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Coronavirus en Argentina: “Lo que viene es un trabajo complejo hasta probar la ivermectina en humanos”

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Jorge Errecalde, vicepresidente de la Academia Nacional de Veterinaria, analiza el potencial del antiparasitario muy usado en sanidad animal, que en Australia controló al Covid-19 en ensayos de laboratorio.

El hallazgo de que la ivermectina, un antiparasitario muy utilizado en animales, mata el coronavirus en 48 horas, sacudió el mundo de la medicina mundial. Y se sintió bien de cerca en Argentina, sobre todo en el ámbito ganadero, por ser un producto usado hace varios años en la ganaderia.

El descubrimiento fue obra del equipo del Biomedicine Discovery Institute (BDI) de la Universidad de Melbourne, Australia, junto al Peter Doherty Institute of Infection and Immunity, y al respecto opinó el médico y veterinario Jorge Errecalde, vicepresidente de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria. “En el marco de una pandemia pueden acelerarse algunos protocolos, pero no hacer milagros. Hay que ser serios, no se pueden generar falsas expectativas en estos temas, normalmente el desarrollo de un fármaco lleva años”, afirmó el profesor titular de Farmacología en las Facultades de Veterinaria y de Medicina de la Universidad Nacional de La Plata.

¿Para qué se usa específicamente la ivermectina en ganadería?

La ivermectina es un fármaco que desde la década del 80 esta siendo usado y ha cambiado la historia de la farmacología en los animales. A lo largo de los años fueron apareciendo otras indicaciones, es un fármaco que se usó en seres humanos en África para la ceguera de los ríos, o para combatir la pediculosis, por ejemplo. Se sigue usando en medicina humana pero no ampliamente.

¿Qué fue lo que se descubrió ahora?

En los últimos años han aparecido trabajos que demuestran que la ivermectina puede ser eficaz en determinadas virosis. Pero en su momento quedaron como hallazgos de laboratorio hasta que hace menos de una semana los australianos publicaron el trabajo que movió el avispero. Y en el trabajo lo que hicieron fue poner en contacto células en una especie de tubo de ensayo, las infectaron con el virus en una concentración determinada e introdujeron ivermectina a distintas concentraciones. Luego midieron la respuesta en 24 y 48 horas y tuvieron un resultado que seguramente los sorprendió porque hubo alta eliminación del virus. Con ese hallazgo en estas circunstancias que estamos viviendo, lo publicaron inmediatamente.

«En el marco de una pandemia, se pueden acelerar procesos pero no hacer milagros», afirma Errecalde.

¿Cómo repercute este hallazgo en Argentina? ¿Por qué se vive tan de cerca?

En el hemisferio sur es donde se usa más por la concentración ganadera. Argentina debe ser el país que más formulaciones de ivermectina de uso animal aprobadas tiene en el mundo, y por eso generó expectativas muy grandes.

¿Y cómo sigue esto ahora?

La realidad es que las concentraciones que usaron en el experimento donde demostraron que el fármaco es eficaz son muy altas y difíciles de alcanzar in vivo, porque habría que introducir el fármaco a concentraciones altísimas que serían tóxicas para el paciente. Entonces, hay que bajar dos cambios porque falta muchísimo para que puede encontrarse la medida justa, es decir, hasta dónde bajar la dosis sin que pierda su poder de acción contra el virus.

¿Cuáles serían los pasos a seguir?

Lo que se hizo in vitro hay que empezar a replicarlo, porque lo que encontró es en una línea celular, un tipo de célula, con un aislamiento australiano que podría ser o no similar al del resto del mundo, porque el virus sabemos que es capaz de mutar. Entonces, estamos partiendo de una primera idea. Una demostración elemental de eficacia. Para el uso en humanos falta mucho. Primero habría que confirmar los resultados del experimento, determinar con una curva de distintas concentraciones cuál es la concentración más baja de fármaco que tenga efecto deseado. Por eso, el descubrimiento es una pequeña llave para abrir la puerta de un castillo. Ahora hay que seguir probando llaves para abrir el resto de las puertas. Si todo funciona en el laboratorio hay que pasar a probar en modelos animales y si esto confirma que funciona para matar el virus y no es tóxico, recién a partir de ahí podés empezar experimentos en voluntarios humanos. Que también llevan tiempo, porque hay que armar una serie de protocolos de selección de pacientes, uso del fármaco, obtener autorizaciones, etc. Obviamente, en el marco de una pandemia, en que no hay terapia eficaz disponible, los plazos de desarrollo y aprobaciones deberían acortarse, pero nada de eso es inmediato.

