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Cabra Colombiana «Criolla Santandereana» será reconocida como Raza Pura

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El proyecto es financiado por la Gobernación del departamento de Santander (nor-occidente de Colombia) y ejecutado por la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria, Corpoica, entidad que vinculó a la Anco.

En agosto de 2016 y en el marco de un congreso internacional, se entregará el proyecto de caracterización que será presentado a la FAO para que la cabra colombiana «criolla santandereana» sea reconocida como raza pura.

Es decir, ese caprino insigne de la cultura del departamento de Santander (nor-oriente de Colombia) tendrá, literalmente, su “cédula” o «documento de identidad» que la acreditará como grupo de ejemplares únicos y de alta pureza.

Prueba de lo anterior es que su sangre ya se encuentra en tubos de ensayo, muestras que irán al laboratorio para su análisis molecular y estudios de ADN.

De acuerdo con José Orlando Pérez, zootecnista e investigador de la Corporación Colombiana Agropecuaria (Corpoica) de Tibaitatá en el departamento de Cundinamarca, el proyecto va en un 60% de ejecución y ha comprendido tres clústeres que en un principio tienen similitud en sus características productivas, idiosincrasia y grupos genéticos individuales.

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Foto. Trupillo, un árbol espinoso pero de alto contenido proteico, es la base de la alimentación de la raza criolla santandereana en el Cañón del Chicamocha.

Según el investigador, se trabajó con el primer grupo de animales en San Joaquín, Mogotes y parte sur de Curití; el segundo fue integrado por Zapatoca, Barichara, Villanueva y Jordán; el tercero lo comprendieron Aratoca, Cepitá y parte norte de Curití.

“Se trabajará con nueve familias para evitar la consanguinidad y así fortalecer y solidificar mucho más la raza genéticamente”, agregó.

Para el profesional de Corpoica en Cundinamarca, se tiene una línea base representativa, lo que permitirá a través de los programas de mejoramiento genético solidificar y multiplicar la raza, y así aprovechar sus bondades, pues es un animal muy productivo en medio de tanta aridez.

“La fortaleza de la cabra criolla santandereana es que vive en las regiones más inhóspitas del departamento; sin embargo, un proyecto bien establecido es sostenible económicamente. Prueba de su bondad productiva es que le ha garantizado la seguridad alimentaria a muchas familias campesinas de esa zonas del departamento, a pesar de mantenerse de manera silvestre”, puntualizó.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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