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Vacunación en los Bovinos Reduce Significativamente Infecciones por E.coli en Humanos

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Científicos de la Universidad de Glasgow, en el Reino Unido, señalan que el ganado vacuno es una de las principales vías de infección por E.coli debido a que es expulsada a través de sus heces y contamina el agua, el ambiente y posibles alimentos y la vacunación tendría un impacto muy favorable. 

Una reciente investigación ha encontrado que la vacunación de los bovinos contra la bacteria E. coli O157 podría reducir significativamente el número de infecciones en humanos de esta enfermedad en un 85%, según la revista especializada Proceedings of the National Academy of Sciences.

Esta bacteria, localizada generalmente en los intestinos de los animales, es un organismo ubicuo capaz de vivir en cualquier medio y puede producir graves enfermedades gastrointestinales en las personas, denominada enfermedad gastrointestinal grave en seres humanos, la cual se transmite por consumo de alimentos contaminados y el agua, o por el contacto con las heces del ganado en el medio ambiente y que en algunos casos pueden ser mortales. El ganado es el principal reservorio de la bacteria. Las vacunas que están disponibles para el ganado rara vez se utilizan.

El estudio utilizó data veterinaria, humana y molecular para examinar los riesgos de la transmisión de E. coli O157 del ganado a los seres humanos, y para estimar el impacto de la vacunación en el ganado.

El riesgo de infección por E. coli O157 es particularmente significativo cuando el ganado excreta un alto número de bacterias en sus heces durante un periodo limitado de tiempo. Las vacunas que existen son capaces de reducir esta fase de “súper-excreción”.

Como consecuencia de ello, los investigadores predicen que la vacunación de ganado podría reducir los casos humanos en casi 85%, muy por encima de los 50% predichos por estudios anteriores realizados sobre la eficacia de las vacunas actuales en el ganado.

Estas cifras proporcionan un fuerte apoyo para la adopción de las vacunas de la industria ganadera, y el trabajo está en marcha para establecer las bases económicas para un programa de vacunación. Además, la investigación continúa en Escocia por el mismo grupo de colaboración para el desarrollo de vacunas más eficaces que podrían reducir aún más el impacto de las enfermedades humanas.

Estudios previos plantean que en individuos sanos, si la bacteria no adquiere elementos genéticos que codifican factores virulentos, actúa como un comensal formando parte de la flora intestinal y ayudando así a la absorción de nutrientes.

El autor principal del estudio, el Dr. Louise Matthews, investigador senior del Instituto de la Biodiversidad, Salud Animal y Medicina Comparada, dijo: «E. coli O157 es una enfermedad gastrointestinal grave. El impacto económico también es grave – por ejemplo, los estudios en los EE.UU sugieren que los cuidados de la salud, la pérdida de productividad y productos alimenticios contaminados por E. coli O157 pueden producir pérdidas de cientos de millones de dólares cada año.

«El tratamiento de ganado con el fin de reducir el número de casos humanos ciertamente tiene sentido desde el punto de vista de la salud humana y, aunque se necesita más trabajo para calcular el costo de un programa de vacunación, la justificación de salud pública debe ser tomada en serio.»

En Escocia, un promedio de 235 casos positivos de E. coli O157 por año (es decir, la gente que tenía el microorganismo en sus heces) se notificaron a la oficina de Protección de la Salud desde el 2008 al 2012.

Las vacunas disponibles en la actualidad tienen una mala asimilación de resultados: una versión en los EE.UU no tiene licencia totalmente porque los medicamentos de uso veterinario deben demostrar que la salud animal mejora. Esto es problemático porque E. coli O157 no daña el ganado y evaluar el impacto del tratamiento consiste en la coordinación entre los profesionales de la salud humana y la medicina veterinaria.

El autor principal, el profesor Stuart Reid del Royal Veterinary College agregó: «Reconocemos cada vez más el hecho de que compartimos un entorno común con los animales que mantenemos – e inevitablemente con los patógenos que ellos albergan. Este estudio es un excelente ejemplo de la interfaz entre la medicina humana y la medicina veterinaria y del concepto de «Una Salud» en la acción – controlando las infecciones en los animales se puede tener un impacto favorable en la salud pública».

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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