Noticias Internacionales

Investigadores Argentinos Producen Nuevos Probióticos para la Ganadería

Publicado

en

(2.092 lecturas vistas)

COMPARTIR

ganado2

Investigadores de la FCV-UNL – Argentina, trabajan en la producción de nuevas bacterias beneficiosas indígenas para la cría intensiva de bovinos, porcinos y aves. Son una buena alternativa a algunos antibióticos.

Investigadores de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) buscan cepas microbianas indígenas con capacidad probiótica provenientes de bovinos, porcinos y aves domésticas. La idea es mejorar los resultados productivos en la cría intensiva y prevenir algunas deficiencias sanitarias de origen microbiano. Con el tiempo podrían reemplazar a algunos antibióticos utilizados habitualmente.

El trabajo corresponde a un equipo interdisciplinario de la Facultad de Ciencias Veterinarias (FCV) y del Instituto de Ciencias Veterinarias del Litoral (ICIVET-CONICET-UNL), en el que participan tres profesores de la UNL, cuatro investigadores del CONICET y seis becarios doctorales de CONICET.

El grupo trabaja con probióticos para animales desde 1997. Hoy poseen un stock de inóculos bien identificados y que pueden ser administrados en situaciones de cría intensiva. “No tienen un efecto curativo, porque no son medicamentos. Sin embargo, los animales que están protegidos con esta microbiota benéfica tienen más oportunidades de sobrevivir ante el ataque de algún organismo patógeno”, dijo Marcelo Rosmini, que encabeza el grupo.

“En esta etapa estamos desarrollando inóculos, que se están preparando de distintas maneras para ser conservados, porque debemos estudiar cómo los administramos en condiciones de campo: procesos de conservación, formas de mantenimiento y combinaciones de distintos géneros y especies para que tengan la mejor capacidad de respuesta”, añadió.

Los investigadores trabajan con inóculos para bovinos, cerdos y aves, con distintos grados de avances. “Hay una microbiota específica para cada animal, lo que se conoce como la especificidad del hospedador, ya que hay una selección natural de los microorganismos al tubo digestivo”, continuó.

Cuando los animales están hacinados es preciso el cuidado de la microbiota, porque cualquier desbalance, ya sea un cambio de clima, un alimento que no está bien formulado o una situación de estrés, se manifiesta por el aumento de la cantidad de las deposiciones y de la liquidez, lo que provoca el arrastre de la microbiota normal. De esta manera, el suministrar microbiota buena posibilita el reemplazo de la que se pierde.

Microbiota Indígena

Rosmini destacó que microbiota indígena se denomina a los microorganismos que poseen todos los animales en los intestinos y que regulan su nutrición, ya que completan sus procesos digestivos. De hecho, hoy existen alimentos destinados a los humanos que proveen microorganismos para reparar y reponer esa microbiota.

El grupo aprovecha entonces la microbiota de los animales sanos y seleccionan las bacterias que les pueden ayudar a mantener el estado de salud en condiciones extremas.“En producción animal reconocemos dos modelos de producción: el extensivo, en el que el animal tiene libertad para moverse y buscar sus alimentos. El otro es el intensivo, en el que los animales están confinados, tienen menos posibilidad de movilizarse y el alimento se les lleva al lugar en el que son criados. En este último sistema hay problemas por el hacinamiento y, por ende, los animales son propensos a sufrir enfermedades, ya que los microorganismos que las producen proliferan rápidamente. En estas circunstancias cobra mayor relevancia el balance de la microbiota intestinal”, consideró.

“Hace unos años trabajamos en los mataderos, cuando los animales eran llevados para consumo, donde recuperamos los microorganismos, que luego hubo que separar, elegir determinados grupos y, finalmente, identificarlos. Hubo que extraer ADN y enviarlo a tipificar al exterior. Con todo ese material se conformó un cepario de bacterias, que están perfectamente identificadas y de las cuales conocemos sus propiedades. Algunas tienen la capacidad de adherirse al intestino, otras pueden generar sustancias con función antibiótica, otras simplemente estimulan los receptores inmunológicos del intestino y promueven mejores defensas. Ante la agresión de un patógeno el cuerpo está preparado”, detalló.

Según Rosmini, es un trabajo que necesita de investigadores de distintas especialidades para captar microorganismos, identificarlos, estudiar la forma de conservarlos y administrarlos a los animales, ya que los inóculos deben llegar vivos hasta el intestino. “No es una labor simple, porque el microbio debe ser consumido con el alimento. Una vez que el animal lo ingiere debe atravesar todo el aparato digestivo, teniendo en cuenta que el estómago de los monogástricos es una gran barrera”, afirmó.

Antibióticos

Rosmini agregó que los probióticos son una buena estrategia alternativa a los antibióticos: “El mundo camina rápidamente hacia la desaparición del uso de los antibióticos en pequeñas cantidades, cuando el animal no está enfermo. Con la disponibilidad de los probióticos, los antibióticos quedarán sólo restringidos a los casos de enfermedad, donde son extremadamente necesarios y específicos para determinado agente etiológico. Incluso hay varios países que ya prohibieron el uso de antibióticos cuando el animal no tiene sintomatología específica. La Argentina actualmente va en esa dirección, por lo cual necesitamos desarrollar una estrategia mucho más amigable con el ambiente y con los animales”, finalizó.

Leer más
Click para comentar

Deja un mensaje

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Noticias Internacionales

México, Centroamérica y el IICA inician estrategia contra el gusano barrenador del ganado

Publicado

en

COMPARTIR

Leer más

Noticias Internacionales

Ecuador fortalece el control para garantizar la inocuidad de la leche en su territorio

Publicado

en

COMPARTIR

Leer más

Noticias Internacionales

Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

Publicado

en

COMPARTIR

En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

Leer más

Tendencia