¿En cuánto tiempo se podría llegar a tener un fármaco en base a ivermectina factible de ser utilizado para combatir el COVID-19?

En condiciones normales se necesita mucho tiempo de desarrollo. La verdad que lo que se viene es un trabajo complejo hasta llegar a probar en humanos y luego hasta corroborar que en humanos realmente funciona, en cuantas dosis y durante cuánto tiempo sin efectos negativos. Estamos hablando de meses, incluso de años, para que el fármaco llegue a ser aprobado como antiviral para combatir la Covid-19. En las actuales condiciones se puede acelerar un poco, pero tampoco se pueden hacer milagros si se hacen las cosas bien. La gran ventaja de la ivermectina es que ya está aprobada para su uso humano y existen formulaciones en el mercado. Pero hablamos ahora de una nueva indicación, un nuevo mecanismo, dosis totalmente diferentes a las que se han venido usando y posible toxicidad del fármaco.

¿Cuál es su visión de otros fármacos que se están usando para combatir a Covid-19?

Hoy todo lo que se está probando en el mundo son paliativos, son fármacos que usan los médicos para mantener al paciente con el mayor confort posible mientras transita la enfermedad. Se usan fármacos que no estas seguro de su efecto como la cloroquina en combinación con la azitromicina, y otros antivirales que fueron eficaces frente a otras virosis. Dicen que funcionan, pero no hay un protocolo desarrollado para comprobar realmente esto. Hay mucha subjetividad.

¿Y qué diferencias hay entre la ivermectina y lo que se hace con la azitromicina y la cloroquina?

Tenemos un indicio de laboratorio de que funciona, pero a dosis muy altas. Con los otros fármacos no hay resultados de este tipo, con algunos antivirales se obtuvieron buenos resultados frente a otros virus parecidos, pero no con el virus de la Covid-19. Una ventaja es que la ivermectina en nuestro país y otros del mundo está aprobada para su uso en humanos en formulaciones orales (antihelmíntico) y tópicas (pediculosis). Entonces hay un régimen de dosis aprobado de ivermectina que es similar en cantidad por kilo a la dosis que usamos en animales. Pero esa dosis aprobada es mucho más baja que la que reportaron los australianos en su trabajo.

¿Cómo es el mecanismo de acción de la ivermectina para “domar” al virus?

No es el mecanismo clásico de antiparasitario, es otro mecanismo, de competencia por un transportador o vehículo que es el que usa el virus para llegar al núcleo de las células. Entonces, la ivermectina no ataca al virus. Es así: los virus se introducen dentro de las células y de ahí van al núcleo interfiriendo el ADN de la célula y poniéndolo a funcionar para ellos. Así, las células, en vez de sintetizar proteínas celulares empiezan a sintetizar partículas virales. Ahora bien, ¿Cómo hace para entrar el virus al núcleo de la célula? Se fija a una proteína importina que le permite entrar al núcleo y ahí hace el desastre. Lo que hace la ivermectina es apropiarse, bloquear la importina, impidiendo que el virus se fije a ella y pueda entrar al núcleo. Es una competencia.

Si todo evoluciona favorablemente, ¿Hay capacidad de respuesta de la industria que produce la ivermectina pensando que sería para tratar a la población mundial?

Las plantas de producción de ivermectina son enormes. Es un producto con un paso de semisíntesis y después uno de fermentación. Esto es, la ivermectina la produce un microorganismo que fue aislado del suelo. Este produce una serie de metabolitos entre los que está la abamectina, y a partir de ésta, con un paso de síntesis se forma la ivermectina. Esto, que era un proceso complejo hace 40 años cuando se descubrió, hoy está muy estandarizado, de hecho, el precio por kilo ha ido bajando a lo largo de los años. Por eso, en caso que se fuera a utilizar para el virus de la COVID-19, no creo que vaya a haber un problema de abastecimiento de ivermectina.

¿Cuán optimista es respecto del uso de la ivermectina para hacer frente a el Covid-19?

