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Detectan un caso de peste de pequeños rumiantes en Marruecos

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El país vecino de España ha notificado a la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) un foco de peste de pequeños rumiantes, una enfermedad que no había sido notificada desde 2015.

La Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) ha informado de un foco de peste de pequeños rumiantes en Marruecos. En este sentido, Abderrahman El Abrak, director de los Servicios Veterinarios del Ministerio de Agricultura y Pesca de Marruecos, anunció el pasado 7 de febrero a la OIE la detección de dicha enfermedad, que no había sido notificada por el país africano desde 2015.

Concretamente, el foco ha ocurrido en la región de Tanger-Assilah, en una explotación de cabras. De todos los animales, 92 dieron positivo y 68 aparecieron muertos.

El origen de la infección es desconocido, pero desde el Gobierno marroquí informan que se han comenzado a implementar diferentes medidas de control. Algunas de estas medidas son «vigilancia fuera y dentro de la zona de contención, cuarentena y desinfección de la zona», entre otras.

Asimismo, explican que el pasado 17 de enero de 2020 se inició una campaña nacional de vacunación contra la peste de pequeños rumiantes y la viruela ovina. Al 7 de febrero de 2020, un total de 4,6 millones de ovejas y cabras habían sido vacunadas contra la peste de pequeños rumiantes. Esta campaña continúa a nivel nacional.

¿Qué es la Peste de los pequeños Rumiantes?

La peste de los pequeños rumiantes (PPR), también llamada “peste caprina”, es una enfermedad vírica de los caprinos y ovinos caracterizada por fiebre, llagas en la boca, diarrea, neumonía y a veces la muerte.

Es causada por un morbilivirus de la familia Paramyxoviridae, que está relacionado con la peste bovina, el sarampión y el moquillo canino. La enfermedad afecta usualmente a caprinos y ovinos, aunque en condiciones a menudo experimentales, se han infectado bovinos y varios rumiantes salvajes.

La PPR está incluida en la lista de enfermedades del Código Sanitario para los Animales Terrestres de la OIE, y es de declaración obligatoria a la OIE conforme a las condiciones establecidas en el Código Sanitario para los Animales Terrestres de la OIE.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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