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Calculando la Densidad de Carga de Ganado Basado en el Tiempo y el Clima

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Los rancheros en la parte central de la Zona de las Praderas en EE.UU. algún día podrían usar los días del invierno para ensayar la temporada de producción del próximo año, según científicos del Servicio de Investigación Agrícola (ARS).

Los rancheros podrán utilizar el modelo de computadora llamado GPFARM-Range (Armazón de la Zona de las Praderas para el manejo de recursos agrícolas) para determinar la densidad de carga de ganado bovino o ganado ovino para la producción sostenible en las praderas. Científicos del suelo Gale Dunn y Laj Ahuja con el ARS están probando el modelo en múltiples sitios para asegurar la utilidad del modelo en todas áreas de la parte central de la Zona de las Praderas.

Dunn y Ahuja trabajan en la Unidad de Investigación de Sistemas Agrícolas mantenida por el ARS en Fort Collins, Colorado. ARS es la agencia principal de investigaciones científicas del Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA por sus siglas en inglés), y esta investigación apoya la prioridad del USDA de promover la sostenibilidad agrícola.

El modelo les permitirá a los rancheros a probar varias situaciones dependiendo de los rendimientos de forraje y los aumentos de peso del ganado bovino y otro ganado bajo varias situaciones del tiempo y la densidad de carga de ganado. La variabilidad alta de las precipitaciones en ese área hace difícil seleccionar la densidad de carga para proveer el mejor equilibrio entre los factores económicos y la sostenibilidad de los pastoreos.

Utilizando los pronósticos estacionales del Servicio Meteorológico Nacional, los rancheros podrán estimar si las precipitaciones en la próxima estación serán normales o más o menos que la cantidad normal.

GPFARM-RANGE es entre unos pocos modelos de computadora relacionados con las praderas que tienen la capacidad de tomar en consideración los efectos del cambio climático en seleccionar la densidad de carga de animales en los pastoreos, prediciendo la reacción de las plantas de forraje a los niveles aumentados del dióxido de carbono y las temperaturas más altas.

El modelo fue desarrollado y probado originariamente en Cheyenne, Wyoming.

Las pruebas más recientes del modelo fueron en pastizales con el ganado ovino en Miles City, Montana, y en pastizales con el ganado bovino en Fort Supply cerca de Woodward, Oklahoma. La prueba en Oklahoma mostró la necesidad de tener en cuenta las pérdidas de rendimientos de forraje debido a la compresión del suelo con un número más alto de animales en el terreno. Los resultados de las pruebas fueron publicados en la revista ‘Rangeland Ecology and Management’ (Ecología y Manejo de las Praderas).

 

 

Fuente: ARS

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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