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Gobierno Cubano Anuncia Falta de Leche en Polvo Importada hasta Diciembre

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Problemas con la disponibilidad de financiamiento, de buques y de proveedores, según la ministra de Comercio Interior, han llevado a esta situación de tener que importar la leche de Nueva Zelanda, un país que se encuentra a más de 13 mil kilómetros de distancia.

Cuba enfrenta un déficit de leche en polvo que se extenderá hasta diciembre por problemas con la importación del producto, que las autoridades gubernamentales atribuyeron a problemas de transportación y al embargo estadounidense.

La falta de leche en polvo en el país afecta especialmente a las provincias de Guantánamo, Santiago de Cuba, Holguín, La Habana y Pinar del Río, las cuales, según ACN, son dependientes de la importación del producto para el abastecimiento de la población.

El desabastecimiento de este producto afecta a la población cubana desde septiembre y, según la ministra de Comercio Interior, Betsy Díaz Velázquez, la situación se prolongará hasta diciembre “debido a que se está trayendo de lugares muy lejanos como Nueva Zelanda, ya que el bloqueo norteamericano [embargo] nos impide comprarla en el mercado estadounidense”.

Problemas con la disponibilidad de financiamiento, de buques y de proveedores, según la ministra, han llevado a esta situación de tener que importar la leche de un país que se encuentra a más de 13 mil kilómetros de distancia.

La excusa del “bloqueo norteamericano” choca con el hecho demostrado de la importación de pollo y otros insumos desde Estados Unidos. Las autoridades cubanas hacen uso de este pretexto sabiendo que el embargo estadounidense no prohíbe la venta de alimentos y medicamentos a Cuba, sino que exige que sea contra reembolso y no a crédito.

En noviembre muchos cubanos se verán en la situación de recurrir a las tiendas MLC como única vía de adquirir, con suerte, algo de leche en polvo. El problema radica en que más de la mitad de la población cubana no tiene acceso a las divisas que reciben otros cubanos con familiares en el extranjero, ni cobra en otra moneda que no sean los pesos cubanos (CUP).

Así lo confirmó la ministra al explicar que la travesía desde Nueva Zelanda “demora más de 45 días”. Según Díaz Velázquez, esta situación afectará a los residentes en las provincias mencionadas, “no así en las restantes, pues con la producción de leche fluida ha podido cubrir sus destinos”.

Por tanto, según la ministra, no se trata de una “afectación total en todo el país”. En ese sentido, indicó que en septiembre el gobierno pudo garantizar el “50 por ciento de las dietas médicas que llevan este alimento”.

En cuanto a la afectación en octubre, la titular de Comercio Interior no se pronunció en detalle. Pero el dato de septiembre es altamente preocupante: la mitad de la población que requiere leche como parte de su “dieta médica”, quedó sin suministro.

Según Díaz Velázquez, “con el acopio de lo logrado por la agricultura se ha tratado en los mencionados territorios de asegurar en octubre la leche que se da a los niños de cero a seis años, a quienes tienen enfermedades crónicas de la infancia y a las embarazadas con prescripción médica”.

La ministra subrayó que, a pesar de las dificultades, “no se van a suprimir las dietas médicas”, una noticia que, sin señalar su fuente, consideró falsa: “por lo cual aclaramos que mientras los facultativos de Salud Pública sigan indicándolas a los consumidores que la necesiten, corresponderá al ministerio de Comercio Interior garantizar el alimento que se demande”.

Sin embargo, las dificultades con el abastecimiento de alimentos básicos en la dieta de los cubanos no se limitan a la leche en polvo, sino que también se verán afectados con productos como el arroz y el pollo por “problemas con el embarque desde los puertos de origen”.

Reconociendo que el régimen cubano compra el pollo en Estados Unidos, la ministra explicó que el ciclo normal desde su compra hasta el arribo a la isla, suele demorar unos 10 días. Pero el paso del huracán por Nueva Orleans ha provocado que se el ciclo se retrase a 50 días. Debido a ello, afirmó Díaz Velázquez, “el pollo previsto a entregar a la población en agosto se pasó para septiembre, y el de este mes en octubre”.

En cuanto al anuncio de distribuir tres libras adicionales de arroz por consumidor durante seis meses, la titular admitió no haber podido cumplir ese compromiso en octubre, atribuyéndole al impacto del coronavirus en Vietnam, país suministrador de cereal básico en la alimentación cubana.

La falta de leche, arroz y pollo en la dieta básica de los cubanos es un indicador de la gravedad de la crisis que enfrenta el país, cuyas autoridades irresponsablemente insisten en culpar de la situación a Estados Unidos o cualquier otro factor externo a su gestión y política económica.

Cuba importa el 80 % de los alimentos que consume el país, con un desembolso que ronda anualmente los $2,000 millones de dólares. Durante los primeros siete meses de 2021, el país incrementó sus importaciones de Estados Unidos en un 88% con respecto al mismo período del año anterior.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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