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Diarrea Viral Bovina: ¿Qué se Debe Hacer Cuando los Terneros Nacen Enfermos?

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No siempre las cosas son lo que parecen o lo que deberían ser. Cuando acudí a ver casos de mortandad de terneros en dos campos del sur de Entre Ríos – Argentina, de una misma firma hacienda marca líquida y separados por 40 kilómetros de distancia, recordé el significado de esas palabras.

En uno de los establecimientos, los terneros tenían entre tres y seis meses de edad, productos de la última parición, todos al pie de la madre presentando un cuadro diarreico, decaimiento, pérdida de apetito y apatía. Al moverlos se podía escuchar el típico ruido de líquido “libre” dentro del abdomen. El gran dato es que la diarrea era con sangre.

Sinceramente, lo primero que se me viene a la mente cuando se presenta un cuadro de estos son los parásitos que generan la aparición de sangre en la materia fecal, y dentro de los mismos, los clásicos son los Coccidios. La confirmación del diagnóstico es sencilla, una muestra de materia fecal al laboratorio y ellos observan la presencia de los Ooquistes (esta es la forma en que este parásito sale del cuerpo del animal infectado) en las heces, a la espera de un nuevo huésped para parasitar.

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Es muy importante tomar la muestra de materia fecal de terneros con una evolución de la enfermedad no menor a las 48 horas de aparecidos los síntomas clínicos, puesto que recién en ese periodo aparecen los “huevos” de estos parásitos en la bosta. Caso contrario, nos puede dar un resultado negativo y errar el tratamiento.

Un antibiótico de uso corriente para esta enfermedad son las Sulfonamidas, aunque se debe tomar en cuenta que, dependiendo del estadio de la infección, pueden no dar el resultado esperado.

Hay que hacer un muy buen tratamiento soporte de las diarreas, fundamentalmente para que no se deshidrate el paciente. Otro quimioterápico de elección sería el uso de Toltrazuril.

Se recomienda vacunar y revacunar al rodeo, tratando de llegar con nuestras vaquillas al entore con no menos de tres dosis y luego vacunación anual.
Ahora bien, la pregunta es ¿cómo llega esta parasitosis a los terneros? Y uno de los factores que son predisponentes es el hacinamiento. El tema es reconocer estas situaciones en un campo de cría, cuando la situación se sumó a unas semanas de elevado calor y poco viento.

Todos los animales estaban permanentemente alrededor de los pocos bebederos que tenían agua, o de aquellos en los cuales se bombeaba. Entonces, acá estaba el foco de infección, muchas vacas y terneros en espacios reducidos, mucha bosta concentrada, el ternero ramonea cerca de la materia fecal y el coccidio llega a su aparato intestinal. Entonces, enfermedad.

Otra circunstancia a tomar en cuenta es cómo llegaron estos Ooquistes a la materia fecal. Esta es una enfermedad que también puede cursar de manera subclínica, es decir, sin manifestar ningún síntoma reconocible, y permanecer en los animales adultos, convirtiendo a estos animales en portadores y diseminadores de la parasitosis.

Hasta acá, todo más o menos de libro, sin grandes misterios. El problema se suscitó en el otro establecimiento, donde la sintomatología era casi idéntica a la ya referida al comienzo, solo había una pequeñas diferencias. La edad de los terneros era mayor -dos a tres meses más-, el peso de los mismos también era mayor, con muy buena condición corporal. ¿Qué era lógico de pensar? Coccidios, sulfas y listo. Pero no, no fue asi.

Al hacer una necropsia, lo que más me llamó la atención fue el lugar de donde se podía presuponer que era el origen de la sangre en la materia fecal. Las zonas más lesionadas correspondían a estructuras que están en el intestino grueso en su mayoría, que se llaman Placas de Peyer, los cuales son acumulos de tejido linfáticos, fundamentalmente linfocitos B.

También se presentaba hemorragia a nivel del intestino grueso y el recto. Esto hizo que buscara otros signos en otros lugares ante la sospecha de una enfermedad viral, y aparecieron ulceraciones en la mucosa bucal, en las encías, erosiones como si fueran quemaduras de cigarrillo, y en el esófago se notaban lesiones que comúnmente se las denomina “arañazo de gato”. La sospecha fue confirmada en el laboratorio. Lamentablemente nos encontramos con animales enfermos con Diarrea Viral Bovina (DVB), pero en su forma persistentemente infectados (PI). Es decir, los animales nacen con la enfermedad en su interior. Se infectan al estar en el útero de su madre, cuando el virus infecta al feto antes de los 128 días de gestación. En ese momento, el sistema inmune del feto no reconoce al virus como extraño y lo toma como algo normal.

