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Gripe aviar H5N8: ¿Existe riesgo para los seres humanos?

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En los últimos meses de 2020 y primeros de 2021 hemos sufrido una incidencia inusualmente baja de gripe estacional debida a las medidas de distanciamiento social y prevención frente a la COVID-19. Curiosamente, ha ocurrido todo lo contrario con la gripe aviar, que lleva meses provocando brotes graves en aves de casi todo el planeta.

La gripe aviar es una de las enfermedades infecciosas que más severamente afectan a la avicultura, pues provoca elevada mortalidad y enormes pérdidas económicas. Además, los brotes causados por este virus tienen graves repercusiones en la seguridad alimentaria. En muchos países la carne y los huevos de las aves de corral son la fuente principal de proteína, y su escasez puede llevar a la desnutrición de la población.

A todo ello hay que añadir el riesgo que esta enfermedad animal representa para la salud pública, puesto que algunas cepas del virus son zoonóticas.

Es importante destacar que existen dos tipos de cepas (o “patotipos”) de gripe aviar: las de baja y las de alta patogenicidad. Estas últimas producen una infección letal en un alto porcentaje de las aves infectadas. Salvo raras excepciones, solo dos subtipos (H5 y H7) son capaces de generar cepas altamente patógenas para las aves. Algunos de ellos tienen, además, potencial zoonótico, pero hasta el momento solo dos (H5N1 y H7N9) han provocado infecciones graves en humanos.

DE LAS AVES SILVESTRES A LAS DOMÉSTICAS

El reservorio natural del virus lo constituyen las aves silvestres, principalmente las relacionadas con ambientes acuáticos como los patos, gansos, cisnes y gaviotas. Por norma general, en estas aves los virus de la gripe circulan sin causar ninguna enfermedad.

Sin embargo, cuando uno de estos virus de los subtipos H5 o H7 se introduce en una explotación avícola sufre un proceso de adaptación a las especies domésticas. Entonces se producen una serie de mutaciones que pueden llegar a transformar una cepa poco patógena en una de alta patogenicidad.

Es esto lo que ha estado ocurriendo en los últimos meses en numerosos países europeos y también en África, Asia y Australia. Una cepa H5N8 ha causado estragos en la industria avícola y provocado la muerte de cientos de miles de aves de corral, bien por efecto directo de la infección o como medida de control para contener el avance de la enfermedad.

Curiosamente, esta cepa también ha afectado gravemente a algunas especies de aves silvestres. Esto es algo excepcional: como comentaba antes, raramente la infección causa síntomas clínicos en aves salvajes. De hecho, solo en otras dos ocasiones la gripe aviar había tenido un impacto grave sobre la fauna silvestre: a principios de los 2000 con la famosa gripe zoonótica H5N1 y en 2016-2017 con otro virus del mismo subtipo que el actual que causó casi mil brotes en aves salvajes en Europa.

Desde 2017 apenas se habían declarado nuevos casos, pero en 2020 se produjo una nueva oleada. Los primeros se notificaron en agosto en Rusia y desde entonces, continuos brotes se han ido produciendo en Europa, hasta afectar a 25 países, incluida España que ha declarado tres brotes en aves silvestres en Cantabria, Zamora y Gerona.

La vía principal de entrada del virus en una explotación avícola es el contacto directo o indirecto (a través del agua contaminada) con las aves silvestres infectadas. De hecho, en muchas ocasiones se puede establecer un solapamiento muy claro entre las rutas migratorias de las aves y la aparición de los casos en las granjas. Por ello, las autoridades veterinarias han hecho tanto hincapié estos meses en la obligatoriedad de mantener a las aves domésticas en espacios cerrados para evitar así el contacto con la fauna silvestre.

Una vez el virus es introducido en una granja, la transmisión entre las aves es rapidísima y es prácticamente imposible pararla, por eso el aumento de las medidas de bioseguridad es una de las claves principales de la prevención.

PRIMEROS CASOS EN SERES HUMANOS

Desde que se detectó por primera vez este subtipo de gripe aviar en 2014 nunca se habían producido casos de infección en personas. Esto a pesar de que ha habido una alta exposición, especialmente en los profesionales relacionados con el manejo y control de los brotes en aves como trabajadores de granjas y mataderos y veterinarios.

Sin embargo, en febrero de 2021, Rusia notificó los primeros casos de infección en humanos por la cepa H5N8. Se trata de siete trabajadores de una gran explotación avícola (con 900 000 aves) que sufrió un grave brote de la enfermedad. Ninguno de ellos desarrolló síntomas y no se ha producido transmisión de persona a persona.

