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México Rediseña el Modelo de Identificación y Trazabilidad del Ganado

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La Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural anunció que trabaja con el sector productivo en el diseño y operación de un nuevo mecanismo de identificación de reses, lo que contribuirá a fortalecer el control sanitario del ganado bovino, su movilización, rastreabilidad y trazabilidad, y propiciar el comercio seguro de animales vivos, sus productos y subproductos. 

Detalló que el Sistema Informático de Trazabilidad de Mercancías Agropecuarias, Acuícolas y Pesqueras (SITMA) se pondrá en marcha durante los primeros meses de 2022 y será operado por el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica).

Con la operación del SITMA, la Secretaría de Agricultura cumple con los Acuerdos publicados en el Diario Oficial de la Federación, en los que se le instruye contar con el Sistema Informático para el Control de Mercancías Agropecuarias y asumir las labores de verificación, inspección y vigilancia, así como la aplicación de la Norma Oficial Mexicana NOM-001-SAG/GAN-2015.

Para definir las características del nuevo sistema, el Senasica y la Coordinación General de Ganadería han trabajado de manera conjunta con el sector productivo, encabezado por la Confederación Nacional de Organizaciones Ganaderas (CNOG), y con representantes de la industria engordadora y procesadora de cárnicos, como las asociaciones Mexicana de Productores de Carne (AMEG) y la Nacional de Establecimientos Tipo Inspección Federal (ANETIF).

El director en jefe del Senasica, Francisco Javier Trujillo Arriaga, subrayó que al Gobierno de México y los actores de la cadena productiva los une la intención legítima de incrementar las medidas sanitarias, lo cual potenciará la competitividad del mercado interno y abrirá nuevas oportunidades en los externos, principalmente en Europa, con la modernización del Tratado de Libre Comercio entre México y la Unión Europea.

Precisó que el SITMA permitirá identificar al ganado, como sucede actualmente, con la ventaja de que también se podrán registrar las actividades zootécnicas relacionadas con cada animal, como las enfermedades que ha padecido y los medicamentos, nutrientes y alimentos que se le ha aplicado.

El sistema de trazabilidad, explicó, está orientado a que el consumidor (importador, comercializador o consumidor) pueda conocer la trayectoria de un alimento, desde su origen hasta el anaquel, por lo que el Sistema registrará desde la unidad de producción (nacimiento y engorda), la planta de procesamiento, el centro de distribución y el minorista, hasta el punto de venta.

La identificación de los animales se llevará a cabo de manera individual, a través de dispositivos electrónicos infalsificables de radio frecuencia, los cuales permitirán que durante la movilización y el arribo a las unidades de engorda y sacrificio el personal verifique la información correspondiente con el número de identificador: sexo, edad, color, constancias sanitarias, avisos y certificaciones registradas en el SITMA.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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