investigadores del Grupo de Investigaciones en Catálisis e Ingeniería Catalíticas (Gicic) del Instituto de Investigaciones de Catálisis y Petroquímica (Incape), que depende de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y del CONICET, trabajan en un proceso catalítico para la conversión de lactosa en ácido lactobiónico, ya que entienden que la cuenca lechera más importante del país puede aportar nuevos subproductos con valor agregado.

“La producción de quesos genera grandes volúmenes de suero, con lo cual se produce un problema ambiental por la alta demanda biológica de oxígeno. El lactosuero generalmente se desecha, aunque a veces se usa como alimento para animales”, indicó Teresita Garetto, que dirige el proyecto.

El secreto de la investigación está en la creación de un nuevo catalizador basado en oro, un sistema que posibilita oxidar la lactosa rápidamente y producir así el ácido lactobiónico. El desarrollo es sumamente provechoso, teniendo en cuenta que un 30 por ciento de la leche es suero y un 4 por ciento es lactosa, un subproducto que genera sólo una empresa en la región y que lo exporta. “La lactosa es sumamente barata, ya que la tonelada cuesta unos 30 dólares. En Argentina no se aprovecha para nada, por eso nosotros la transformamos en LBA mediante catálisis”, resumió Garetto, que trabaja junto a Alberto Marchi, Camilo Meyer, Silvina Regenhardt y Juan Zelin.

El oro, la clave

El ácido lactobiónico se usa en la industria cosmética, que lo promociona como un buen rejuvenecedor de la piel, aunque también se aprovecha en medicina para estabilizar y conservar los órganos destinados a trasplantes. También se lo usa como componente de conservantes y saborizantes en la industria alimenticia.

El equipo del Gicic lo obtiene disolviendo lactosa en agua a 65 grados de temperatura. Luego somete el líquido a la oxidación mediante burbujeo de oxígeno: “El catalizador de oro transforma toda la lactosa en LBA. Lo interesante es que no se produce ningún tipo de subproducto o producto no deseado, ya que el 100 por ciento de la lactosa se convierte en ácido”, destacó la especialista.

En este sentido, sostuvo que existen otros métodos para hacer lo mismo, como el de la fermentación por medio de enzimas, pero los rendimientos son menores al del catalizador con oro. Por otro lado, con la innovación del Gicic se puede separar muy fácilmente el producto del catalizador, y así obtener ácido lactobiónico puro.

“Entendemos que producir el catalizador es caro, ya que es oro soportado en un óxido. Sin embargo, tiene la ventaja de ser reutilizable luego de un proceso de limpieza para que no quede nada pegado en la superficie. Con nuestro sistema se puede obtener el LBA en sólo cuatro horas, que es un buen tiempo para un catalizador”, enfatizó.

También otros metales

Antes de usar oro, los investigadores probaron con otros metales. Sin embargo, se desactivaban paulatinamente con los sucesivos usos y se producía cada vez menos ácido lactobiónico. “Con el oro, el catalizador se puede usar indefinidamente a menos que haya una contaminación por alguna causa. Además, gracias a las temperaturas bajas que utilizamos, no le sucede nada a las partículas metálicas”, manifestó Garetto.

El próximo paso será combinar el catalizador de oro con algún otro metal para, por un lado, aumentar la actividad catalítica, y por otro, abaratar los costos. Por el momento, piensan en la plata como alternativa, combinarla con el oro.

El sistema está orientado a pequeñas empresas que trabajen con otros subproductos, ya que actualmente no hay una demanda exportable de grandes volúmenes de ácido lactobiónico. “Ya hicimos contactos a nivel de emprendimientos independientes de la región”, culminó Garetto.

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1° Congreso Internacional Bubalino – Argentina 2026

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En Chile investigación busca desarrollar herramienta para enfrentar la mastitis bovina

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La mastitis bovina es una de las principales enfermedades que afectan al ganado lechero y puede generar importantes consecuencias para la producción, la calidad de la leche y la salud de los animales. En las regiones de Los Ríos y Los Lagos, donde se concentra el 82 por ciento de las vacas lecheras del país, esta problemática adquiere especial relevancia para una de las principales actividades productivas del territorio.

Oriunda de Llanquihue, Macarena Núñez Campos, llegó a Valdivia en 2019 para estudiar Bioquímica en la Universidad Austral de Chile (UACh), pero su interés por la ciencia comenzó mucho antes. “De niña me gustaban mucho las clases de ciencias naturales y, a medida que fui creciendo, mis ramos favoritos pasaron a ser biología y química”, recuerda. También guarda especial recuerdo de sus experiencias en el laboratorio de su colegio y de su participación en ferias científicas, espacios que despertaron tempranamente su curiosidad y fueron fundamentales para descubrir que quería dedicar su vida profesional a la ciencia.

