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Cadena Cárnica Argentina Definió Temas Prioritarios para Alcanzar una Producción Sostenible

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La Mesa Argentina de Carne Sustentable (MACS) de Argentina ha definido los criterios sanitarios, ambientales, sociales y económicos para la producción sostenible de cortes cárnicos, con la orientación técnica del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y de la Global Roundtable for Sustainable Beef (GRSB).

En la tercera reunión de la MACS, constituida en diciembre del 2017, participaron representantes de toda la cadena cárnica. El evento fue organizado por la GRSB y el IICA, organismo internacional que también ha brindado apoyo técnico a las Mesas de Carne Sustentable en países como Colombia, Paraguay y la recién instalada en México.

Según explicó la especialista del Instituto, Ana Echeverri, el IICA participa con orientación metodológica en el funcionamiento de la Mesa; proporciona apoyo técnico y operativo para la gestión del conocimiento y la relación entre actores privados y públicos; y el fortalecimiento de los nexos, estructuras y conformación de otras mesas en las Américas.

En el encuentro desarrollado en el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), representantes de la MACS expusieron para su validación los avances en las discusiones que los grupos técnicos de Salud y Bienestar Animal; Alimentos; Eficiencia e Innovación; Personas y Comunidad, y Recursos Naturales mantienen desde la creación de la Mesa en la nación sudamericana.

“Para la cadena cárnica es importante la definición de producción sustentable para un mayor reconocimiento en el mundo con un producto de la calidad más alta, lo que significa más exportaciones y nuevos mercados”, agregó por su parte la directora regional de GRSB, Josefina Eisele.

En la reunión, el especialista en Sanidad Agropecuaria e Inocuidad de los Alimentos del IICA, Tomás Krotsch, explicó que el grupo Salud y Bienestar Animal definió tres temas prioritarios y sus alcances: el uso responsable de fármacos; minimizar dolor, lesiones, estrés y enfermedades, y el de manejo sanitario.

Lo vinculado con la inocuidad alimentaria, la calidad de la carne sustentable y la información a lo largo de la cadena fueron los temas clave determinados por el grupo de Alimentos, representado en el evento por Juan Pablo Villa, de la empresa Food Safety.

“En el grupo Eficiencia e Innovación se priorizó el uso eficiente de recursos; la implementación de tecnología de procesos productivos; de innovación de sustentabilidad; gestión de residuos, e instalación de capacidades y extensión”, comentó a su vez el representante de la Cámara Italiana de Comercio en la República Argentina, Claudio Farabola.

Mientras tanto, Mariano Salerno de la ONG Asociación Cultural para el Desarrollo Integral (ACDI), detalló que el grupo Personas y Comunidad estableció como ejes trascendentales el cumplimiento de leyes sobre condiciones laborales; la prevención del trabajo forzoso y obligatorio; la salud y seguridad de las personas, y el trabajo infantil y la protección de estos.

Por último, en Recursos Naturales, se enfocaron en materia de deforestación; conversión; manejo de cobertura vegetal; gases de efecto invernadero; manejo de suelos, y el uso del agua, explicó Hernán Zunino de la organización The Nature Conservancy (TNC).

Los asistentes, entre quienes se contaban representantes de asociaciones de productores y de la industria, cadenas de retail, universidades, bancos y funcionarios de gobierno, propusieron incorporar o profundizar el abordaje de cuestiones relacionadas al bienestar animal, capacitación, etiquetado, uso de la tierra, capacitación y trabajo, diversidad genética de bovinos y alimentación animal.

La Mesa Argentina de Carne Sustentable tendrá su próxima reunión plenaria en diciembre, en la que se presentarán los avances sobre los temas prioritarios y los indicadores o criterios para la producción sustentable, y también, definirán un esquema de gobernanza de la MACS y su constitución legal.

 

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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