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Conozca los Principales Países consumidores de Carne en el Mundo

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El consumo mundial de carne aumentó un 58% durante los 20 años hasta 2018 para llegar a 360 millones de toneladas. Este incremento se debe tanto a la creciente población mundial como a un mayor consumo por persona.

¿Qué países tienen el mayor apetito por la carne en todo el mundo? Entre los países de la OCDE, al menos, Estados Unidos ocupó el primer lugar, seguido de los amantes de la carne en Australia en 2018, el último año registrado.

Anualmente, el estadounidense promedio consume 99 kg de carne. El pollo constituye la mayor parte con casi 49,8 kg, seguido de la carne de res y ternera (26,3 kg) y la carne de cerdo (23,1 kg).

Aun así, Argentina ocupa el tercer lugar y el país famoso por el bistec en todo el mundo supera fácilmente a EE. UU. en consumo de carne de vacuno al consumir 39,9 kg per cápita al año. En la tabla del consumo total de todas las carnes, les siguen Israel (88,4 kg), Brasil (77,1 kg), Nueva Zelanda (74,8 kg), Chile (74,3 kg) y Canadá (68,9 kg).

Otro informe, “Análisis de las tendencia de consumo de carne” de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), comparó las tendencias en el consumo de carne en Australia, China, Indonesia, Japón y Estados Unidos.

En los 20 años desde 1998, el 85 % del aumento en el consumo mundial de carne se debió principalmente en los países en vía de desarrollo.

Por su parte, aunque Indonesia representa solo el 3 % del consumo mundial de carne, la combinación de crecimiento demográfico y fuerte crecimiento económico entre 1998 y 2008 dio como resultado que el consumo de carne se duplicara con creces.

El fuerte crecimiento de la demanda china y las limitaciones de tierras para la producción de carne en Indonesia aumentaron la demanda mundial de importación de carne. Estos 2 países son ahora importantes importadores de carne.

En Australia y Estados Unidos, se incrementó el consumo de aves de corral, que se satisface principalmente con producción nacional. Por el contrario, el consumo de todo tipo de carne en Japón se ha reducido debido al envejecimiento de la población.

Consumo per cápita

El consumo de carne de Australia se acerca mucho al de Estados Unidos. En ambos países, las aves de corral son la carne más consumida con más de 40 kg por persona. La carne de vacuno, de ternera y de cerdo representa cada uno entre 20 y 30 kg. El pescado representa alrededor de 15 kg por persona y la carne de ovino menos de 10 kg por persona.

En cambio, en los principales mercados asiáticos, el pescado representa una proporción mucho mayor del consumo. En Japón e Indonesia, el pescado es la principal fuente de proteínas por un amplio margen. En China, la carne de cerdo es la carne más consumida, seguida del pescado.

La carne de vacuno, ternera y ovino constituye una parte relativamente pequeña del consumo en todos los mercados asiáticos. Asimismo, el aumento de los ingresos es uno de los principales impulsores del aumento del consumo de carne. Entre 1990 y 2018, un mayor PIB real por persona coincidió con mayores tasas de consumo de carne.

Sin embargo, el impacto que tiene el aumento de los ingresos en el consumo de carne disminuye considerablemente a medida que se desarrollan los países. Por ejemplo, el consumo por persona en China e Indonesia aumentó notablemente a medida que subieron sus ingresos, mientras que en Australia y Estados Unidos fue mucho menos sensible al crecimiento de los ingresos.

Japón es una excepción a la correlación entre consumo e ingresos. El consumo de carne por persona en Japón ha disminuido considerablemente desde 1990 a pesar del aumento de los ingresos. Esto refleja un envejecimiento de la población que está reduciendo el gasto total en alimentos.

Las preferencias de los consumidores a nivel mundial se han desplazado hacia un mayor consumo de pescado y aves de corral, que ahora representan una proporción mucho mayor del consumo de carne.

En Australia y EE. UU., un mayor consumo de aves de corral ha compensado con creces la reducción del consumo de carne de res, ternera y oveja. Esta tendencia ha sido impulsada principalmente por la creciente asequibilidad de las aves de corral sobre la carne roja.

Sin embargo, para el periodo 2019-2024 se prevé un mayor consumo de carne, debido al crecimiento de la población y al aumento de los ingresos en los países en desarrollo. Se espera que el crecimiento económico continuo en Indonesia aumente el consumo de carne, así como en China.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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