Hoy, esa vocación se refleja en una investigación que busca aportar una nueva herramienta para la detección de los microorganismos responsables de la mastitis bovina.

La reciente graduada del Magíster en Ciencias mención Microbiología de la Facultad de Ciencias de la UACh, desarrolló su investigación en vinculación con Laboratorios y Servicios Veterinarios Valdivia Limitada (Lavet), enfocándose en el desarrollo y evaluación de un método diagnóstico basado en una técnica molecular denominada LAMP (Loop-mediated isothermal amplification. El objetivo fue detectar de manera rápida y específica cinco patógenos asociados a la mastitis bovina: Staphylococcus aureus, Streptococcus uberis, Escherichia coli, Mycoplasma bovis y Prototheca bovis. Los dos últimos son considerados agentes emergentes de especial interés debido a las dificultades que pueden presentar para su diagnóstico y control.

“Mi tesis consistió en desarrollar y evaluar un nuevo método diagnóstico para la detección rápida y específica de cinco patógenos causantes de mastitis bovina. El método se basó en una técnica molecular denominada LAMP, que permite amplificar y detectar material genético de los microorganismos de manera rápida y sin requerir necesariamente el equipamiento sofisticado que utilizan otras técnicas moleculares convencionales”, explica Macarena.

Un desafío para la producción lechera regional

La mastitis es una enfermedad que afecta directamente la productividad de los rebaños. Puede disminuir la producción y calidad de la leche, aumentar los costos asociados al tratamiento y en casos más severos, comprometer la salud y la futura productividad del animal. Contar con herramientas que permitan identificar oportunamente el microorganismo responsable de una infección puede contribuir a mejorar las decisiones sanitarias y avanzar hacia tratamientos más específicos.

“En Chile, esta problemática cobra especial relevancia en las regiones de Los Ríos y Los Lagos, donde se concentra el 82% de las vacas lecheras del país. Por lo tanto, cualquier enfermedad que afecte la sanidad de los rebaños en esta zona puede tener un impacto no solo en los productores, sino también en toda la cadena productiva láctea”, añade Macarena.

La investigadora destaca que el desarrollo de métodos diagnósticos más rápidos y accesibles podría ser especialmente relevante para la realidad productiva regional, al permitir identificar con mayor oportunidad qué microorganismo está provocando una infección y apoyar decisiones de manejo y tratamiento. Uno de los aspectos centrales de esta experiencia ha sido precisamente la vinculación entre la investigación desarrollada desde la universidad y las necesidades del sector productivo.

Para Macarena Núñez, esta relación resulta fundamental para que el conocimiento científico pueda trascender el ámbito académico y convertirse en soluciones concretas: “Creo que es fundamental vincularse con el sector productivo porque permite que los resultados de las investigaciones no se queden únicamente en el ámbito académico, sino que puedan transformarse en soluciones concretas para problemáticas reales”.

A su juicio, esta colaboración permite complementar las capacidades de ambos sectores: mientras la academia aporta conocimiento y una base científica sólida, la industria contribuye a identificar necesidades concretas y espacios donde ese conocimiento puede tener una aplicación.

Una beca para continuar formando capital humano

El vínculo de Macarena con el laboratorio se inició en 2023, durante su formación de pregrado en Bioquímica. Desde entonces, tuvo la oportunidad de integrarse al Laboratorio de Mastitis Bovina, experiencia que posteriormente dio paso al desarrollo de su tesis de magíster. Durante este proceso fue guiada por el Dr. Armin Mella y el Dr. Diego Carrillo, quienes la acompañaron en el desarrollo de la investigación.

La investigación fue desarrollada con el apoyo del programa Piloto de Becas de Postgrado impulsado por el Gobierno Regional de Los Ríos y la Universidad Austral de Chile, financiamiento que para Macarena fue fundamental para completar su formación de magíster. “La beca FIC fue de gran ayuda para mí, ya que me entregó los recursos y herramientas necesarios para poder finalizar mi tesis y continuar con mi formación de manera adecuada. El apoyo permitió financiar aspectos no solo asociados a mi investigación, sino que también a gastos relacionados con mi permanencia en Valdivia y en el programa de magíster”.

Actualmente, Macarena se encuentra trabajando en Puerto Varas, en Aqua BC, empresa vinculada a la biotecnología y a la prestación de servicios para el sector acuícola. Si bien su trabajo actual no está directamente relacionado con la mastitis bovina, reconoce que la experiencia desarrollada durante el proyecto FIC amplió su perspectiva sobre las posibilidades profesionales que existen para quienes se forman en ciencias. “Me hizo comprender que nuestro desarrollo profesional no necesariamente tiene que estar ligado exclusivamente a la academia o la investigación, sino que también podemos incorporarnos directamente a la industria”, afirma.

