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Costa Rica Garantiza Calidad e Inocuidad de Productos de Origen Animal

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Se han inspeccionado 6538 establecimientos que procesan, comercializan y trasportan alimentos de origen animal. El Servicio Nacional de Salud Animal (SENASA) del Ministerio de Agricultura y Ganadería de Costa Rica, es la entidad encargada de garantizar la calidad y seguridad de los productos y subproductos de origen animal que llegan a la mesa de los consumidores sean inocuos.

Con ese fin, realiza en todo el territorio nacional inspecciones, auditorías, capacitación en buenas prácticas de manufactura, control de fauna nociva y verificaciones de la calidad del agua, para promover la salud pública y animal; debido a que existen peligros biológicos que se deben controlar para asegurar la inocuidad de los alimentos.

Entre los riesgos más peligrosos figuran bacterias como la Salmonella spp., Escherichia coli, Listeria monocytogenes, Campylobacter spp. y el complejo Mycobacterium tuberculosis. También existen numerosos parásitos, virus o toxinas que pueden afectar la producción de alimentos de origen animal; además de los peligros químicos que incluyen los residuos de medicamentos veterinarios o contaminantes químicos (PCP, dioxinas) o ambientales como los metales pesados.

“En este año, se han realizado 6538 inspecciones a los establecimientos que procesan, comercializan y trasportan alimentos de origen animal destinados para el consumo humano” indico Karla Esquivel, Directora a.i. de la Dirección de Inocuidad de Productos de Origen Animal.

Además, en el Laboratorio de Servicios Veterinarios (LANASEVE) se han realizado 8,317 análisis microbiológicos, de residuos de medicamentos veterinarios, contaminantes ambientales, análisis de histamina y aditivos a los productos nacionales e importados.

Gracias a esta labor, hoy el país exporta a diferentes países como el Salvador, Nicaragua, Honduras, Panamá, Vietnam, Guatemala, Japón, Europa, Estados Unidos, Colombia, China, Vietnam, Aruba, México, República Dominicana, Cuba, Taiwán, Japón, Rusia, entre otros.

Para SENASA es de gran importancia que el consumidor adquiera productos y subproductos de origen animal e inocuos, controlando su origen desde la finca, plantas exportadoras, importaciones, ferias, mataderos, carnicerías y supermercados.

El tema cobra relevancia en el marco de la celebración de la Semana Nacional de la Inocuidad de Alimentos, del 5 al 9 de noviembre.  En estas fechas,  funcionarios del SENASA imparten una serie de capacitaciones a empresarios, industriales, profesionales relacionados con el área y público en general, sobre la resistencia antimicrobiana, controles sanitarios aplicados a las buenas prácticas de producción e inocuidad en explotaciones de carnes y de moluscos, uso adecuado de nitritos en formulaciones cárnicas, entre otros.

 

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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