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Bacterias del Género Lactobacillus Evitarían la Listeriosis

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Las cepas Lactobacillus brevis y Lactobacillus plantarum tienen actividad inhibitoria sobre la bacteria Listeria monocytogenes causante de la listeriosis, infección contraída por el consumo de alimentos que la contienen, como leche o carne cruda.

La grave infección que provoca la Listeria monocytogenes presenta tasas de mortalidad de hasta el 30 % incluso en países como Estados Unidos donde ha sido reconocida como un serio problema de salud pública debido, en parte, a que afecta a personas de edad avanzada, mujeres embarazadas, recién nacidos y adultos que tienen debilitado el sistema inmunitario.

Ante esta problemática, estudiantes del “Semillero de investigación de bacterias ácido lácticas y sus aplicaciones biotecnológicas / industriales” de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.) Sede Palmira evaluaron el efecto que podrían tener las cepas contra el patógeno.

“La Listeria monocytogenes forma parte de los microorganismos que causan infecciones muy violentas, y se ha encontrado que el uso de bacterias ácido lácticas puede ser un mecanismo para inhibir su acción”, explica la estudiante Ángela Patricia García, integrante del semillero.

Los investigadores formularon tres tratamientos con las cepas de Lactobacillus brevis y Lactobacillus plantarumaisladas previamente de pitaya amarilla: cada cepa en monocultivo y la mezcla de las dos, para observar la actividad inhibitoria de cada tratamiento, es decir la capacidad de impedir el crecimiento de Listeria monocytogenes.

Para el procedimiento utilizaron placas con tripticasa de soya, un medio en el que crece la bacteria, y a cada una se le aplicaron 20 microlitros de los tratamientos.

Además, se manejaron seis tiempos de fermentación: el momento cero –instante de la inoculación–, y luego a las dos, seis, 12, 24 y 48 horas.

“Hicimos una siembra masiva del patógeno sobre las placas y se inhibió a 36 °C por 24 horas. Luego de este tiempo hicimos observaciones y mediciones del halo de inhibición, que se refiere a la zona alrededor en la que no se produce crecimiento bacteriano”, agrega la investigadora García.

De cada placa se tomó una fotografía que se introdujo a un software que determina el diámetro del halo de inhibición, y luego los datos se ingresaron a un programa estadístico.

Los resultados muestran que en el tratamiento con Lactobacillus plantarum el mayor halo de inhibición se presentó a las seis horas de fermentación, con un diámetro promedio de 2,59 centímetros. Para el caso de Lactobacillus brevis la actividad más relevante ocurrió en el momento cero de fermentación.

En la mezcla de ambas cepas de bacterias el mayor halo de inhibición se observó a las 12 horas de fermentación, con un halo promedio de 2,52 centímetros.

“Encontramos que Lactobacillus plantarum, en contenido puro, presenta potencial comercial frente a Listeria monocytogenes. Sin embargo la mezcla de las dos bacterias ácido lácticas potencializó la actividad antimicrobiana contra el patógeno”, afirma la estudiante García.

En 2015 la Organización Mundial de la Salud hizo una estimación sobre la carga de enfermedades transmitidas por alimentos contaminados, demostrando que una de cada 10 personas se enferma al ingerir alimentos contaminados. Además, alrededor de 420.000 personas mueren cada año por este tipo de infecciones.

Los investigadores esperan seguir estudiando los procesos de crecimiento e inhibición de los microorganismos y determinar la concentración adecuada para conseguir una actividad mayor.

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Expertos de las Américas avanzan en la definición de las reservas estratégicas del Banco Regional de antígenos de Fiebre Aftosa

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La sanidad animal recibe apenas el 0,6 % del gasto mundial en salud pese al aumento de las crisis sanitarias

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El informe advierte que los recortes de la ayuda dejan al mundo peligrosamente expuesto a las enfermedades transfronterizas, la inseguridad alimentaria y la próxima pandemia.

El mundo no está invirtiendo lo suficiente en sanidad animal, pese a la creciente evidencia de que el costo de la inacción supera con creces el costo de la prevención.

El informe, publicado por la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA, WOAH por sus siglas en inglés) en el marco de su 93.ª Sesión General, es la única evaluación mundial anual de las tendencias, riesgos y desafíos en materia de sanidad animal.

El informe destaca que las enfermedades animales destruyen más del 20 % de la producción animal mundial cada año. Estos impactos se sienten con mayor intensidad en los países de ingresos bajos y medios, donde la sanidad animal desempeña un papel fundamental para sostener los medios de vida, la seguridad alimentaria y la resiliencia económica. Al mismo tiempo, los sistemas con recursos insuficientes tienen dificultades para detectar y responder a las enfermedades de forma temprana, y también enfrentan retos para mantener los estándares de bienestar animal.

Las recientes reducciones de los presupuestos de ayuda internacional están agravando la presión. La asistencia para el desarrollo en salud ha caído a aproximadamente 39.100 millones de dólares estadounidenses en 2025, y la sanidad animal representa menos del 2,5 % de ese total. En el mismo periodo, el gasto mundial en defensa alcanzó un récord de 2,9 billones de dólares estadounidenses. En este contexto, el fortalecimiento de los sistemas de sanidad animal la infraestructura compartida que protege frente a enfermedades de origen natural, liberaciones accidentales y amenazas biológicas deliberadas sigue estando insuficientemente financiado, pese a su papel esencial en la gestión de riesgos transfronterizos, incluidas las enfermedades emergentes y las amenazas biológicas.

