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EEUU tendrá la fabrica de carne de laboratorio más grande del mundo

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La carne cultivada en laboratorio está más cerca de las mesas estadounidenses. Algunas compañías productoras de carne de laboratorio hicieron inversiones para empezar a abrir mercados de este producto. A través de algunos de los chefs más reconocidos internacionalmente como el español José Andrés y el argentino Francis Mallmann fueron contratados para exhibir en sus restaurantes estos productos. El objetivo es arrancar por los restaurantes para después llegar a su destino final: las estanterías de los supermercados.

EEUU tendrá la fabrica de carne de laboratorio más grande del mundo

Una de las empresas que está abriendo mercados es Believer Mets, compañía de origen israelí que acaba de abrir una sede en el estado de Carolina del Norte, y será la mayor fábrica de carne de cultivo del mundo. Sus promotores, aseguran que cuando esté a pleno rendimiento podrá producir al menos 10 millones de kilos de carne al año.

En comparación con la fábrica que tiene la empresa en Israel, estas instalaciones podrán producir 55 veces más carne, que la fábrica en Israel. Believer Mets ha invertido 123,35 millones de dólares en estas instalaciones que, según la compañía, tendrán unos 18.500 metros cuadrado. Believer dice tener un proceso de fabricación que reduce significativamente costo de producción, uno de los talones de aquiles de esta tecnología. La compañía asegura que ha conseguido reducir el precio de la producción de sus pechugas de pollo (de 450 gramos) de 15 euros a sólo 6,8.

Believer Meats (antes Future Meats) es una de las compañías más punteras en este sector y puso en marcha la primera planta de producción de carne de cultivo del mundo en la ciudad de Rehovot, en Israel. Esta fábrica tiene capacidad para producir 500 kilogramos de carne cultivada al día, el equivalente a unas 5.000 hamburguesas, o unos 200.000 kilos al año.

Este tipo de carne aún debe superar importantes obstáculos. El más importante, ganar la confianza de los consumidores para que se atrevan a probar filetes de carne, ternera o de pollo cultivados en un laboratorio y a precios que por ahora son muy caros.

Hasta ahora, sólo Singapur ha aprobado la carne de laboratorio para la venta minorista.

Retos de la ganadería

Frente a la apertura de mercados y la producción masiva de la carne, la ganadería enfrenta retos para demostrar demostrar y convencer al consumidor –que es quien tiene la última palabra– de las bondades de su producto. Algunas de las ventajas a favor de la producción ganadera es que la ganadería ofrece un producto natural, cercano, sostenible e integrado en la economía circular, respetuoso con el medio ambiente y con el bienestar animal.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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