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Científicos en Nueva Zelanda diseñan programa con robots de ordeño para detectar mastitis

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Los profesores Sandhya Samarasinghe y Don Kulasiri son coautores de un estudio, realizado con datos de una granja lechera robótica comercial, que diseñó y construyó el modelo para ayudar a la detección eficiente y precisa de la mastitis en hatos de ganado lechero.

Según el artículo de la universidad, usaron una red neuronal profunda para hacer y programar un modelo de clasificación utilizando diversas combinaciones de variables.

Los datos de la investigación se recopilaron de una granja lechera comercial con sistema de ordeño voluntario con 24 robots, que ordeñan alrededor de 1900 vacas en un solo establo de 13 000 m2 durante un año, en el que se registraron 1,1 millones de ordeños.

Esta es una de las grandes diferencias con anteriores modelos de detección de mastitis con redes neuronales, que se diseñaron con base en datos de granjas lecheras de investigación (convencionales o robóticas) con rebaños pequeños (100-400 vacas).

En cambio, los autores afirmaron que su modelo es “más realista y representativo” porque fue hecho y probado en una granja lechera comercial a gran escala.

Consultada por RNZ, la profesora Sandhya Samarasinghe, académica en ingeniería y docente titular de la Universidad de Lincoln, explicó que usando el modelo, el tratamiento de las vacas infectadas podría ser mucho más temprano, en tan solo 10 días.

“A medida que avanza la enfermedad, la sangre pasa a la leche. Por lo tanto, lo que llamamos conductividad eléctrica, es decir, la capacidad de la leche para llevar corriente eléctrica, es una especie de indicador de que la sangre ha pasado a la leche”, indicó.

Y agregó: “Entonces, usamos la conductividad eléctrica de la leche como indicador de la progresión de la enfermedad. Además, podemos ver que cuando la enfermedad progresa, la producción de leche disminuye. Estos son los dos principales indicadores del desarrollo temprano de la mastitis”.

La profesora indicó que los robots usados en el estudio también registraron el tiempo y la calidad del ordeño: cuando una vaca tiene mastitis, el ordeño es doloroso y la vaca intentará evitar o pasar menos tiempo siendo ordeñada, y la leche que producen es más espesa de lo normal.

“Ese es un punto importante del tratamiento de la mastitis, estamos reduciendo el dolor en las vacas debido a esta enfermedad y, por lo tanto, al hacer esta investigación y usar estos productos y modelos sobre la mastitis, podemos decir que nuestros productos reflejan nuestra preocupación por el bienestar animal”, concluyó.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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