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BioBolsa: Sistema de Biodigestores se Popularizan en México para Generar Energía en Granjas

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El sistema anaeróbico se patentó en 2010 y a la fecha ha generado más de 50 millones de pesos en ganancias (3 millones de dólares); también tiene presencia en África.

El principio de acción del sistema digestivo de una vaca sirvió como modelo a Camilo Pagés y Alexander Eaton, en México, a fin de crear un contenedor que recibe desechos orgánicos, más estiércol de ganado, y donde se mezclan con millones de bacterias para obtener un gas natural compuesto en su mayor parte por metano, llamado biogás, así como un biofertilizante de gran calidad.

El biodigestor, llamado comercialmente Biobolsa, transforma el desecho en un contenedor fabricado en geomembrana de alta densidad de polietileno en donde componentes y bacterias generan el gas que se aprovecha como combustible para estufas o calentadores, e incluso en forma de energía eléctrica.

Alex Eaton, uno de los creadores, comenta en entrevista que tecnologías anaeróbicas como la de Biobolsa se han usado por décadas en granjas industrializadas, y ahora buscan llevar sus beneficios a medianos y pequeños productores, quienes generan el 99 por ciento de la comida del país, y a nivel mundial el 80 por ciento.

“Nos hemos acercado a las familias que tienen pequeñas granjas para autoconsumo, o a quienes tienen 100 vacas lecheras, que son quienes no tienen acceso a créditos o financiamientos. Además son quienes forman el tejido social de las zonas rurales, son los cuidadores de las cuencas, de la tierra, del suelo y esta es una forma de empoderarlos ente el cambio climático, manejo de suelos, inocuidad alimentaria, contaminación de agua y más”.

En términos muy simples, Alex Eaton explica que su tecnología se ve como una bolsa enorme, de 15 metros de largo por dos metros de ancho y dos más de altura, que llega a contener 40 mil litros de capacidad líquida, y a tratar hasta una tonelada de desechos por día.

Sin embargo, han sabido adaptarse a necesidades específicas y han creado biobolsas pequeñas de dos por dos metros, que trabajan con 20 kilos de estiércol. “El sistema es modular y puede interconectarse, además es desplegable y ajustable. En promedio el retorno de inversión se contempla a un año y medio, y si se considera que el material empleado para la biobolsa tiene una duración superior a 20 años, hay mucho margen de ganancia”, puntualiza el periodista de formación con un posgrado en protección ambiental.

Agrega que hay muchos pequeños productores que no tienen conciencia de que hay opciones económicas y ambientales de aprovechar lo que es desecho, en este caso, de que el estiércol puede generar ganancias.

La primera biobolsa se colocó en 2007 en Jalisco, se consiguió la patente en 2010 y a la fecha ha generado cerca de 50 millones, a decir de Alex Eaton; añade que considera finalizar el año cubriendo 3 mil granjas solamente en el país, aunque reconoce que tienen presencia en nueve países de Latinoamérica, y en África se han implementado dos plantas piloto.

La transferencia tecnológica de Biobolsa contempla capacitación e implementación, así como seguimiento a su operación y eficiencia.

La tecnología anaeróbica totalmente mexicana ha contado para su desarrollo e implementación con apoyo de diversas fundaciones e instituciones gubernamentales, con las que se han logrado ofrecer subsidios parciales a los interesados. “Actualmente manejamos un fondo de crédito con tasa cero para que puedan participar los pequeños productores”, destaca el ecologista de origen estadunidense.

Biobolsa ha recibido diversos reconocimientos internacionales, tanto científicos, como por emprendimiento social, entre otros, por el Business in Development Network (BiD Network), de Holanda, la que entregó un premio por 10 mil euros que sirvió al dar un importante impulso a la empresa.

“Hemos mejorado el proceso y tenemos una serie de motores para genera energía eléctrica; tenemos ya un contrato para producir luz en la red de Comisión Federal de Electricidad en Cuernavaca, mediante interconexión con biodigestores para producir cinco, 10 o 15 kilowatts. “Buscamos tener impacto en cuatro millones de casas que estimamos que puede usar biobolsa hoy en México”, refiere Alex Eaton.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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