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Cómo Producir Carne en Regiones Semiáridas

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Carlos Torres Carbonell, técnico del INTA Bordenave, recomienda las pasturas perennes. Reducen costos, elevan la carga animal e incrementan la producción anual de carne en un 300%.

Las pasturas perennes adaptadas a períodos de sequía en la región semiárida de Buenos Aires-Argentina, caracterizada por frío intenso y escasez de agua, permiten bajar costos, elevar la carga animal e incrementar la producción anual de carne en un 300%.

Pasto llorón, Digitaria eriantha, Panicum coloratum (mijo perenne), grama rhodes y sorgo negro perenne son algunas especies de clima subtropical –megatérmicas– incorporadas en ensayos del INTA. En esta línea, Carlos Torres Carbonell -técnico del INTA Bordenave, Buenos Aires- aseguró: ”Comparadas con pasturas templadas de crecimiento otoño-inverno-primaveral, poseen altas tasas de producción, mayor eficiencia en la utilización de agua, menores tasas de transpiración y un mejor comportamiento en suelos de baja fertilidad”.

Hay un factor preponderante en este esquema: estas forrajeras proveen abundante pasto, que potencia y fortalece el sistema ganadero en regiones semiáridas con suelos limitantes –profundidad promedio de 40 a50 centímetros la tosca, piso de arado a los 15 cm– y escasas precipitaciones –promedio histórico de 558 milímetrosanuales–.

Ensayos en “El Trébol”, un campo demostrativo del INTA en Bahía Blanca, permitieron diseñar un sistema ganadero cuya clave es el destete precoz sistémico, con uso eficiente de las pasturas en cada etapa de crecimiento –estadios fenológicos– según los momentos de alta y baja calidad.

“Así, el productor puede optimizar la conversión de forraje a carne. En el caso de El Trébol, se triplicó la producción de carne anual –de 46 a 138 kilogramos por hectárea– al aumentar de0,28 a 0,71 las cabezas de ternero por hectárea y disminuir de 1.108 a 349 las raciones requeridas para producir un ternero de 180 kg”, explicó Torres Carbonel.

Estos resultados presentan una posibilidad de mejora para los sistemas ganaderos en la región semiárida. Un planteo estratégico basado en un 80% de pasturas perennes implantadas, combinadas con un 20% de verdeos de verano e invierno anuales, permitirá sostener un sistema de cría-recría de terneros a muy bajo costo, alta estabilidad y producción, conservando el recurso suelo.

Esta propuesta técnica es adoptada cada vez más en la región y, actualmente, se diseña un plan ganadero mediante grupos Cambio Rural para difundir y capacitar el ajuste de sistemas ganaderos rentables y sustentables para las condiciones del semiárido bonaerense.

Fuente: Agencias

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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