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Beneficios del Control Epidemiológico del Parasitismo en Ovinos

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Millonarios beneficios otorgaría el control parasitario desarrollado por el Instituto de Desarrollo Agropecuario de Chile (INDAP), y la Universidad Santo Tomás, UST.

A través del convenio de colaboración entre INDAP y la UST, en agosto de 2013 se analizaron 202 rebaños ovinos de la Provincia de Chiloé, constatando que sólo un 25% de ellos presentó mayor carga parasitaria, luego del primer tratamiento con los productos farmacológicos específicos para cada rebaño.

Dicho tratamiento significó un beneficio medio, sobre los $4 millones de pesos (USD 8 000 dólares americanos) que costó el proyecto piloto, de $22 millones (USD 44 000 dólares americanos) anuales por concepto de disminución de las pérdidas por falta de peso, mortalidad, infertilidad y prolificidad de las madres.

El control epidemiológico propuesto por ambas instituciones supone determinar con cifras reales la posición actual de carga parasitaria y especies involucradas. Una vez determinada la carga parasitaria, teniendo en consideración los factores ambientales, controles previos y fármacos utilizados, se procede a efectuar la recomendación técnica apropiada al rebaño. Sin olvidar que las enfermedades son dinámicas y evolucionan, teniendo momentos críticos y otros de latencia.

Según el Director Regional de INDAP, Enrique Santis, el control epidemiológico del parasitismo consiste en mantener una carga controlada y soportable por el rebaño, disminuyendo al máximo los efectos primarios y secundarios de su acción dentro de los animales.

“El control epidemiológico del parasitismo ovino, es en comparación a otras medidas de manejo mucho más barato y de rápida recuperación de los costos invertidos. Además permite tener un piso para que se expresen las otras medidas de mejoramiento productivo, tales como mejoramiento genético, infraestructura y alimentación. Por lo tanto hablamos de una técnica accesible para el usuario promedio de INDAP”, afirmó Santis.

Por su parte Osvaldo Gutierrez, Médico Veterinario de la UST, explicó que “el parasitismo gastrointestinal de los ovinos de la pequeña agricultura debe ser abordado con indicadores reales y objetivos, y supone determinar con cifras reales la posición actual de la carga parasitaria en especies involucradas de cada uno de los rebaños, independiente de las condiciones de nutrición, alimentación, carga animal, tratamientos farmacológicos y otros factores de manejo”.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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