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Comarqueña: Nueva Raza Ovina es Presentada en Argentina

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El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria de Argentina (INTA) desarrolló una nueva raza de ovinos, «Comarqueña» que es ideal para los valles patagónicos. Su buena conformación le permite adaptarse a la región y es de alto rendimiento.

Luego de casi 20 años de investigaciones y cruzamientos, los técnicos del INTA Valle Inferior –Río Negro– y de la Chacra Experimental Patagones desarrollaron una nueva raza ovina, ideal para valles del Norte patagónico. Se trata de “Comarqueña”, de alta prolificidad, mayor rendimiento y buena conformación que le permite adaptarse a la producción en zonas de valles patagónicos. Del 4 al 6 de octubre en Trelew –Chubut–, los especialistas participarán de INTA Expone Patagonia y las tecnologías asociadas a la ganadería ovina tendrán un lugar destacado en la muestra.

“Se trata de un genotipo especializado en producción de carne, con una composición genética basada en la progenie de ovejas Merino Australiano con carneros de las razas Texel e Ile de France”, detalló Mauricio Álvarez, director del INTA Valle Inferior y especialista en ovinos.

El técnico indicó que a los productores les “resulta complejo” el manejo de dos o más razas. De allí el interés por desarrollar una raza doble propósito que simplifique el trabajo en el campo.

Durante 17 años se realizó un largo trabajo de selección y mejora de la raza que permitió desarrollar una especie desprovista de cuernos –tanto en machos como en hembras– y con la cara destapada, sin pelos visibles.

Foto. “Si bien es una raza desarrollada para producir carne, su lana se destaca respecto de otros genotipos carniceros”, aseguró Álvarez.

“Si bien es una raza desarrollada para producir carne, su lana se destaca respecto de otros genotipos carniceros”, aseguró Álvarez. La Comarqueña posee lana blanca a crema claro, con una finura promedio de 28 micras y de 26 para las borregas y mechas de 80 milímetros de largo. Suave al tacto, con un rizo bien definido y uniforme y un bajo porcentaje de fibras moduladas en el vellón.

De acuerdo con el especialista, esta especie produce lana de “buena calidad” pero en menor cantidad que los animales Corriedale –raza tradicional de la región–. Por ese motivo, los ingresos por lana en ambas especies serían similares.

“Comarqueña presenta una mayor producción de corderos, de mayor peso y con menos grasa que las razas utilizadas en la región”, explicó el técnico. El peso medio de los animales adultos es de entre 85 y 120 kilos para los machos y de entre 50 y 80 kilos para las hembras. Además, poseen muy buena aptitud maternal y capacidad lechera, lo que les permite satisfacer la demanda mellicera.

En cuanto a su conformación, poseen su pecho ancho y un tronco profundo. Además, los cuartos traseros son redondeados, descendidos y muy desarrollados, claro indicador de buena musculatura.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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