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Argentina certifica hatos libres de Tuberculosis y Brucelosis en Ovinos y Caprinos: ¿cómo lo hacen?

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Con el objetivo de asistir a tambos ovinos y caprinos de la agricultura familiar para certificarlos libres de tuberculosis y de brucelosis, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria de la Argentina (Senasa) viene implementando junto a otras instituciones el Proyecto de Intervención Interinstitucional en establecimientos de la provincia de Buenos Aires.

El plan se dirige a productores y productoras de tambos ovinos y caprinos de la Agricultura Familiar -sin costo- inscriptos en el Registro Nacional de Productores Agropecuarios (Renspa) del Senasa y en el Registro Nacional de Agricultura Familiar (Renaf), que funciona bajo la órbita del Instituto Nacional de Agricultura Familiar, Campesina e Indígena (INAFCI).

El saneamiento se realizó en el segundo semestre de 2022 en las localidades bonaerenses de General Viamonte, Luján, Mercedes, Olavarría, Saladillo, San Andrés de Giles y Zárate e incluyó la realización de prácticas con estudiantes de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Nacional de La Plata y de establecimientos educativos agropecuarios.

Según el último relevamiento realizado por Ley Ovina/Caprina (Unidad de Ejecución Provincial de Buenos Aires-UEP) en diciembre del 2021, existen en Buenos Aires 26 establecimientos de tambo ovino y 18 establecimientos de tambo caprino.

“El 75% corresponden a productores/as privados y el 25% a establecimientos públicos (universidades nacionales y escuelas agropecuarias). La cantidad de hacienda estimada es de unos 3.600 ovinos y 2.400 caprinos, con un rango que va de 20 a 800 animales por establecimiento”, dijo Natalia Galán, técnica de Ley Ovina y Caprina-UEP Buenos Aires.

¿Cómo se hace el trabajo de certificación de libre?

El trabajo sanitario para brucelosis consistió en el sangrado a ovinos y caprinos de más de 6 meses de edad, la tuberculinización a ovinos de más de 6 meses y caprinos de más de 3 meses. “Para la certificación como establecimiento libre se realizaron dos o más diagnósticos con 90 días de intervalo, según el caso, y a su vez tenemos previsto continuar con la re-certificación de Establecimientos Libres, que es anual. Como consecuencia de estas tareas se habilitó el primer tambo de queso de cabra y otro de oveja como Pequeña Unidad Productiva Alimenticia Artesanal (PUPAA) en la provincia de Buenos Aires y también tres familias productoras ya tienen la gestión iniciada”, explicó Mariana Barros, veterinaria de la Coordinación de Agricultura Familiar del Senasa.

Hasta el momento, de los tambos visitados en un porcentaje superior al 90% obtuvo el certificado de establecimiento libre por ambas enfermedades. “Desde el INAFCI, desde hace muchos años, creemos que es la forma de ayudar a los productores y productoras a permanecer en la producción y no poner en juego la salud de la comunidad. Para nuestras instituciones es muy importante afianzar las producciones familiares locales generando arraigo en el territorio y haciendo visible sus producciones”, expresó el coordinador de la provincia de Buenos Aires del INAFCI, Armando Carlos Castro.

Mauricio Montini, es productor en Villa Mónica, Olavarría, provincia de Buenos Aires y en su tambo de cabras criollas elaboran sus productos, como queso, provoleta caprina, quesos duros y semi duros de cabra y de vaca, saborizados, entre otros. “Nos contactaron a través de Ley Caprina y del Ministerio de Desarrollo Agrario de la provincia de Buenos Aires para ofrecernos la parte de sanidad que para nosotros fue fundamental porque nuestros productos se orientan a consumo humano. Por eso contar con la certificación de libre de brucelosis y tuberculosis caprina es un apoyo, un espaldarazo enorme”, dijo Montini.

El predio obtuvo el certificado como establecimiento libre de tuberculosis y brucelosis otorgado por el Senasa que le permitió, entre otros requisitos, al Ministerio de Desarrollo Agrario otorgar la habilitación como PUPAA en la provincia de Buenos Aires y ser el primer tambo de queso de cabra habilitado de esta manera.

Por parte del Senasa, participaron agentes de los centros regionales Buenos Aires Norte, Buenos Aires Sur y de la Coordinación de Agricultura Familiar del Senasa.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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