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Sinergia entre Ganadería, Agricultura y Forestación

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La Unidad de Producción Intensiva de Carne (UPIC) – Uruguay, cuantificó las sinergias entre la ganadería, la agricultura y la forestación, lo que permite un crecimiento armónico. Un estudio realizado por la UPIC, a cargo de docentes de la Facultad de Agronomía, demuestra que la incorporación simultánea de la agricultura y la forestación a la producción ganadera resulta en un ingreso de capital de US$ 133 por hectárea, representando un aumento sobre el sistema base de ganadería en área mejorada de 68%.

Ayer se realizó la jornada anual de la UPIC, en el salón Egeo, en Paysandú, con la presencia de más de 1.000 personas que colmaron las instalaciones del recinto. Alvaro Simeone, director de la UPIC, y Juan Ignacio Buffa, coordinador ganadero y agrícola de la Federación Uruguaya de grupos CREA (Fucrea), presentaron el trabajo.

Buffa dijo que el resultado económico de la ganadería –evaluado a través del margen bruto, para un sistema de ciclo completo basado exclusivamente en campo natural como fuente de alimentación– se estimó en US$ 63 por hectárea con una productividad de 73 kilos de carne vacuna por hectárea.

Agregó que la incorporación de tecnología a través del incremento en el área mejorada (30% del área de pastoreo), permitiría aumentar el resultado económico de la empresa ganadera en 24%, alcanzando un valor de US$ 79 por hectárea, con una productividad de 133 kilos por hectárea.

Con la incorporación de la forestación sobre 24% del área del campo como rubro adicional mejora el margen bruto del sistema mejorado (30% de área de praderas y verdeos) en US$ 21 hectárea, representando una mejora del 27% en términos de ingreso de capital. El sistema permite que la ganadería mejore su productividad en 24%, pasando de 133 a 164 kilos por hectárea. Además permitiría disminuir el riesgo de la empresa en su conjunto, destacó.

Simeone explicó que el avance de la agricultura sustentable genera gran disponibilidad de grano de sorgo que puede ser utilizado por la ganadería tendiendo un puente entre la agricultura y la ganadería. “El uso de la suplementación sobre verdeos en otoño para balancear la dieta o en invierno a bajas asignaciones de forraje para adicionar energía, así como en sistemas de alimentación a corral de terneros y novillos con dietas conteniendo más de 65% de sorgo, constituyen alternativas eficientes y eficaces de uso de ese grano”, afirmó.

El trabajo experimental realizado en la UPIC generó coeficientes técnicos que contribuyen positivamente a la toma de decisiones a nivel predial.

En particular la propuesta del novillo Icace (Invierno Carga Cero), que representa una opción que potencia el uso de las sinergias entre la agricultura y la ganadería, ya que combina tres elementos no competitivos sino complementarios: grano de sorgo proveniente de la rotación agrícola, campo natural remanente y alimentación a corral.

Mujica y cierre

Para el cierre de la actividad se esperaba la presencia del presidente José Mujica. Antes el doctor en economía Pablo Caputi, director de información y análisis económico del Instituto Nacional de Carnes (INAC), recibió el Premio Reconocimiento UPIC 2014 por la creación del índice Novillo Tipo. Y hubo una mesa de debate integrada por representantes de los tres rubros: Javier Solari, gerente de UPM Forestal Oriental (forestal); Gordon Storey, vicepresidente de Kilafen (agricultura); y Luis Fratti, presidente de INAC (ganadería de carne).

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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