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Uruguay Avanza Certificado Sanitario para Japón

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Exportación de carne vacuna fresca uruguaya está cerca. Los trámites para la reapertura de Japón para las carnes bovinas desosadas y maduradas, procedentes de animales nacidos, criados y faenados en Uruguay, están casi en su etapa final.

El director general de los Servicios Ganaderos (MGAP), Eduardo Barre, adelantó que se está discutiendo con las autoridades del Ministerio de Agricultura, Silvicultura y Pesca de Japón, el modelo de certificado sanitario que acompañará la exportación de carne hacia el país del sol naciente. “Estamos en el intercambio de los certificados sanitarios, discutiendo qué deben decir cada uno. Es un intercambio de temas técnicos, que ya están casi para finalizar”, destacó el jerarca del MGAP.

Una vez aprobado este paso, luego se pasará a discutir cómo se realizará la habilitación de frigoríficos, puesto que Japón no compra carne bovina fresca en Uruguay desde 2000. En esa fecha se registró la epidemia de fiebre aftosa que afectó al departamento de Artigas —Uruguay logró una regionalización del problema amparándose en el código de la OIE—, pero aún así Japón cerró definitivamente el mercado, pues es país libre de fiebre aftosa sin vacunación y Uruguay debió recurrir a la vacuna para evitar la expansión de la aftosa.

Para Barre, lo más seguro es que las autoridades niponas envíen una misión para habilitar nuevos frigoríficos exportadores para carne fresca; Hoy hay plantas habilitadas para carne cocida y productos termoprocesados.

En paralelo, los Servicios Ganaderos también están negociando los nuevos requisitos para la exportación de carne a China (el nuevo protocolo sanitario). “Irá una misión en un mes, pero ya estamos teniendo intercambios y vamos a hacer un intercambio técnico sobre el protocolo”, adelantó Barre.

“Hay cosas sobre las que ellos tienen interrogantes y se las tenemos que explicar”, agregó el jerarca, estimando a la vez que, “en principio no habría mucho cambio, aunque hay cosas que está planteando China que son muy exigentes para lo que son las normas internacionales”.

 

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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