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El Gran Reto de la Ganadería: Cambiar hacia Prácticas que Reducirían a la Mitad las Emisiones de Gases no CO2

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Cambios en las Buenas Prácticas Ganaderas (BPG) y en la dieta con respecto a la carne y los productos lácteos podrían reducir las emisiones del sector hasta la mitad para 2050. El sector agrícola es la mayor fuente mundial de emisiones de gases de efecto invernadero que no son CO2.

El investigador de IIASA (Instituto Internacional de Análisis de Sistemas Aplicados) Stefan Frank dirigió al equipo que hya llevado a cabo el primer análisis detallado de la mitigación agrícola sin CO2 utilizando una combinación de cuatro modelos económicos globales diferentes y evaluó el potencial de reducción.

Utilizaron el precio del carbono en los modelos para estimar el potencial de mitigación de cada opción, aunque Frank enfatiza que los impuestos al carbono realmente no se consideran un instrumento de política probable para el sector agrícola.

“Obtenemos información sobre la contribución de las diferentes opciones de mitigación en todas las regiones e identificamos estrategias sólidas de reducción de emisiones, tanto en el lado de la oferta como de la demanda”, explica en un comunicado. Los esfuerzos en el sector agrícola solo podrían reducir hasta el 15 por ciento de las emisiones de metano agrícola y óxido nitroso para 2050, un total de 0,8-1,4 gigatoneladas de dióxido de carbono equivalente por año (GtCO2e/a), a un costo ya bajo de 20 dólares/t CO2e. Los cambios en la dieta en los países que consumen demasiado podrían contribuir con reducciones adicionales de 0,6 Gt CO2e/a, una reducción total de las emisiones del 23 por ciento.

Los científicos utilizaron el Modelo de Gestión de la Biosfera Global (GLOBIOM, por sus siglas en inglés), desarrollado en IIASA, y CAPRI, IMAGE y MAGNET, desarrollado por la Universidad de Bonn (Alemania), ‘PBL Netherlands Environmental Assessment Agency’ y la Universidad de Wageningen, en Países Bajos, respectivamente, para modelar ocho trayectorias de precios de carbono que varían desde 20 dólares/t CO2e emitido, hasta 950 dólares/t CO2e para 2050 para estimar el potencial de reducción de emisiones económicas del sector. Se cree que esta cifra más alta es el precio necesario para cumplir con el objetivo de estabilización del clima de 1,5° C en todos los sectores de la economía.

Con los precios de carbono más altos de 950 dólares/t CO2e, la agricultura podría lograr reducciones de emisiones de 3,9 Gt CO2e/a para 2050, un 50 por ciento más bajo que el escenario de referencia sin esfuerzos de mitigación del cambio climático. En la actualidad, las emisiones de metano y óxido nitroso de la agricultura representan el 10-12 por ciento de las emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero, y el porcentaje está creciendo, en gran parte gracias al mayor uso de fertilizantes sintéticos y los rebaños de rumiantes en crecimiento.

Desde 1990, las emisiones han aumentado en un tercio, pero los datos muestran que la producción ha subido en un 70 por ciento, por lo que la agricultura se está volviendo más eficiente con el tiempo. Sin embargo, si el mundo cumple con el objetivo de estabilización climática de 1,5° C establecido en el Acuerdo de París, estas emisiones deberán caer.

Carne y Lácteos, Industrias muy Intensivas en Gases de Efecto Invernadero

Las industrias de carne y productos lácteos son muy intensivas en gases de efecto invernadero, y en todos los modelos y escenarios de precios del carbono, tenían el potencial de contribuir con más de dos tercios del potencial total de mitigación en la agricultura.

Frank y sus colegas identificaron tres áreas para la mitigación en el lado de la oferta: opciones técnicas como suplementos de alimentación animal para mejorar la digestibilidad del alimento o digestores anaeróbicos, opciones estructurales que son cambios más fundamentales para la agricultura, como modificaciones en las carteras de cultivos y ganado, y efectos en la producción, como cambios en los niveles de producción.

Las opciones del lado de la demanda involucraban a los consumidores en países desarrollados y emergentes que cambian a dietas con menos productos animales. “Dirigir las medidas de mitigación hacia un número limitado de regiones, como África, China, India y América Latina, y productos como la carne y la leche, que se caracterizan por intensidades de emisión relativamente altas, permitirían un ahorro sustancial de emisiones en el lado de la oferta”, explica Frank.

Los modelos muestran que a medida que los precios del carbono aumentan, las opciones técnicas y estructurales se agotan, después de lo cual se pueden lograr reducciones de emisiones mediante la disminución de la producción y el consumo de productos intensivos de gases de efecto invernadero, como la carne y los productos lácteos.

Estos cambios en la dieta tendrían un beneficio adicional. A medida que disminuye la demanda en los países que consumen demasiado, se emiten menos óxidos nitrosos y metano, al mismo tiempo que también se produce una distribución más equilibrada de la ingesta de calorías de la carne y los productos lácteos en más regiones del mundo con beneficios para la seguridad alimentaria.

“Los modelos coinciden en que el cambio en la dieta puede contribuir solo a una parte de los esfuerzos necesarios para alcanzar el objetivo de estabilización del clima de 1,5 ° C y los responsables de la formulación de políticas no deben olvidarse de las medidas de producción que, en este estudio, proporcionan la gran mayoría del potencial de mitigación”, aconseja un investigador de IIASA y coautor de este trabajo Petr Havlik.

“La comparación entre múltiples modelos también muestra que todavía hay incertidumbres sustanciales en el nivel de referencia de desarrollo de emisiones sin CO2 y el potencial de mitigación relacionado. A menos que se reduzcan estas incertidumbres, deberán incluirse en los planes de despliegue de tecnologías de emisiones negativas”.

Dado que los países deberán monitorizar periódicamente el progreso y hacer un balance de la implementación del Acuerdo de París, los conocimientos proporcionados en el estudio podrían ayudar a los responsables de las políticas a identificar las prioridades de mitigación regionales en el sector y comprender mejor la contribución potencial de la agricultura.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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