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Argentina – Investigadores del INTA Evalúan Alternativas Forrajeras para el Ganado

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Técnicos del INTA La Rioja proponen la incorporación de tuna como alimento de emergencia para bovinos, caprinos y ovinos de regiones áridas. «Opuntia ficus-indica» es una planta que se caracteriza por la alta eficiencia en el uso del agua.

En los llanos riojanos, el clima subtropical semi-desértico limita la producción ganadera debido a la escasa o nula disponibilidad de forraje y alta arbustización. Sin embargo, técnicos del INTA evalúan la incorporación de Opuntia ficus-indica, conocida como tuna, como alimento de emergencia para caprinos, bovinos y ovinos.

Raúl Díaz, investigador del INTA La Rioja, señaló que “en esta zona del país, la suplementación de bovinos, caprinos y ovinos en períodos de sequía y épocas de balance energético negativo puede ser un problema para los productores, debido a los costos y falta de disponibilidad de alimentos concentrados”.

Por esto, “la incorporación de Opuntia, como alimento de emergencia y de bajo costo, puede ser una buena alternativa para sumar a la dieta de los animales y pasar el invierno”, expresó Díaz.

Ensayos sobre la fertilización de Opuntia en secano determinaron que la aplicación de urea incrementa el contenido de proteína bruta de los cladodios de la tuna.

“La administración de cladodios a cabras y ovejas se debe realizar siempre en comederos y en bocados pequeños (cubos de 4 x 4 centímetros) para que los animales puedan consumirlos con facilidad”, explicó Díaz y agregó: “Se pueden entregar como único alimento o mezclados con suplementos que permitan balancear la dieta”.

Con estos resultados, desde el INTA La Rioja, consideran que el uso de tuna puede ser una alternativa promisoria para la suplementación de caprinos, ovinos y bovinos.

“Como se trata de una especie que se encuentra difundida en toda el área de los Llanos Riojanos, consideramos que es fundamental incrementar la superficie cultivada con Opuntia para utilizarla durante momentos estratégicos y disponer de una fuente barata de energía sin restricción”, manifestó Díaz.

 

 

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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