El gran problema que presenta esta enfermedad es que no tiene tratamiento terapéutico efectivo, solo tratar de controlar la diarrea y las infecciones secundarias. Es muy poco contagiosa pero muy letal. A pesar de no ser una frase motivadora, los especialistas te dicen: “Se mueren los que se tienen que morir”, y la verdad es que así es. Solo los animales infectados de esta forma y por esta vía intrauterina se mueren.

Haciendo un poco de historia, en ese campo, el año pasado les pasó el mismo cuadro con la muerte inexplicable de terneros, 12 animales sobre 500, y luego se acabó.

Solo nos resta vacunar y revacunar al rodeo, tratando de llegar con nuestras vaquillas al entore con no menos de tres dosis y luego vacunación anual.

 

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Desarrollan una molécula que podría disminuir la carga de Escherichia coli en bovinos

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Investigadores del Instituto de Agrobiotecnología y Biología Molecular (IABIMO) y el Instituto de Patobiología Veterinaria (IPVET) desarrollaron una molécula innovadora que podría ayudar a disminuir la presencia de Escherichia coli en el ganado y reducir el riesgo de contaminación de alimentos y agua. El avance apunta a prevenir casos de Síndrome Urémico Hemolítico, una enfermedad que afecta especialmente a niños.

Con aproximadamente 500 casos por año en la Argentina, el Síndrome Urémico Hemolítico (SUH) es la primera causa de insuficiencia renal aguda pediátrica en el país y la segunda de insuficiencia renal crónica. El principal agente causante es Escherichia coli enterohemorrágica (EHEC) con serotipo O157:H7, una bacteria cuyo principal reservorio son los bovinos. El ganado generalmente no se enferma, pero excreta la bacteria de forma intermitente a través de sus heces, contaminando pasturas, fuentes de agua y, eventualmente, algunos alimentos. Los terneros jóvenes y los animales en etapa de destete son los mayores excretores.

“El principal objetivo era generar anticuerpos que bloqueen el mecanismo de virulencia de esta bacteria para evitar que colonice el intestino de la vaca y que los bovinos dejen de contaminar el ambiente y alimentos”, explicó Mariano Larzábal, investigador del IABIMO (INTA-CONICET).

Después de más de una década de investigación, el equipo identificó dos proteínas clave del sistema de secreción de tipo III (SST3) de EHEC — denominadas EspB e Intimina como los blancos más eficaces para bloquear la colonización intestinal del ganado. Los experimentos iniciales, tanto in vitro como en animales demostraron que anticuerpos dirigidos contra estas proteínas eran capaces de neutralizar uno de los mecanismos de virulencia de la bacteria y reducir significativamente su excreción fecal.

La forma que aplicaron fue fusionar ambas proteínas en una única molécula artificial: Quimera. “La llamamos Quimera porque es la combinación de dos proteínas distintas en una sola molécula que, como tal, no existe en la naturaleza”, comentó Ángel Cataldi, investigador del IABIMO y uno de los impulsores del proyecto.

En ensayos preliminares de respuesta inmune se comprobó que la Quimera proteica es capaz de generar respuesta a nivel de anticuerpos en bovinos y que estos anticuerpos, además de reconocerla, también son capaces de reconocer a las proteínas originales por separado y mantienen la capacidad de disminuir la acción de EHEC O157:H7 en cultivos celulares.

Uno de los desafíos históricos de las vacunas anti-EHEC ha sido convencer al sector ganadero de su utilidad: el bovino no es usualmente afectado por esta bacteria, por lo que vacunar implica un costo sin beneficio directo visible para el productor.

Teniendo en cuenta estos planteos, se ha pensado una alternativa de vacuna que podría mejorar su receptividad y hacerla más económica que una constituida únicamente por subunidades recombinantes. Esto implicaría la expresión de la molécula quimérica en la membrana externa de una bacteria que ya forma parte de una formulación vacunal de interés pecuario, para que de ese modo quede disponible en el exterior del microorganismo y pueda ser detectada por el sistema inmune del animal y no genere un gasto extra para el productor.

El desarrollo ya superó las etapas de laboratorio y modelos animales pequeños. Se está trabajando en la fase de bacterias recombinantes que expresen la quimera. Los resultados preliminares son alentadores y se espera que en la siguiente etapa se pueda probar en animales a campo.

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