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El Silo de Maíz, un suplemento efectivo para el Ganado Lechero

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El maíz contiene entre 8% y 10% de fibra para bovinos. La calidad de la leche es sensible a los cambios de alimentación de la res.

“El ganado solo necesita buen pasto, buena agua y buenas sales”, es una frase que se repite constantemente entre los ganaderos. Pero, la realidad es muy diferente porque con frecuencia se presentan múltiples circunstancias que cambian las condiciones y obligan a utilizar complementos alimenticios para lograr la productividad o los rendimientos esperados.

El pasto no siempre es suficiente en cantidad o calidad y factores como inviernos fuertes o veranos prolongados, entre otros, perjudican su crecimiento y ocasionan daños irreparables. Entonces, ante la escasez, es necesario acudir a otra clase de alimentos o suplementos para que los animales logren sus objetivos de producción lechera, aumento de peso, reproducción, entre otras.

Por ejemplo, en lecherías, la calidad de la leche es demasiado sensible a los cambios de alimentación de las vacas y por eso debe haber un complemento cuando no hay pasto o el que hay es de baja calidad.

Existen los concentrados producidos por diferentes empresas en el país, que presentan al gremio ganadero una gran variedad de fórmulas balanceadas de proteínas, grasas, fibras, minerales y otros elementos. Los concentrados son el complemento perfecto porque se acomodan a las necesidades específicas del ganado según su edad, su sexo, su objetivo de producción y su alimentación.

Empresas como Solla, Contegral, Finca, Colanta y otras más, presentan generosos portafolios de productos para todas las necesidades. Sin embargo, los ganaderos saben que un animal no puede alimentarse sólo con concentrado, ya que no es viable económicamente.

“En alta producción de leche en clima frío, si el pasto no alcanza, hay que suplementar con concentrado, dependiendo del tipo de vaca. El concentrado es excelente, pero no se puede mantener una vaca sólo con concentrado, no es negocio”, afirma Johana Klinkert, administradora de empresas agropecuarias. Para ella, la mejor fórmula es “además del concentrado, suplementar en invierno con heno, pasto peletizado o pasto fibroso y en verano con fibra, que se encuentra en los silos de maíz o de naranja”.

Además, recalcó que hay algunas empresas de concentrados que están ofreciendo un producto fibroso como complemento, sin embargo, señala que en clima frío siempre será necesario el complemento con cuido, el cual es muy efectivo, pero más costoso.

Por eso, cuando se trata de complementos, los silos siguen siendo una gran alternativa por sus características nutricionales y su relación costo beneficio.
Para Raúl Díaz, zootecnista y asesor de fincas ganaderías en la Costa Atlántica, “cuando el ganado se ve muy mal de pastos por heladas, sequías etc., lo más normal es suplementar con silos de maíz o de sorgo. En Colombia en este momento el silo más común es el de maíz, es el más asequible económicamente y el que se consigue más fácil”.

En tierra caliente, el silo manda la parada. Juan Carlos Villegas, ganadero en el Magdalena Medio, aseguró que, “en épocas de escasez, en un verano fuerte, le echamos mano al ensilaje de maíz forrajero, bien sea que lo logremos producir en la propia finca o que se lo compremos a terceros”.

Los silos son almacenamientos y mezclas de diferentes productos vegetales como el maíz, la soya, el sorgo o incluso cáscaras de frutas o leguminosas que se guardan compactadamente, se fermentan y se mezclan con otros ingredientes como melaza para crear un suplemento alimenticio de fácil manejo, almacenamiento y gran valor nutricional.

“En zonas donde hay producción o beneficio de frutas, hay quienes utilizan las cáscaras de los cítricos. Las cáscaras de los bananos”, afirma Miguel Gutiérrez Botero, veterinario y ganadero de Caldas, cuyos animales pastan en las montañas del Nevado del Ruiz. Pero advierte que la pregunta siempre debe ser: ¿qué disponibilidad de alimento adicional hay en la zona?, porque nosotros tenemos unos fletes que por lo costosos dañan todos los presupuestos”.

Hay otras alternativas en el mercado que suplen durante la carencia de pasto: está el heno que puede tener origen en leguminosas o follaje como el matarratón. También semillas como la de algodón y harinas de maíz.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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