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La Prevalencia de las Tuberculosis Bovina y Ovina en Castilla y Leon (España) se reduce en un 95% y un 50% en cuatro años

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La prevalencia de las tuberculosis bovina y ovina en Castilla y León (España)  se ha reducido desde 2006 en un 95 y un 50 por ciento, respectivamente, mientras que la incidencia de la brucelosis ha descendido en un 73 por ciento en caso del vacuno y en un 95 por ciento en el caso de la cabaña ovina.

Así se ha manifestado la viceconsejera de Desarrollo Rural de la Junta, María Jesús Pascual, durante la inauguración en Valladolid de las Jornadas ‘Actualización en Tuberculosis Bovina y Caprina’, en la que se han dado cita más de medio millar de veterinarios de la Comunidad, así como de otros puntos del país.

Pascual ha señalado que la Región mantiene niveles de prevalencia de enfermedades «muy por debajo» de otras comunidades y ha destacado en este sentido que la tuberculosis alcanza un índice de 2,75 por ciento, por detrás de otras regiones ganaderas «equiparables», como Castilla,  La Mancha (10,27 por ciento), Andalucía (8,84 por ciento) y Extremadura (3,78 por ciento).

Para la viceconsejera, estos resultados encuentran su importancia no sólo en el «óptimo estatus sanitario» alcanzado sino además en las garantías de seguridad alimentaria que confieren en un contexto en el que «la sociedad demanda cada vez más calidad, contraste y trazabilidad».

Asimismo, supone para los ganaderos españoles  mayor competitividad y rentabilidad para sus explotaciones «en un momento en que los costes de producción les están poniendo al límite».

Por todo ello, la viceconsejera Pascual ha remarcado la importancia de las jornadas que hoy se celebran en Valladolid, que servirán para actualizar los conocimientos de los profesionales veterinarios, especialmente tras las crisis sanitarias de los años 90, que obligaron a plantear un nuevo marco a nivel europeo.

Fue en el año 2000, que la Unión Europea aprobó un Libro Blanco y un Paquete de Higiene, herramientas ambas que permiten la detección en todo momento de dónde procede una carne contaminada. Seis años antes, en 1994, Castilla y León aprobó de forma «pionera» la Ley de Sanidad Animal.

El encuentro se ha organizado para dar respuesta a la necesidad de formación del colectivo veterinario ante el desconocimiento de los programas y el marco legal que se ha detectado, según ha indicado la presidenta de Avescal Servicios Veterinarios, Elena Cebada.

La Comunidad es la primera en censo de vacuno de carne y ovino y la tercera en porcino. Es además la primera productora de carne de vacuno y ovino así como de leche de ovino, y segunda en leche de vacuno.

Fuente: Europapress

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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