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Alternativas sustentables para el control de garrapatas en bovinos

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Por primera vez en Argentina, seleccionaron cepas fúngicas efectivas sobre distintos estadios biológicos de la garrapata común del ganado bovino. Con un 98 % de efectividad y bajos valores de impacto ambiental, un equipo del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) identificó y caracterizó estos microorganismos para comprobar su acción acaricida y obtener una alternativa promisoria en el control de estos parásitos. 

Uno de los problemas que afronta la ganadería actual, principalmente en la zona norte del país, es el tratamiento de las garrapatas en el bovino con acaricidas químicos disponibles en el mercado que presentan valores de resistencia altos e ineficacia del tratamiento farmacológico.

Por otro lado, la contaminación del ambiente a causa de los residuos de productos veterinarios utilizados se convierte en un factor adicional por el cual el equipo de especialistas del INTA Colonia Benítez –Chaco– y del Instituto de Microbiología y Zoología Agrícola –IMyZA– del INTA Castelar –Buenos Aires– ha trabajado en la búsqueda de nuevas herramientas más sustentables para el control y tratamiento de estos ectoparásitos.

Por primera vez en la Argentina, en el IMyZA se seleccionaron cepas fúngicas de Beauveria bassiana, efectivas por sus propiedades y su capacidad para controlar el desarrollo en distintos estadios biológicos de las garrapatas del género Rhipicephalus (Boophilus) microplus. Los resultados obtenidos presentan posibilidades de uso para su control integrado, lo que representa una alternativa promisoria en el manejo y control de estos ectoparásitos en ganadería.

Julieta Posadas –investigadora del IMyZA del INTA– explicó respecto al procedimiento para el logro de este resultado, que “se aislaron cepas nativas provenientes de muestras de suelo de zonas endémicas de la Argentina para la garrapata Rhipicephalus B. microplus, como así también de hembras muertas de dicha plaga. Se estudiaron, además, cepas provenientes de la micoteca existente en el laboratorio de hongos entomopatógenos del Instituto de Microbiología y Zoología Agrícola”.

En total se evaluaron 142 cepas de Beauveria bassiana. La selección de cepas se realizó a partir de la confección de tablas de vida y la estimación de parámetros poblacionales. Con las cepas más virulentas se realizaron ensayos de compatibilidad contrastando los resultados con dos acaricidas comerciales, se calculó la concentración letal media y se produjeron en forma masiva.

“La mejor cepa fue la B. bassiana 98 (Bb98), la misma causó una reducción en el 50 % en el período de prepostura de las hembras tratadas, y una reducción del 40 % en la cantidad de aoves. Además, los porcentajes de eclosión de larvas fueron del 46 % y la mortalidad de hembras del 98 %”, afirmó Posadas.

La segunda cepa seleccionada fue la denominada B. bassiana 132 (Bb132), la cual causó reducción del 50 % en el periodo de prepostura y del 52 % en la cantidad de aoves. Además, los porcentajes de eclosión de larvas se redujo a un 52 % y la tasa de mortalidad de hembras resulto en un 96 %.

Ambas cepas seleccionadas, además, presentaron compatibilidad con los acaricidas testeados y bajos valores de concentración letal (CL50) –medida para evaluar el efecto tóxico de sustancias peligrosas al medio ambiente–.

El IMyZA del INTA investigó, a través de la identificación y caracterización de estos microorganismos fúngicos, la acción acaricida de dos cepas de este hongo que tienen acción específica sobre garrapatas, mientras que desde la Estación Experimental Agropecuaria del INTA Colonia Benítez, se capacitaron en la activación y mantenimiento de las cepas.

Viviana Gómez –especialista del INTA Colonia Benítez- señaló que “el beneficio de la aplicación de este hongo consiste en contribuir al control de la garrapata común del ganado bovino para preservar la funcionalidad de las drogas acaricidas y la inocuidad de los alimentos de origen animal mediante el control integrado de la parasitosis”.

Y agregó: “Es una opción sustentable dada su amplia distribución natural, bajo riesgo para la salud de humanos y animales, compatibilidad ambiental, alta virulencia sobre garrapatas y bajo costo”.

En este sentido, la presencia de garrapatas en los rodeos bovinos trae aparejado otros problemas sanitarios de importancia en la región, como la presencia de miasis y la transmisión de babesiosis y anaplasmosis bovina.

Gómez señaló que “estas parasitosis son una limitante para la producción ganadera, produciendo pérdidas directas e indirectas, como la disminución en la ganancia de peso, lesiones directas y los costos asociados al tratamiento y uso de productos veterinarios y la mano de obra”.

“Como resultado de la investigación se logró la activación, mantenimiento y desarrollo de la cepa fúngica B. bassiana con alta capacidad acaricida contra la garrapata común del bovino –larvas y adultos– con el objetivo de evaluar su uso en forma gradual en el control integrado de garrapatas”, concluyó Gómez.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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