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Mejorarán Producción de Leche al Libera Fincas de Brucelosis en Honduras

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El gobierno, mediante el Servicio Nacional de Sanidad e Inocuidad Agroalimentaria (Senasa), la Asociación de Procesadores de Leche (Aproleche), la Cámara Hondureña de la Leche (Cahle), firmaron un convenio de cooperación técnica y financiera para garantizar la sanidad de los hatos bovinos y la calidad de los productos lácteos, destinados para la comercialización en el mercado nacional e internacional.

También se firmó cómo proteger y mantener el estatus sanitario y fitozoosanitario del país. Como testigos de honor participaron la Federación Nacional de Agricultores y Ganaderos de Honduras (Fenagh) y el Organismo Internacional Regional de Sanidad Agropecuaria (OIRSA).

“Este convenio forma parte del compromiso de la industria láctea hondureña de invertir en el desarrollo económico y social de sus proveedores, ya que, al establecer un programa de control sanitario del ganado bovino de enfermedades como brucelosis y tuberculosis, se protege la salud de los hatos ganaderos de los productores hondureños, mejorando la rentabilidad y calidad de su producción, así como evitándoles enormes pérdidas económicas”, expresó Héctor Ferreira subsecretario de la SAG.

A través de este convenio, Lacthosa y Leyde, socias de Aproleche, buscan darle continuidad a sus programas de certificación de sus proveedores como fincas libres de enfermedades, y con esto seguir garantizando que la leche que se procesa en la industria formal proviene de vacas sanas asegurándoles a todos los consumidores, nacionales e internacionales productos de alta calidad sanitaria, protegiendo la salud humana.

Con este programa se busca fortalecer a los más de 4,000 proveedores de la industria, que comercializan más de 600,000 litros diarios de leche, producción que es procesada bajo altos estándares de calidad para abastecer el mercado nacional y las exportaciones de productos lácteos.

Este programa sanitario de la ganadería estará permitiendo tener mayor admisibilidad en mercados regionales y globales, contando con trazabilidad y control sanitario de cada animal que produce leche para ser procesada por la industria láctea hondureña.

“El convenio vendrá a fortalecer financieramente el programa ganadero sanitario nacional mediante la dotación de recursos económicos para la contratación de 24 técnicos y médicos veterinarios, quienes trabajarán de la mano de la Jefatura de Epidemiología de Senasa para establecer las acciones semanales de trabajo con los productores”, dijo Ricardo Paz, Director de Senasa.

Para facilitar las acciones logísticas de campo, las empresas Lacthosa y Leyde donaron a Senasa 8 vehículos nuevos. Cabe resaltar que este convenio tiene una duración de tres años con un presupuesto de ejecución por más de 25 millones de lempiras, fondos que serán aportados por la industria láctea y los productores.

En la firma participaron: el Director Ejecutivo de Senasa, Ricardo Paz, Elena Kafie, en representación de Lacthosa, Erick Cruz de la empresa Leyde, Vicente Murillo, presidente de CAHLE, Edgardo Leiva de Aproleche, Leopoldo Durán, presidente de la FENAGH y Moisés Molina de OIRSA.

En Honduras hasta la fecha se han realizado más de 60,000 muestreos serológicos de vigilancia en los hatos que proveen a las empresas de la industria láctea, encontrando prevalencias abajo 1%, considerándose excelente las condiciones sanitarias de los proveedores, la meta con este convenio es alcanzar alrededor de 300,000 cabezas del hato ganadero industrial durante un año, y mantener vigilancia todos los años.

 

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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