Como mencionamos antes, que se apruebe el uso de la ivermectina para tratar la COVID-19, requerirá tiempo. En primer lugar, hay que confirmar que el fármaco sirva para eso. Y luego definir su forma de uso, hablo de dosis, vía de administración, intervalos entre dosis y tiempos de tratamiento en los distintos tipos de pacientes. Si las autoridades aprueban protocolos de uso experimental del fármaco, en un tiempo razonable se podrían tratar algunos enfermos, pero hay que redactar los protocolos, hay que tomar una serie de decisiones que no pueden ser apresuradas. Por eso, no creo que apurarse en este tema sea lo más razonable. También es importante alertar a la población sobre el peligro del uso de productos veterinarios en personas. Es algo que no se debe hacer porque no solo no tienen efectos comprobados, sino que pueden resultar peligrosos para la salud. En cuanto a las formulaciones que contienen ivermectina para uso humano, tampoco deberían usarse sin prescripción, dado que no se sabe que régimen de administración habría que seguir, ni siquiera se sabe si tienen algún efecto sobre el virus de la COVID-19.

¿Cómo puede terminar la película del coronavirus?

La pandemia de Covid-19 tiene distintas posibilidades según lo veo yo. Hay que saber que todas las pandemias se agotaron solas. Porque tienen un mecanismo repetido: enferman una gran cantidad de gente. Los que no se enferman no lo hacen porque son resistentes o son pacientes que cursan leve o asintomáticamente. Por otro lado, los mal defendidos o inmunosuprimidos fallecen y finalmente están los que enferman y curan. Este es el curso normal. Con el coronavirus va a ocurrir también. Va a dejar mayor o menor cantidad de muertos pero la pandemia va a pasar. El virus puede seguir tres caminos: mutar, desaparecer y no volver; ser estacional, cíclico, como la gripe común y los resfríos, que aparecen en el invierno generan algunos casos y decrecen en primavera-verano; finalmente, si se tuviera una vacuna, cambiaría el escenario y las condiciones epidemiológicas, esa sería la solución.

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En Chile investigación busca desarrollar herramienta para enfrentar la mastitis bovina

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La mastitis bovina es una de las principales enfermedades que afectan al ganado lechero y puede generar importantes consecuencias para la producción, la calidad de la leche y la salud de los animales. En las regiones de Los Ríos y Los Lagos, donde se concentra el 82 por ciento de las vacas lecheras del país, esta problemática adquiere especial relevancia para una de las principales actividades productivas del territorio.

Oriunda de Llanquihue, Macarena Núñez Campos, llegó a Valdivia en 2019 para estudiar Bioquímica en la Universidad Austral de Chile (UACh), pero su interés por la ciencia comenzó mucho antes. “De niña me gustaban mucho las clases de ciencias naturales y, a medida que fui creciendo, mis ramos favoritos pasaron a ser biología y química”, recuerda. También guarda especial recuerdo de sus experiencias en el laboratorio de su colegio y de su participación en ferias científicas, espacios que despertaron tempranamente su curiosidad y fueron fundamentales para descubrir que quería dedicar su vida profesional a la ciencia.

Hoy, esa vocación se refleja en una investigación que busca aportar una nueva herramienta para la detección de los microorganismos responsables de la mastitis bovina.

La reciente graduada del Magíster en Ciencias mención Microbiología de la Facultad de Ciencias de la UACh, desarrolló su investigación en vinculación con Laboratorios y Servicios Veterinarios Valdivia Limitada (Lavet), enfocándose en el desarrollo y evaluación de un método diagnóstico basado en una técnica molecular denominada LAMP (Loop-mediated isothermal amplification. El objetivo fue detectar de manera rápida y específica cinco patógenos asociados a la mastitis bovina: Staphylococcus aureus, Streptococcus uberis, Escherichia coli, Mycoplasma bovis y Prototheca bovis. Los dos últimos son considerados agentes emergentes de especial interés debido a las dificultades que pueden presentar para su diagnóstico y control.

“Mi tesis consistió en desarrollar y evaluar un nuevo método diagnóstico para la detección rápida y específica de cinco patógenos causantes de mastitis bovina. El método se basó en una técnica molecular denominada LAMP, que permite amplificar y detectar material genético de los microorganismos de manera rápida y sin requerir necesariamente el equipamiento sofisticado que utilizan otras técnicas moleculares convencionales”, explica Macarena.

