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Conozca la Importancia de la Circunferencia Escrotal del Toro

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La circunferencia escrotal es uno de los criterios fenotípicos para seleccionar los toros reproductores. 

Esta medida ha probado ser un método confiable para predecir el peso de los testículos y la producción de espermatozoides tanto de los machos en crecimiento como de los toros adultos, así como también la calidad seminal y la fertilidad en estos últimos.

De acuerdo con la médica veterinaria Ninoska Madrid Bury, por una parte se ha demostrado la relación entre la producción de espermatozoides y el peso testicular, y por otra la correlación entre el peso de las gónadas y la circunferencia del escroto (CE).

Así pues, dado que no existe forma de pesar los testículos del animal vivo, se ha utilizado la medida del tamaño del escroto para calcular el peso. A mayor tamaño y peso, mayor producción de esperma.

La experta sostuvo que esta característica es altamente heredable, por lo cual uno de los criterios fenotípicos de selección de los toros reproductores es la circunferencia de los testículos. Citando a Peter Chenoveeth, indicó que la CE incide en un 40% en la evaluación del test andrológico; el 60% restante lo determinan la motilidad y morfología espermática.

De manera general, la docente de la Universidad del Zulia (Venezuela) señaló que una de las recomendaciones que todos los toros de 24 meses de edad criados en campo deben tener una circunferencia escrotal no menor de 30 cm cuando ingresan al servicio.

Para medirla, se utiliza una cinta metálica que se ubica en el diámetro más ancho y se toma el tamaño en centímetros. Hay que tener cuidado en separar los testículos poniendo el pulgar en la región del cuello del escroto.

También se debe tener en cuenta que los animales repliegan sus testículos hacia la región inguinal, por lo cual hay que esperar un tiempo prudencial para que el toro se relaje y así tomar la medida. El operario puede contribuir a la relajación, sobando el perineo o el escroto.

Madrid Bury señaló que en Bos taurus deben tener una CE superior a los 30 cm cuando cumplen el año de edad. Por su parte, Osmín Pineda, licenciado en Zootecnia con maestría en Producción Animal, indicó que en los Bos indicus, la medida para los primeros 12 meses debe superior a los 22 cm, a los 15 debe estar por encima de los 30 cm, y a los 31 meses, más arriba de los 39 cm.

La experta de Venezuela advirtió que si hay alguna asimetría entre los testículos, se debe sospechar de alguna patología o anomalía, por lo cual se requiere un examen más profundo.

En otro aparte, afirmó que existen altas correlaciones entre el tamaño testicular, la concentración de testosterona y el desprendimiento del prepucio. En los Bos taurus, el desprendimiento se completa a los 8-9 meses con CE superior a los 27 cm, mientras que en los doble propósito se da a los 11 meses con CE superior a 20, aunque todo depende del genotipo.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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