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Argentina y Brasil Trabajan en el Control de la Rabia Paresiante

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Profesionales del Senasa y de la Secretaría de Agricultura, Pecuaria e Irrigación (SEAPI) del país vecino mantuvieron un encuentro en Santo Tomé, Corrientes.

El Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) organizó un encuentro junto con profesionales de la Secretaría de Agricultura, Pecuaria e Irrigación (SEAPI) de Brasil, en el que se intercambió información sobre los acontecimientos en la región fronteriza y el trabajo conjunto que se realizará para evitar que se propaguen los vectores de la rabia paresiante.

Los representantes de ambos países consensuaron realizar un proceso de cooperación y trabajo conjunto de los servicios sanitarios, manteniendo una comunicación constante sobre posibles acontecimientos futuros.

El jefe del Programa Nacional de Rabia Paresiante, Gabriel Russo, explicó que «viendo que la rabia paralítica es una enfermedad regional, focal, recurrente, cíclica y no contando con un método que nos permita adelantarnos a la enfermedad, es que se pretende mejorar cada día la vigilancia epidemiológica, y en ese sentido pretendemos estar comunicados con los países fronterizos a fin de intercambiar información válida que permita minimizar las pérdidas ganaderas y evitar el compromiso con la salud pública».

«En este momento y siguiendo esa línea de trabajo, nos hemos reunido con veterinarios del Brasil, más precisamente con los del estado de Río Grande do Sul, con quienes hemos establecido una línea de comunicación e intercambio permanente de información que involucra a las provincias de Misiones y Corrientes», destacó el funcionario.

La rabia paresiante es una enfermedad epidémica y recurrente causada por el virus rábico transmitido por el vampiro común Desmodus rotundus, que afecta principalmente a los bovinos y a los equinos, y con menor frecuencia a otras especies domésticas, a los humanos y a algunos animales silvestres.

Por el Senasa, participaron el responsable del programa de Rabia, Gabriel Russo; el supervisor de Sanidad Animal del noreste de Corrientes, Horacio Angélico, y jefes de oficinas locales. Además, asistieron representantes sanitarios brasileños de las ciudades de Rodeio Bonito, Alegrete, Cruz Alta, Uruguaiana y Sao Borja, todas pertenecientes al estado de Rio Grande do Sul.

 

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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