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Investigación coloca a las Vacas como parte de solución y no como problema en la crisis climática

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Un estudio de la Universidad de Nebraska (Estados Unidos) desmonta el mito del ganado vacuno como enemigo ambiental, pueden capturar más carbono del que emiten.

Durante años, el ganado vacuno ha sido retratado como uno de los grandes culpables del cambio climático. El metano que produce se ha convertido en argumento central para justificar políticas contra el consumo de carne y la actividad ganadera. Pero ¿qué pasa si esa idea es incompleta?

Un estudio de la Universidad de Nebraska-Lincoln (UNL), dirigido por los investigadores Galen Erickson y Tala Awada y financiado por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), desafía esta narrativa. Y lo hace con datos.

En lugar de centrarse solo en las emisiones, los científicos analizaron el balance neto de carbono: cuánto se emite y cuánto se captura en los suelos y pastos donde vive el ganado. El resultado es sorprendente. Con una buena gestión, las vacas no solo no agravan el cambio climático, sino que pueden convertirse en aliadas en su mitigación.

El metano, bajo revisión

El metano (CH₄) es un gas de efecto invernadero potente, aunque su comportamiento difiere del del CO₂. Se libera, entre otras fuentes, durante la digestión de los rumiantes. En el caso del ganado, se forma en el rumen —una de las cuatro cavidades del estómago—, donde bacterias descomponen la celulosa de los pastos.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), del metano emitido a nivel mundial tiene origen antropogénico. De ese total, alrededor del 35 % se atribuye a la actividad ganadera. Sin embargo, estudios recientes invitan a matizar estas cifras.

Datos de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), junto con publicaciones científicas internacionales, indican que una vaca promedio produce unos 200 gramos de metano al día. Esa cantidad equivale a unos 5 kilogramos de CO₂ equivalente.

Si se multiplican estas cifras por los aproximadamente 1.500 millones de vacas que hay en el planeta y por los 365 días del año, el resultado es de unas 2.500 millones de toneladas de CO₂ equivalente anuales.

Esto representa cerca del 5 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, una proporción sensiblemente menor al 15–16 % que con frecuencia se atribuye al sector ganadero.

Además, el metano tiene una vida media en la atmósfera de apenas 10 años, frente a los siglos del dióxido de carbono. Este dato limita su capacidad de acumulación y su impacto a largo plazo.

Más carbono capturado que emitido

El equipo de Nebraska comparó dos sistemas de producción ganadera:

  • Sistema convencional (CONV): pastoreo extensivo sobre pastos perennes.

  • Sistema alternativo (ALT): confinamiento parcial con alimentación basada en forrajes anuales como avena.

Con herramientas como sensores de covarianza de remolinos y seguimiento por GPS, midieron con precisión las emisiones y el carbono capturado por los suelos.

Los resultados fueron reveladores. El sistema convencional secuestró un 138 % del carbono emitido durante todo el ciclo de vida del animal, desde la gestación hasta el sacrificio. Es decir, capturó más de lo que emitió. Se comportó como un sumidero neto de gases de efecto invernadero.

El sistema alternativo también tuvo beneficios, aunque menores: logró compensar el 70 % de sus emisiones gracias al carbono retenido en los suelos de los cultivos forrajeros.

Más días de engorde, más emisiones

Más allá del tipo de sistema, el estudio subraya que es la gestión adecuada la que marca la diferencia, se observó que una rotación estacional estratégica permite maximizar el crecimiento de raíces y la acumulación de carbono en el suelo.

Estas prácticas, combinadas con el aprovechamiento de residuos agrícolas como el rastrojo de maíz y el heno, aumentan el potencial de secuestro de carbono sin reducir la productividad.

A pesar de que los animales del sistema de confinamiento parcial generaron menos metano y CO₂ por día durante la gestación, los terneros fueron más pequeños al destete y necesitaron 35 días adicionales de alimentación intensiva para alcanzar el peso de mercado. Esto aumentó las emisiones totales por kilo de carne producida, reduciendo la ventaja inicial.

Alternativas que la política ignora

Estos estudios cuestionan de forma directa las políticas que penalizan a la ganadería sin matices. Erickson advierte que «el debate sobre el ganado y el clima ha generado suposiciones erróneas», y que solo con datos fiables a largo plazo es posible comprender realmente su papel en el sistema climático.

Por su parte, Awada insiste en que «las decisiones del consumidor deben basarse en información científica rigurosa, no en prejuicios ideológicos».

Porque la realidad es que ya existen estrategias eficaces para reducir las emisiones de metano en la ganadería:

  • Selección genética de animales menos emisores.
  • Incorporación de aditivos alimentarios que inhiben la producción de metano en el rumen.
  • Rotación estratégica de pastos y aprovechamiento de residuos agrícolas.