El informe subraya que llevar los Servicios Veterinarios de todos los países a los estándares internacionales costaría aproximadamente 2.300 millones de dólares estadounidenses al año, menos del 0,05 % de los 3,6 billones de dólares en pérdidas económicas atribuidas a la COVID-19 en 2020, una enfermedad que con gran probabilidad tuvo un origen animal, aunque su origen preciso y la vía de transmisión al ser humano aún no se han establecido de forma definitiva.

«Los sistemas de sanidad animal se sitúan en el centro mismo de la seguridad alimentaria, la estabilidad económica, el bienestar y la salud humana, y sin embargo están crónicamente infradotados», declaró la Dra. Emmanuelle Soubeyran, Directora General de la OMSA. «La pandemia de COVID-19 puso de manifiesto la importancia de invertir más en la prevención y en el enfoque de Una sola salud. Una sola salud seguirá siendo una aspiración hasta que la sanidad animal se integre de manera genuina en la forma en que planificamos e invertimos, mucho antes de que llegue la próxima crisis».

Entre 2025 y 2026, 64 países y territorios notificaron más de 2.000 brotes de influenza aviar de alta patogenicidad, lo que provocó el sacrificio o la pérdida de más de 140 millones de aves de corral.

La fiebre aftosa ha causado brotes sin precedentes en el África meridional y ha reaparecido en Europa. La peste porcina africana continúa propagándose, incluso mediante notables saltos a larga distancia.

Asimismo, el gusano barrenador del Nuevo Mundo una mosca parásita que se alimenta de carne está generando gran preocupación, con decenas de miles de casos registrados en América Central y una expansión hacia el norte que supone una amenaza para la sanidad animal más allá de los países actualmente afectados.

El 75 % de las enfermedades infecciosas emergentes en humanos se originan en animales, lo que convierte a los sistemas de sanidad animal en la primera línea de defensa del mundo frente a los brotes, incluida una posible próxima pandemia.

Sin embargo, el informe indica que estos sistemas están bajo presión: el 18 % de los países evaluados recientemente presenta una disminución de la capacidad veterinaria, y el 22 % una disminución de la capacidad del personal paraprofesional.

«Lo que estamos observando va más allá de la propagación de las enfermedades y refleja también una presión creciente sobre las redes de vigilancia y las capacidades de respuesta de emergencia, especialmente en las regiones más expuestas a los riesgos para la sanidad animal», afirmó el Dr. Paolo Tizzani, epidemiólogo veterinario senior de la OMSA.

«Cuando los Servicios Veterinarios carecen de recursos, las enfermedades se detectan tarde, se propagan más y resultan más costosas de controlar, independientemente de cómo se hayan iniciado. Fortalecer estos sistemas es, por tanto, una forma importante y eficaz de que los gobiernos y sus socios reduzcan los riesgos y mejoren la preparación».

Con base en 54 países y territorios evaluados por la OMSA, se estima que sería necesario un aumento presupuestario medio del 52 % para cubrir el coste anual real de unos Servicios Veterinarios eficaces. El Programa de Prestación de Servicios Veterinarios (PVS) de la OMSA ofrece a los países una evaluación independiente de sus sistemas de sanidad animal y una hoja de ruta adaptada para su mejora. Como avance positivo, tras actividades recientes del PVS, más de la mitad de los países participantes informaron de un aumento de los recursos financieros.

El informe insta a los gobiernos a aumentar la financiación de los sistemas de sanidad animal e integrarlos en estrategias más amplias de salud, economía y seguridad; a los socios para el desarrollo a alinear la financiación con la prevención a largo plazo en lugar de la respuesta a las crisis; y a las instituciones financieras y al sector privado a reconocer la sanidad animal como una inversión de alto impacto.

«Los sistemas de sanidad animal son un bien público mundial, y el mundo no los financia como tal», concluyó la Dra. Susana Pombo, Presidenta de la Asamblea Mundial de Delegados de la OMSA.

«En un momento en que los gobiernos están aumentando los presupuestos de defensa, conviene preguntarse qué significa realmente la sanidad animal en este contexto. Las enfermedades no reconocen fronteras. Una brecha en la vigilancia de la sanidad animal en un país es una vulnerabilidad para todos los países, por lo que es fundamental cambiar nuestra forma de pensar sobre la solidaridad y la inversión en los sistemas de sanidad animal».

Las conclusiones del informe servirán de base para los debates de la próxima 93.ª Sesión General de la Asamblea Mundial de Delegados (18–22 de mayo), en particular en el Foro Técnico de la OMSA dedicado este año al tema «Invertir en sanidad animal para asegurar el futuro de todos».

También se celebrará una reunión ministerial al margen de la Ceremonia de Apertura, que incluirá la publicación de una declaración ministerial que reflejará una visión compartida sobre los sistemas de sanidad animal.

Acerca de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA)

La OMSA es la autoridad mundial en sanidad y bienestar animal. Fundada en 1924 en respuesta al devastador brote de peste bovina en Bélgica que formó parte de una epidemia más amplia que afectó a varios países europeos y tuvo repercusiones mundiales, la OMSA se ha dedicado desde entonces a vigilar, controlar y difundir información sobre las enfermedades animales en todo el mundo.

La OMSA se centra en la difusión transparente de información sobre las enfermedades animales, en la mejora de la sanidad animal a nivel mundial y, con ello, en la construcción de un mundo más seguro, saludable y sostenible. https://www.woah.org/es/inicio/

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La producción de alimentos de origen animal deberá aumentar 70 % para 2050, incluida la leche: FAO

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