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Botón de Oro: Arbusto Forrajero Ayuda a Disminuir las Emisiones de Metano

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El «Botón de Oro» es una forrajera de alta calidad que países como Costa Rica han investigado por varios años. Se adapta desde el nivel del mar hasta los 1.800 msnm. Tiene alto porcentaje de proteína, es muy digestible y fácil de manejar. Tiene efectos sobre emisiones de metano (ganadería sostenible). Se puede dar como alimento tanto a poligástricos como monogástricos.

“Si los ganaderos quieren ser eficientes, deben cambiar la forma de trabajar y de producir, ser más intensivos, implementar bancos forrajeros y utilizar variedades que ya están investigadas, que incluso están disponibles, como es el caso de “Botón de Oro” (Tithonia diversifolia). También, integrarse y apoyarse con la información que aparece en las páginas del INTA, Ministerio de Agricultura y Ganadería de Costa Rica (MAG) y Corporación de Fomento Ganadero (CORFOGA) sobre estas opciones como aporte para una ganadería sostenible”, comentó la investigadora del Instituto Nacional de Innovación y Transferencia en Tecnología Agropecuaria (INTA), Victoria Arronis Díaz.

Arbusto Forrajero

“Botón de Oro” es una forrajera de alta calidad que investigó el INTA de Costa Rica durante varios años y ahora está transfiriendo esa tecnología a los productores. Es originaria de Centro América, tiene un amplio rango de adaptación, tolera condiciones de acidez y baja fertilidad en el suelo. Es una especie con buena capacidad de producción de biomasa y rápida recuperación después del corte, dependiendo de la densidad de siembra, suelos y estado vegetativo.

Se caracteriza por ser una variedad que se adapta desde el nivel del mar hasta los 1800 metros. Se utiliza como banco forrajero de corte y acarreo, tiene alto porcentaje de proteína (desde un 18% en época de lluvia hasta 34% temporada seca). Es altamente digestible, y fácil de manejar. Además, es una opción tecnológica para mejorar la alimentación del ganado en las fincas y tiene efecto sobre captaciones emisiones de metano.

“Cuando los animales consumen “Botón de Oro”, disminuyen las emisiones de metano.

Se reproduce por estaca. Para el productor que quiera reproducirlo en su finca, el INTA tiene un banco forrajero en las Estaciones Experimentales de Quepos, Cañas y Guápiles, dónde pueden solicitarlo”, comentó Arronis Díaz.

Este arbusto, se maneja a una altura de corte de 60 centímetros, se poda con cuchillo, tijera o podadora. Se le puede dar animales hasta en un 25% de la dieta y mezclar la ración con caña de azúcar y pasto de corta. A los animales les gusta mucho, a pesar de ser un poco amargo.

Es una especie con buena capacidad de producción de biomasa y rápida recuperación después del corte, dependiendo de la densidad de siembra, suelos y estado vegetativo.

Además, tiene un rápido crecimiento, así como, baja demanda en la utilización de insumos y poco exigente en el manejo del cultivo. En nuestro país se le conoce con otros nombres como “Falso Girasol”, “Girasolcillo” y “Tora Amarilla”.

Debe ofrecerse a los animales antes de florear, ya que su calidad nutricional va a disminuir después de la floración. Produce entre 150 y 200 de materia verde por hectárea por año, con un 20 a un 27% de materia seca, lo cual equivale a un rango entre 24 y 35 t por hectárea por año de materia seca, en una densidad de siembra de 1 m x 1 m.

Se corta entre los 45 a 55 días de la siembra, dependiendo de las condiciones agroecológicas de la zona. Se puede utilizar en la alimentación de bovinos, porcinos, ovinos, caprinos, aves.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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