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El Virus Schmallenberg: La Nueva Amenaza de la Ganadería Europea

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El Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente de España, anunció ayer su decisión de iniciar un Plan de vigilancia destinado a prevenir al país hispánico de la nueva enfermedad que afecta a cabañas ganaderas del norte de Europa y que se detectó por primera vez el pasado agosto en una granja de Alemania. Aunque leve en adultos, el virus provoca abortos y malformaciones en los fetos de hembras gestantes. 

El Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente de España, anunció que ha preparado un Plan de vigilancia preventivo frente al virus Schmallenberg, el cual se cerrará en la reunión con los Jefes de los Servicios Veterinarios de las Comunidades Autónomas que tendrá lugar el próximo 2 de febrero. También confirmaban que no se ha detectado ningún caso en España de esta nueva enfermedad, «a pesar de lo cual, y siguiendo las recomendaciones de la Unión Europea, se ha aumentado la prevención mediante la elaboración del citado Plan de vigilancia».

En agosto del pasado año se detectaron los primeros casos de esta enfermedad, localizados en varias granjas de Holanda y Alemania (el primer caso se dio en la ciudad alemana de Schmallenberg). Desde entonces han sido centenares las cabañas afectadas, que también se extendieron a Bélgica, mientras que una amplia franja del noreste de Francia está a día de hoy considerada como zona de alto riesgo. Aumentando la gravedad de la situación, este lunes supimos que Reino Unido ha confirmado sus primeros casos en cuatro granjas de Norfolk, Suffolk y East Sussex.

Los síntomas del virus Schmallenberg en los animales adultos son leves: fiebre, falta de apetito y pérdida de peso, bajada de rendimiento en la producción de leche y, en ciertos casos, diarrea. Un cuadro clínico que desaparece a los pocos días y que resulta difícil distinguir de otras enfermedades comunes en los animales, pero que afecta gravemente la preñez de las hembras, provocando abortos, la muerte del feto o la aparición de malformaciones en el mismo, como cuellos torcidos, extremidades atrofiadas y anomalías cerebrales.

Tras los análisis realizados por el Friedrich Loeffler Institute de Alemania en los primeros animales afectados, se descartaron otras enfermedades conocidas, como la Lengua Azul, la Hemorrágica o el Virus del Rift. Los análisis moleculares demostraron que se trataba de un nuevo organismo vírico, filogenéticamente parecido a los Orthobunyavirus. Este género de virus de la familia bunyaviridae es causante de diversas enfermedades, que pueden afectar tanto al ganado como a personas, como la encefalitis Bunyamera, la encefalitis de La Crosse, la fiebre Bwamba o la enfermedad de Aino, entre otras.

Las autoridades sanitarias no han descartado que este nuevo virus pueda afectar a las personas, aunque sí que lo consideran improbable: afecta especialmente al ganado ovino, también a vacas y cabras. Como en el caso de los Orthobunyavirus, el vector de transmision de Schmallenberg son los mosquitos.

Ha sido en los Países Bajos donde más ha atacado esta nueva enfermedad: mientras que son 44 las granjas afectadas en Alemania, país donde se detectó por primera vez, en Bélgica este número asciende a 126 y son casi 250 las granjas holandesas en las que se han detectado animales infectados. Por este motivo, el pasado 18 de enero Rusia vetó temporalmente las importaciones de carne de ovino y caprino, así como el tránsito de animales vivos procedentes de Holanda. Una medida que fue secundada por México y que ha despertado la atención de China.

Fuente: Agencias

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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