Un desafío para la producción lechera regional

La mastitis es una enfermedad que afecta directamente la productividad de los rebaños. Puede disminuir la producción y calidad de la leche, aumentar los costos asociados al tratamiento y en casos más severos, comprometer la salud y la futura productividad del animal. Contar con herramientas que permitan identificar oportunamente el microorganismo responsable de una infección puede contribuir a mejorar las decisiones sanitarias y avanzar hacia tratamientos más específicos.

“En Chile, esta problemática cobra especial relevancia en las regiones de Los Ríos y Los Lagos, donde se concentra el 82% de las vacas lecheras del país. Por lo tanto, cualquier enfermedad que afecte la sanidad de los rebaños en esta zona puede tener un impacto no solo en los productores, sino también en toda la cadena productiva láctea”, añade Macarena.

La investigadora destaca que el desarrollo de métodos diagnósticos más rápidos y accesibles podría ser especialmente relevante para la realidad productiva regional, al permitir identificar con mayor oportunidad qué microorganismo está provocando una infección y apoyar decisiones de manejo y tratamiento. Uno de los aspectos centrales de esta experiencia ha sido precisamente la vinculación entre la investigación desarrollada desde la universidad y las necesidades del sector productivo.

Para Macarena Núñez, esta relación resulta fundamental para que el conocimiento científico pueda trascender el ámbito académico y convertirse en soluciones concretas: “Creo que es fundamental vincularse con el sector productivo porque permite que los resultados de las investigaciones no se queden únicamente en el ámbito académico, sino que puedan transformarse en soluciones concretas para problemáticas reales”.

A su juicio, esta colaboración permite complementar las capacidades de ambos sectores: mientras la academia aporta conocimiento y una base científica sólida, la industria contribuye a identificar necesidades concretas y espacios donde ese conocimiento puede tener una aplicación.

Una beca para continuar formando capital humano

El vínculo de Macarena con el laboratorio se inició en 2023, durante su formación de pregrado en Bioquímica. Desde entonces, tuvo la oportunidad de integrarse al Laboratorio de Mastitis Bovina, experiencia que posteriormente dio paso al desarrollo de su tesis de magíster. Durante este proceso fue guiada por el Dr. Armin Mella y el Dr. Diego Carrillo, quienes la acompañaron en el desarrollo de la investigación.

La investigación fue desarrollada con el apoyo del programa Piloto de Becas de Postgrado impulsado por el Gobierno Regional de Los Ríos y la Universidad Austral de Chile, financiamiento que para Macarena fue fundamental para completar su formación de magíster. “La beca FIC fue de gran ayuda para mí, ya que me entregó los recursos y herramientas necesarios para poder finalizar mi tesis y continuar con mi formación de manera adecuada. El apoyo permitió financiar aspectos no solo asociados a mi investigación, sino que también a gastos relacionados con mi permanencia en Valdivia y en el programa de magíster”.

Actualmente, Macarena se encuentra trabajando en Puerto Varas, en Aqua BC, empresa vinculada a la biotecnología y a la prestación de servicios para el sector acuícola. Si bien su trabajo actual no está directamente relacionado con la mastitis bovina, reconoce que la experiencia desarrollada durante el proyecto FIC amplió su perspectiva sobre las posibilidades profesionales que existen para quienes se forman en ciencias. “Me hizo comprender que nuestro desarrollo profesional no necesariamente tiene que estar ligado exclusivamente a la academia o la investigación, sino que también podemos incorporarnos directamente a la industria”, afirma.

Para Macarena, esta experiencia demuestra el valor de conectar las capacidades científicas que se desarrollan en las universidades con las necesidades concretas de los territorios y sus sectores productivos. “Considero que esta conexión entre el conocimiento científico y las necesidades de la industria es fundamental para que la investigación pueda tener un impacto concreto en la sociedad y en los distintos sectores productivos”, concluye.

La profesional termina esta entrevista agradeciendo especialmente a la Dra. Leyla Cárdenas, directora del proyecto FIC, a Francisca Sepúlveda y Pedro Matus, encargados de su seguimiento.

Proyecto financiado por el Fondo de Innovación y Competitividad (FIC) del Gobierno Regional de Los Ríos y aprobado por el Consejo Regional.

