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Gripe bovina ha llegado a campos de América del Sur en Brasil

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El virus de la gripe bovina o influenza D fue detectado a través de una investigación realizada conjuntamente entre la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS) y la Universidad Feelave. En el estudio realizado se encontró la presencia del virus en muestras recolectadas en esa región del sur de Brasil.

Hay que tener en cuenta, siendo un punto muy importante a destacar, que la enfermedad solo se había encontrado en América del Norte, Europa y Asia.

El portal AgroVerdad asegura que las investigaciones confirmaron las sospechas de los académicos y científicos brasileros que el virus ya circulaba en ese país, pues la búsqueda de un animal portador del virus se llevaba a cabo desde hace por lo menos un año.

La prueba de la presencia del virus en el ganado brasileño se produjo cuando un productor contactó al profesor David Driemeier de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul, para diagnosticar algunos animales que presentaban problemas respiratorios.

Las muestras de las pruebas con PCR (hisopados nasales de los animales) detectaron influenza D. La investigación fue difundida en abril por la revista científica internacional Archives of Virology, en la que se mostró que entre diez muestras recolectadas que manifestaban enfermedades respiratorias, una terminó identificando el virus de la gripe bovina.

El estudio confirmó las sospechas del profesor de la UFRGS, Cláudio Canal, que aseguraba que el virus ya circulaba en Brasil desde hace un tiempo menor a un año. A partir de esto, los investigadores no descartan que la enfermedad ya pueda estar diseminada alrededor de todo el país.

Hay que tener claro que el virus de la gripe bovina trae consigo una serie de complicaciones para la salud del animal, además hay que sumarle las pérdidas millonarias que implica para los productores donde hay contagio.

Sin embargo, el virus no siempre genera síntomas en los bovinos infectados, pero sí hay casos en los que puede perjudicar drásticamente la salud del animal, impactando directamente su producción en la ganadería y, por ende, la rentabilidad en el negocio, ya que la concentración de rebaños facilita la propagación del virus.

Los investigadores mencionan que, al día de hoy, en el mundo, aún no hay vacuna existente para la influenza D y no se conocen todos los riesgos que genera para el ganado.

Una de las primeras apariciones de este virus se dio en Estados Unidos, cuando se presentó por primera vez en cerdos, por lo que ahora se sabe que el microorganismo infecta principalmente al ganado bovino.

El profesor Casal participó en un estudio epidemiológico que, a partir de muestras de suero bovino recolectadas en Estados Unidos en 2014 y 2015, encontró que el 77.5% de los animales tenían anticuerpos contra la enfermedad, lo que indicaría una infección previa.

La Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa) recogió en 2020 datos que muestran que el hato de Brasil es el más grande del mundo con 217 millones de cabezas y justamente, esta gran concentración de ganado puede facilitar la circulación del virus y provocar enfermedades que impacten en la producción, no solo en ese país, sino también en la región.

Casal concluye en el artículo publicado en la revista que “el estudio es el punto de partida, pues es una enfermedad muy reciente. Sabemos que hay animales que ya la tienen, ahora vamos a ver cuántos hay y cuál es el papel del virus en las enfermedades respiratorias del ganado que pueden llevar a la muerte”.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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