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Investigadores de INIA dan a Conocer Aspectos Claves para la Calidad en Productos Lacteos

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La necesidad de avanzar en aspectos nutricionales, cuidar la inocuidad y diversificar la oferta de quesos en el sur de Chile, fueron algunos de los temas analizados en el webinar titulado: Aspectos claves para la calidad en productos lácteos, organizado por el Centro Regional de Investigación INIA Remehue, en el marco del Programa de “Transferencia tecnológica para el eslabón productivo de la cadena ovina, láctea y hortofrutícola”, perteneciente a la Política Regional de Desarrollo Silvoagropecuario del Gobierno Regional de Los Ríos.

En la oportunidad, el investigador de INIA Remehue, Ignacio Beltrán, dio a conocer la importancia de mantener un balance nutricional adecuado de la dieta, establecida a través del contenido de grasa, proteína y urea en leche como indicadores.

“La relación grasa-proteína es un buen indicador del balance nutricional, con un rango optimo entre 1.1 a 1.5. Valores sobre el rango nos indican un déficit de energía, la cual, si ocurre al inicio de la lactancia, nos indicaría un balance energético negativo y riesgo de cetosis. Mientras que valores bajo el rango podrían deberse a una alteración de la fermentación ruminal por exceso de carbohidratos solubles y déficit de fibra en la dieta, lo que representa un mayor riesgo de acidosis ruminal en el rebaño. Por otro lado, la urea en leche también es un buen indicador del balance energía-proteína de la dieta y del nivel de contaminación ambiental”, señaló.

Para la urea, el especialista del INIA, señaló que “el rango ideal es de 150 a 420 milígramos por litro de urea en leche. Los valores sobre este rango son indicadores de un exceso de proteína y déficit de energía en la dieta, situación que ocurre en sistemas pastoriles, mientras que valores bajo el rango representan una señal de que podría haber un déficit de proteína. Finalmente, valores elevados de urea en leche nos indican que una alta proporción del nitrógeno consumido por el animal es excretada al ambiente a través de la orina, siendo una fuente de emisión de gases con efecto invernadero, en especial de óxido nitroso”.

Nicolás Pizarro, médico veterinario y especialista en inocuidad alimentaria de INIA Remehue, se refirió a los resultados de una encuesta aplicada a productores lecheros y queseros de las regiones de Los Ríos y Los Lagos en la que se evaluaron prácticas de producción, manejo, higiene, procesamiento e inocuidad. Al respecto, el profesional del INIA indicó que “las principales brechas detectadas en esta encuesta a los productores tienen que ver con la no implementación de las buenas prácticas de producción, tanto a nivel primario, como de la planta de procesamiento, falta de registros productivos y también acerca de algunas prácticas que no están correctamente realizadas, que tienen que ver con la higiene y la manipulación”.

Por su parte, Ignacio Subiabre, ingeniero en alimentos e investigador del mismo centro, dio a conocer los avances de un proyecto que busca diversificar la oferta de quesos en la zona sur. El profesional indicó que “la producción nacional de queso se concentra principalmente entre las regiones de Los Ríos y Los Lagos, siendo el queso tipo chanco el queso más elaborado en el sur de Chile. Habitualmente este queso se elabora con leche producida en pradera, lo cual le entrega características nutricionales y sensoriales únicas a este producto. En el marco del proyecto FIA de quesos saludables, ejecutado por INIA junto a la colaboración de la Universidad de Los Lagos, se dieron a conocer los aspectos claves para el proceso de elaboración de queso chanco madurado y de diferentes prototipos de queso, con potencial saludable, con el objetivo de diversificar la oferta de quesos existentes a nivel nacional”.

De esta forma, los investigadores del INIA dieron a conocer los temas en los que los productores de leche y quesos de la zona sur, principalmente pequeños y medianos, pueden mejorar su desempeño, tanto a nivel predial como en la elaboración de sus productos.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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