Sin embargo, estas medidas tienen poca visibilidad en las políticas ambientales actuales, que siguen enfocadas en reducir el consumo de carne sin diferenciar modelos productivos ni considerar sus impactos reales.

Porque la investigación no busca negar las emisiones ganaderas, sino ponerlas en contexto. Con un manejo responsable, el ganado puede integrarse en un modelo climático más equilibrado y sostenible.

¿Y si la vaca fuera parte de la solución?

En un momento en que la seguridad alimentaria global y la sostenibilidad medioambiental se enfrentan en un delicado equilibrio, este estudio ofrece una vía de reconciliación entre producción ganadera y compromiso climático.

Mientras algunos promueven sustitutos sintéticos de la carne o prohíben el consumo de carne y de productos animales en nombre del clima, la ciencia ofrece una perspectiva mucho más matizada y esperanzadora.

Esta perspectiva científica sugiere otra vía: mejorar la producción en lugar de erradicarla. Porque quizá, en vez de señalar a las vacas como culpables y enemigas del planeta, haya que reconocerlas como parte de la solución.

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Un trébol reduce los gases de las vacas y la producción de metano

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3er Congreso Nacional de Producción de Burros

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El Tercer Congreso Nacional de Producción de Burros se realizará los días 23 y 24 de octubre de 2026 en la Finca Láctea El Pichanal, ubicada en Santa María, Catamarca, Argentina. El evento busca impulsar la profesionalización de la ganadería asina, el manejo sostenible y la producción de leche y carne de burro.

Detalles del Evento

  • Fecha: 23 y 24 de octubre de 2026.
  • Lugar: Finca Láctea “El Pichanal”, Santa María, Catamarca, Argentina.
  • Organizador: Finca y Estancia El Pichanal.
  • Apoyo técnico: Universidad Nacional de Catamarca.

Objetivos y Actividades

  • Promover el intercambio de conocimientos científicos y técnicos sobre la ganadería asina.
  • Exponer avances en la producción de leche de burra (pasteurizada y congelada) y derivados cosméticos.
  • Analizar el potencial de la carne asnal y el valor nutricional de los productos.
  • Introducir novedades genéticas como el burro Pêga de Brasil.
  • Dividir las jornadas en un día de campo y otro de conferencias magistrales.

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Argentina aplicará un nuevo método de diagnostico de la Brucelosis Bovina

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SENASA incorpora la prueba de inmunocromatografía de flujo lateral en leche como método oficial complementario para el monitoreo de la enfermedad.

Con el objetivo de robustecer las estrategias del Plan Nacional de Control y Erradicación de la Brucelosis Bovina, el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) actualizó la Resolución N° 438/2006 e incorporó en su sistema diagnóstico la prueba de inmunocromatografía de flujo lateral en leche como método complementario para la vigilancia epidemiológica de la enfermedad.

Con la Resolución N.° 656/2026, oficializada a través del Boletín Oficial, el organismo sanitario incluye una nueva técnica para la detección de anticuerpos de manera rápida, con alta especificidad y sensibilidad, a los fines de agilizar los tiempos de respuesta de los laboratorios habilitados.

La prueba diagnóstica, basada en un kit rápido autorizado por la Dirección General de Laboratorios y Control Técnico (DGLyCT), permite fortalecer la detección temprana en los establecimientos tamberos y ampliar la cantidad de diagnósticos disponibles para el análisis de brucelosis en leche.

Al igual que la prueba de Anillo en Leche (PAL/MRT) y el ELISA indirecto, la inclusión de este análisis resulta fundamental para los establecimientos que cuenten con estatus de libre de la enfermedad, ya que podrán escogerlo para recertificar su condición cada 90 días.

Por su parte, las técnicas rápidas en sangre (suero) se mantendrán para el uso exclusivo del personal oficial del SENASA, con excepción de aquellas circunstancias epidemiológicas que justifiquen su uso por parte de terceros, sujeto a autorización previa.

En cuanto a los análisis, la normativa establece que los mismos deberán realizarse en laboratorios habilitados que integren la Red Oficial del SENASA en línea con los procedimientos técnicos oficiales, mientras que los resultados deberán gestionarse e informarse de manera obligatoria en los sistemas informáticos oficiales que el Servicio Nacional disponga.

Con esta actualización normativa, el SENASA reafirma su compromiso con el estatus sanitario nacional, facilita herramientas para la vigilancia, el control y la erradicación de la brucelosis bovina, reduce los tiempos de diagnóstico y brinda mayor transparencia en el proceso de carga de datos oficiales.

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