Para Macarena, esta experiencia demuestra el valor de conectar las capacidades científicas que se desarrollan en las universidades con las necesidades concretas de los territorios y sus sectores productivos. “Considero que esta conexión entre el conocimiento científico y las necesidades de la industria es fundamental para que la investigación pueda tener un impacto concreto en la sociedad y en los distintos sectores productivos”, concluye.

La profesional termina esta entrevista agradeciendo especialmente a la Dra. Leyla Cárdenas, directora del proyecto FIC, a Francisca Sepúlveda y Pedro Matus, encargados de su seguimiento.

Proyecto financiado por el Fondo de Innovación y Competitividad (FIC) del Gobierno Regional de Los Ríos y aprobado por el Consejo Regional.

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Estudio detecta anticuerpos contra la paratuberculosis bovina en terneros neonatos

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Un estudio del Royal Veterinary College demuestra que los anticuerpos contra Mycobacterium avium subsp. paratuberculosis pueden identificarse en la sangre de los terneros tras la ingesta de calostro. El hallazgo abre una nueva vía para estudiar la exposición temprana a la enfermedad de Johne y fortalecer las estrategias de vigilancia y control en los rodeos.

Una investigación realizada por científicos del Royal Veterinary College (RVC) identificó que los terneros recién nacidos pueden presentar anticuerpos contra la enfermedad de Johne en su sangre luego de consumir el calostro materno. El descubrimiento podría aportar una nueva herramienta para determinar en qué momento los animales se exponen por primera vez al agente causal de esta enfermedad, favoreciendo el desarrollo de estrategias más eficaces de prevención y control.

La enfermedad de Johne, también conocida como paratuberculosis bovina, es una enfermedad infecciosa, crónica e incurable causada por Mycobacterium avium subespecie paratuberculosis (MAP). La infección suele producirse durante las primeras semanas o meses de vida, aunque los signos clínicos generalmente aparecen años más tarde.

En los animales afectados, la bacteria provoca un deterioro progresivo de la mucosa del intestino delgado, generando inflamación crónica, pérdida de peso, disminución de la producción de leche, diarrea persistente y, en los casos más graves, la muerte. Además de comprometer el bienestar animal, representa un importante problema económico para la producción lechera a nivel mundial.

Hasta el momento, los programas de vigilancia se enfocan principalmente en detectar la enfermedad en bovinos adultos, mientras que existe escasa información sobre lo que ocurre durante las primeras etapas de vida.

Un nuevo enfoque para estudiar la exposición temprana

Con el objetivo de profundizar el conocimiento sobre la infección en los primeros días de vida, investigadores del RVC analizaron muestras de sangre de 38 terneros recién nacidos y sus respectivas madres provenientes de un establecimiento lechero comercial del suroeste de Inglaterra.

Las muestras habían sido obtenidas originalmente como parte de los controles rutinarios destinados a verificar la correcta absorción de anticuerpos provenientes del calostro. Posteriormente, los científicos aprovecharon los sueros residuales para medir anticuerpos específicos contra MAP y evaluar su relación con el estado sanitario de las madres y con la eficiencia de la transferencia de inmunidad pasiva.

Los resultados mostraron que los terneros nacidos de vacas con anticuerpos frente a MAP presentaban concentraciones significativamente más altas de esos mismos anticuerpos que aquellos cuyas madres no evidenciaban seropositividad. Asimismo, la relación entre los niveles de anticuerpos detectados y la absorción del calostro fue diferente según el estado sanitario de la madre.

En conjunto, los hallazgos respaldan la hipótesis de que los anticuerpos específicos contra MAP son transferidos desde la vaca al ternero a través del calostro.

Potencial para mejorar la vigilancia sanitaria

Los investigadores aclaran que la detección de estos anticuerpos no constituye una prueba diagnóstica de infección en terneros recién nacidos, ya que refleja la inmunidad pasiva transferida por la madre y no necesariamente la presencia de la bacteria en el animal.

Sin embargo, consideran que esta información podría incorporarse como una herramienta complementaria dentro de los programas de vigilancia de rodeos y de evaluación del riesgo sanitario, contribuyendo a comprender mejor la dinámica de transmisión de la enfermedad durante las primeras etapas de vida.

De confirmarse los resultados de esta investigación en estudios con un mayor número de animales, este enfoque podría aportar información valiosa para optimizar las estrategias de control de la enfermedad de Johne, mejorar el bienestar animal y reducir las pérdidas productivas asociadas a esta importante enfermedad de los bovinos.

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