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Destete Precoz: Una Opción que Beneficia a Todos

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Con esta técnica, los índices de preñez alcanzan un 100%. Además, mejora la condición física de las vacas y la oferta forrajera. Una elección rentable, que estabiliza el sistema productivo, de acuerdo a trabajos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria de Argentina (INTA). 

El destete precoz implica separar a los terneros de sus madres a los 60 días de haber nacido. Esta decisión mejora los índices de preñez de las vacas y estabiliza la producción ganadera, ya que cuida la oferta forrajera durante el invierno.

“Teníamos índices de preñez del 75%, que es muy bajo, y hemos llegado a aumentarlo a un 100%”, explicó María Lucía Coria, especialista argentina del INTA Cesareo Naredo –Buenos Aires–. Al separarse de la madre, los terneros no comen durante el primer día; al segundo, comienzan con una dieta especial. “Es importante extremar los cuidados durante los primeros días: buena sombra, que no les falte agua y una dieta balanceada de proteína y energía”, señaló Coria.

Con un manejo restrictivo de la lactancia, una vaca puede entrar en celo a partir de los 45 días luego del parto, según su condición corporal. Sin embargo, no es común en los establecimientos ganaderos. “Si recorremos el campo aún encontramos productores que realizan un manejo tradicional del rodeo, lo que significa que los terneros llegan a los 90 días junto a la madre”, explicó Coria, quien recomendó: “La idea es lograr que cada vaca tenga un ternero por año. Para esto, es fundamental ajustar el período de lactancia a 60 días”.

Si se adelanta el destete, se logra acumular forraje y contar con mejores pastos para el invierno, ya que sin el ternero, la vaca demanda menos alimento y los requerimientos son menores. “Es un momento en el que tenemos la posibilidad de bajar la carga del campo”, contó Pablo Preliasco, de la Fundación Vida Silvestre y Aves Argentinas, “debido a que si se acorta el período de lactancia, una vaca reduce a la mitad su requerimiento energético.”.

Estabilidad

Otro aspecto importante del destete temprano es que aporta una gran estabilidad, tanto al sistema  productivo como económico. De acuerdo con Preliasco, no sólo el campo se mantiene con mejor reserva de forrajes, sino que los animales recuperan más rápido su condición física y llegan en mejor estado al invierno.

Una vaca que sigue dando leche durante el otoño y principio del invierno, al momento de destetar, suele tener después un desempeño reproductivo menos eficiente. “En cambio, una vaca que fue destetada temprano, es garantía de que vamos a pasar un buen invierno, por más que sea seco, helador o muy lluvioso”, indicó.

 

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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