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Dohne Merino: Genética Ovina para la Producción de Carne

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Esta raza de ovinos doble propósito de origen sudafricano, presenta buena adaptación climática y alta tasa de crecimiento, destacando por sus atributos cárnicos y la finura de sus lanas. El artículo cuenta la experiencia Argentina con esta raza.

Desarrollada en Sudáfrica en 1939 como resultado de la cruza de ovejas Merino Peppin y carneros Merino Alemán de Carne, la raza Dohne Merino fue introducida en Argentina, hace una década por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria del país gaucho (INTA Chubut) a partir de la importación de embriones. Desde ese entonces, la raza doble propósito se convirtió en una alternativa para los productores que querían obtener carne y lana de alta calidad. Los técnicos compartieron toda la información sobre aquella en las jornadas del 18 y 19 de marzo en Trelew, Chubut.

Entre las bondades de la raza, Alejandro Vozzi –profesional en genética del INTA Chubut– destacó que se trata de una raza con buena adaptación a condiciones marginales de producción, alimenticias y climáticas.

Además, una buena habilidad materna de las ovejas Dohne Merino determina mayores índices de sobrevivencias al destete de los corderos, los cuales presentan altas tasas de crecimientos y excelente conformación carnicera. En consecuencia, al momento del destete, los corderos alcanzan 32 kilos de peso vivo en ambientes patagónicos con un peso promedio en ovejas adulto que varía entre 55 y 65 kilos.

Por su parte, la lana producida por estos animales es otra característica diferencial, ya que sus atributos de finura, color y estructura la posicionan por su calidad, con una valoración diferenciada en el mercado. Estos animales producen entre 3 y 6 kilogramos de lana Merino con una finura que oscila entre los 18 y 22 micrones.

De acuerdo con Carlos Cejas –productor ovino de la zona de Malaspina, al sureste de Chubut–, la Dohne Merino es “ideal para agrandar la hacienda” porque es un animal que crece bien y rápido. “Se logran corderos más grandes, bien carniceros, lo que permite una buena introducción de la carne en el circuito comercial local”, explicó.

“Además, –detalló Cejas– la raza posibilita la obtención de lana fina de buena calidad, lo que permite un ingreso de capital mayor por cada animal que se produce y, así, continuar con la inversión en animales para reposición”.

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Foto. Esta raza doble propósito presenta buena adaptación climática y alta tasa de crecimiento, además se destaca por sus atributos cárnicos y la finura de sus lanas.

Genética Registrada

La Asociación Argentina Criadores de Merino (AACM) es la responsable del control de los libros de genealogía y, al mismo tiempo, de la ejecución de los programas de mejora genética. En la actualidad, se encuentran inscriptas siete cabañas y la genética generada en estos establecimientos es utilizada en todo el país.

Todos los animales inscriptos en los libros genealógicos de la raza como puro de pedigree, además de poseer la información genealógica, son clasificados visualmente por un inspector habilitado y requieren de evaluación genética.

“Con esta metodología de trabajo se espera que los usuarios de esta genética tengan acceso a la información, lo que les permitirá realizar una selección más eficiente en sus planteles y maximizar las bondades de esta raza en esquemas de cruzamientos”, señaló Vozzi.

En la actualidad, todas las cabañas que participan del programa de mejora genética cuentan con información fenotípica y genética (DEPs e Índices) de todos los animales de su plantel, identificación de animales mejoradores, a partir de una evaluación genética inter rebaño e intra rebaño.

Además de la tendencia genética de cada plantel y de la población para cada característica evaluada e información genética y genealógica que a futuro permitirá vincular la evaluación genética nacional con otros países donde se crie la raza.

“Si bien el programa de mejora genética se encuentra en una etapa inicial –advirtió Vozzi– ya se dispone de aproximadamente 90 padres y de 1.400 animales con evaluación genética”.

El especialista del INTA, quien trabaja en la selección y multiplicación de ejemplares de la raza en distintos puntos del país, precisó que el INTA –mediante el Servicio Nacional de Evaluación Genética de Rumiantes Menores del Programa Ovino– evalúa y colabora con la Asociación Argentina Criadores de Merino en el desarrollo, implementación y difusión del programa de mejora genética.

Una característica diferencial del Dohne Merino, respecto a otras razas en la Argentina, es la posibilidad de que, aquellos animales provenientes de esquemas de absorción con planteles Merino Puro Registrado pueden ser incorporados al libro genealógico de la raza y ser considerados como Puros de Pedigree después de 3 generaciones de absorción, lo que se conoce como pedigree abierto.

En este sentido, Andrés Buffoni –jefe de Grupo de Ganadería Extensiva del INTA Chubut– remarcó: “Esto permite ampliar la base de selección –ya que animales genéticamente superiores con un estándar racial proveniente del esquema de absorción pueden incorporarse a los libros genealógicos y aumentar el número de madres en los planteles de cría”.

Buffoni ponderó el uso permanente de la información genética generada en los programas de mejoramiento genético, lo que sin duda determina que se mantengan los atributos de un doble propósito (carne y lana de calidad).

“Si la selección se realizara de manera subjetiva, con el tiempo podríamos volver a un animal especializado en la producción de lana o de carne, pero se perderían los atributos de un doble propósito”.

Dohne Merino en Trelew

Reunidos en la Sociedad Rural Valle del Chubut de la ciudad de Trelew, el 18 y 19 de marzo técnicos y especialistas del INTA y otros organismos afines compartieron todo el conocimiento obtenido tras una década de la raza Dohne Merino en la Argentina.

Entre las exposiciones destacaron las de Roberto Cardellino –profesional reconocido en el sector ovino mundial, actual consultor privado y que trabaja en la consolidación de la raza Dohne Merino en Uruguay–.

Asimismo, habrá dinámicas en las que los productores y profesionales podrán participar de un ejercicio de reconocimiento de la raza mediante una capacitación de sus principales criterios de clasificación.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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