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Autoridades Mexicanas Trabajan para Prevenir Casos de Vaca Loca

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La Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE, por sus siglas en francés) revalidó el reconocimiento de México como país con riesgo insignificante de encefalopatía espongiforme bovina (EEB), lo que representa diversos beneficios para la ganadería nacional, como el facilitar el intercambio comercial a nivel nacional e internacional. 

El estatus sanitario es producto del trabajo coordinado entre la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural y el sector productivo nacional, quienes aplican medidas preventivas de vigilancia epidemiológica para verificar la ausencia en el territorio nacional de esta enfermedad, también conocida como mal de las vacas locas.

Además de la aplicación de medidas precautorias en las zonas productoras, el personal técnico del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica) evalúa los riesgos de introducción del patógeno en mercancías de importación, como cárnicos frescos, harinas de carne y huesos, así como en alimentos balanceados para animales.

Desde hace más de 30 años, México suspendió la importación de productos cárnicos de res y materiales específicos de riesgo de países en donde se ha notificado la enfermedad y no existe reconocimiento de bajo riesgo por parte de la OIE.

En beneficio de la ganadería nacional, como medida adicional durante 2022 la autoridad sanitaria mantiene su campaña de certificación en buenas prácticas de manufactura y la inspección de plantas de rendimiento y fábricas de alimentos para mantener el estatus sanitario.

Asimismo, incrementará sus campañas de difusión, con el fin de concientizar a un mayor número de productores sobre la importancia de la notificación oportuna en caso de detectar animales con signología nerviosa.

El estatus sanitario de riesgo insignificante, obtenido por primera vez en 2016, ha coadyuvado a potenciar la producción de cárnicos bovinos, rubro en el que nuestro país está posicionado en el sexto lugar mundial, con más de dos millones de toneladas anuales.

Alrededor de 301 764 toneladas, equivalentes a más de 1.600 millones de dólares se exportan a algunos de los mercados más exigentes del mundo, como Estados Unidos, Japón, Unión Europea, Canadá, China, Hong Kong y Corea del Sur.

Esta condición sanitaria permite además que nuestros productores exporten más de 1.5 millones de cabezas de ganado en pie.

Actualmente, el máximo organismo mundial de salud animal reconoce el trabajo preventivo de 52 países, entre ellos Estados Unidos, Alemania, España, Dinamarca, Australia, Países Bajos, Brasil, Canadá y Japón.

La encefalopatía espongiforme bovina es una enfermedad crónico-degenerativa que afecta el sistema nervioso de los bovinos. Fue detectada por primera vez en el Reino Unido en 1986 y se han presentado casos en diversos países del mundo, principalmente de Europa.

La enfermedad nunca ha estado presente en México, y por su importancia cuarentenaria forma parte de la lista de enfermedades y plagas de los animales exóticas y endémicas de notificación obligatoria ante la autoridad sanitaria.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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