El ECDC realizó recientemente un estudio para evaluar el riesgo que esta cepa supone para la salud humana y concluyó que el riesgo zoonótico es muy bajo para población general y bajo para los profesionales del sector avícola. Aun así, este hallazgo ha hecho saltar las alarmas porque demuestra una vez más la enorme capacidad de adaptación de los virus de la gripe aviar y la amenaza constante que suponen para la salud humana.

Muchos virólogos se sorprendieron cuando se demostró que un coronavirus estaba detrás de la actual crisis sanitaria, ya que todas las apuestan se dirigían a un virus de la gripe. A pesar de la COVID-19, la amenaza de la gripe sigue presente y estos brotes en aves cada vez más frecuentes y virulentos lo constatan. El estudio interdisciplinar de los virus zoonóticos en la interfaz entre fauna silvestre, doméstica y humanos debe ser una absoluta prioridad si queremos estar preparados para la próxima pandemia.

Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation por Elisa Pérez-Ramírez, viróloga veterinaria en el Centro de Investigación en Sanidad Animal (CISA), Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria (INIA)

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Desarrollan una molécula que podría disminuir la carga de Escherichia coli en bovinos

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Investigadores del Instituto de Agrobiotecnología y Biología Molecular (IABIMO) y el Instituto de Patobiología Veterinaria (IPVET) desarrollaron una molécula innovadora que podría ayudar a disminuir la presencia de Escherichia coli en el ganado y reducir el riesgo de contaminación de alimentos y agua. El avance apunta a prevenir casos de Síndrome Urémico Hemolítico, una enfermedad que afecta especialmente a niños.

Con aproximadamente 500 casos por año en la Argentina, el Síndrome Urémico Hemolítico (SUH) es la primera causa de insuficiencia renal aguda pediátrica en el país y la segunda de insuficiencia renal crónica. El principal agente causante es Escherichia coli enterohemorrágica (EHEC) con serotipo O157:H7, una bacteria cuyo principal reservorio son los bovinos. El ganado generalmente no se enferma, pero excreta la bacteria de forma intermitente a través de sus heces, contaminando pasturas, fuentes de agua y, eventualmente, algunos alimentos. Los terneros jóvenes y los animales en etapa de destete son los mayores excretores.

“El principal objetivo era generar anticuerpos que bloqueen el mecanismo de virulencia de esta bacteria para evitar que colonice el intestino de la vaca y que los bovinos dejen de contaminar el ambiente y alimentos”, explicó Mariano Larzábal, investigador del IABIMO (INTA-CONICET).

Después de más de una década de investigación, el equipo identificó dos proteínas clave del sistema de secreción de tipo III (SST3) de EHEC — denominadas EspB e Intimina como los blancos más eficaces para bloquear la colonización intestinal del ganado. Los experimentos iniciales, tanto in vitro como en animales demostraron que anticuerpos dirigidos contra estas proteínas eran capaces de neutralizar uno de los mecanismos de virulencia de la bacteria y reducir significativamente su excreción fecal.

La forma que aplicaron fue fusionar ambas proteínas en una única molécula artificial: Quimera. “La llamamos Quimera porque es la combinación de dos proteínas distintas en una sola molécula que, como tal, no existe en la naturaleza”, comentó Ángel Cataldi, investigador del IABIMO y uno de los impulsores del proyecto.

En ensayos preliminares de respuesta inmune se comprobó que la Quimera proteica es capaz de generar respuesta a nivel de anticuerpos en bovinos y que estos anticuerpos, además de reconocerla, también son capaces de reconocer a las proteínas originales por separado y mantienen la capacidad de disminuir la acción de EHEC O157:H7 en cultivos celulares.

Uno de los desafíos históricos de las vacunas anti-EHEC ha sido convencer al sector ganadero de su utilidad: el bovino no es usualmente afectado por esta bacteria, por lo que vacunar implica un costo sin beneficio directo visible para el productor.

Teniendo en cuenta estos planteos, se ha pensado una alternativa de vacuna que podría mejorar su receptividad y hacerla más económica que una constituida únicamente por subunidades recombinantes. Esto implicaría la expresión de la molécula quimérica en la membrana externa de una bacteria que ya forma parte de una formulación vacunal de interés pecuario, para que de ese modo quede disponible en el exterior del microorganismo y pueda ser detectada por el sistema inmune del animal y no genere un gasto extra para el productor.

El desarrollo ya superó las etapas de laboratorio y modelos animales pequeños. Se está trabajando en la fase de bacterias recombinantes que expresen la quimera. Los resultados preliminares son alentadores y se espera que en la siguiente etapa se pueda probar en animales a campo.

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