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Uruguay – Para 2019 Quedó Medir los Residuos de Ethion en Ovinos

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Estudio apunta a prevenir cualquier pérdida de mercados. El trabajo técnico que medirá los tiempos de espera para el uso del ethion en ovinos, cuando se aplique este principio activo para el tratamiento de la sarna —una vez autorizado por el MGAP—, se podría poner en marcha en febrero de 2019.

La Cámara de Especialidades Veterinarias (CEV) y la Dirección General de Servicios Ganaderos (MGAP) emprenderán esta investigación en conjunto, con el cometido de evitar cualquier posibilidad de residuos en carne que compliquen los mercados. Al igual que lo hicieron para medir los nuevos tiempos de espera para el uso de ethion cuando es usado en bovinos, en baños de inmersión, para atacar la garrapata, la integración entre el sector público y el privado, sigue mostrando  que la sanidad es política de Estado y el cuidado de los mercados es primordial. En caso de bovinos se maneja un período de espera de 130 días tras los tratamientos, según determinó la investigación que abarcó tres baños cada 21 días.

José Mantero, presidente de la gremial que nuclea a los laboratorios elaboradores e importadores de zooterápicos , destacó que  este nuevo desafío se trata de “un trabajo analítico importante y no se pudo empezar este año”.

En ese caso no hay antecedentes sobre los tiempos de espera en lanares, antes de enviar el animal a faena sin que su carne contenta residuos de ethion.  Al igual que cuando se trabajó con este principio activo focalizado en el control de la garrapata del bovino, “se seguirán normas internacionales” y se incrementarán las exigencias para tener mayor seguridad.

MERCADO. Las empresas aún no tienen sus números cerrados, pero estiman que el contrabando de zooterápicos incidirá más en las ventas de 2018.

“Es un año donde el contrabando afectó bastante las ventas. Las fronteras que tiene Uruguay permiten que se ingresen medicamentos de uso animal para distintas especies”, destacó Mantero. El mayor ingreso se focaliza en los productos que en Uruguay cuestan más.

 

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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