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Estudio detecta anticuerpos contra la paratuberculosis bovina en terneros neonatos

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Un estudio del Royal Veterinary College demuestra que los anticuerpos contra Mycobacterium avium subsp. paratuberculosis pueden identificarse en la sangre de los terneros tras la ingesta de calostro. El hallazgo abre una nueva vía para estudiar la exposición temprana a la enfermedad de Johne y fortalecer las estrategias de vigilancia y control en los rodeos.

Una investigación realizada por científicos del Royal Veterinary College (RVC) identificó que los terneros recién nacidos pueden presentar anticuerpos contra la enfermedad de Johne en su sangre luego de consumir el calostro materno. El descubrimiento podría aportar una nueva herramienta para determinar en qué momento los animales se exponen por primera vez al agente causal de esta enfermedad, favoreciendo el desarrollo de estrategias más eficaces de prevención y control.

La enfermedad de Johne, también conocida como paratuberculosis bovina, es una enfermedad infecciosa, crónica e incurable causada por Mycobacterium avium subespecie paratuberculosis (MAP). La infección suele producirse durante las primeras semanas o meses de vida, aunque los signos clínicos generalmente aparecen años más tarde.

En los animales afectados, la bacteria provoca un deterioro progresivo de la mucosa del intestino delgado, generando inflamación crónica, pérdida de peso, disminución de la producción de leche, diarrea persistente y, en los casos más graves, la muerte. Además de comprometer el bienestar animal, representa un importante problema económico para la producción lechera a nivel mundial.

Hasta el momento, los programas de vigilancia se enfocan principalmente en detectar la enfermedad en bovinos adultos, mientras que existe escasa información sobre lo que ocurre durante las primeras etapas de vida.

Un nuevo enfoque para estudiar la exposición temprana

Con el objetivo de profundizar el conocimiento sobre la infección en los primeros días de vida, investigadores del RVC analizaron muestras de sangre de 38 terneros recién nacidos y sus respectivas madres provenientes de un establecimiento lechero comercial del suroeste de Inglaterra.

Las muestras habían sido obtenidas originalmente como parte de los controles rutinarios destinados a verificar la correcta absorción de anticuerpos provenientes del calostro. Posteriormente, los científicos aprovecharon los sueros residuales para medir anticuerpos específicos contra MAP y evaluar su relación con el estado sanitario de las madres y con la eficiencia de la transferencia de inmunidad pasiva.

Los resultados mostraron que los terneros nacidos de vacas con anticuerpos frente a MAP presentaban concentraciones significativamente más altas de esos mismos anticuerpos que aquellos cuyas madres no evidenciaban seropositividad. Asimismo, la relación entre los niveles de anticuerpos detectados y la absorción del calostro fue diferente según el estado sanitario de la madre.

En conjunto, los hallazgos respaldan la hipótesis de que los anticuerpos específicos contra MAP son transferidos desde la vaca al ternero a través del calostro.

Potencial para mejorar la vigilancia sanitaria

Los investigadores aclaran que la detección de estos anticuerpos no constituye una prueba diagnóstica de infección en terneros recién nacidos, ya que refleja la inmunidad pasiva transferida por la madre y no necesariamente la presencia de la bacteria en el animal.

Sin embargo, consideran que esta información podría incorporarse como una herramienta complementaria dentro de los programas de vigilancia de rodeos y de evaluación del riesgo sanitario, contribuyendo a comprender mejor la dinámica de transmisión de la enfermedad durante las primeras etapas de vida.

De confirmarse los resultados de esta investigación en estudios con un mayor número de animales, este enfoque podría aportar información valiosa para optimizar las estrategias de control de la enfermedad de Johne, mejorar el bienestar animal y reducir las pérdidas productivas asociadas a esta importante enfermedad de los bovinos.

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Un enfermedad de los rumiantes es descubierta en el material de manuscritos antiguos

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Los manuscritos se confeccionaban con pergaminos fabricados con pieles de ovejas, cabras o vacas. Una nueva investigación ha empleado la genética para reconstruir 3 500 años de historia de la viruela ovina, una enfermedad que ha afectado a los rebaños durante siglos.

Algunos de los manuscritos más conocidos de Europa, entre ellos los Evangelios de York, se han convertido en auténticas ‘cápsulas del tiempo’ que permiten reconstruir 3 500 años de historia del virus de la viruela ovina.

Mediante el análisis genético de las pieles utilizadas para fabricar sus pergaminos, un equipo internacional dirigido por el University College de Dublín ha aportado nuevas evidencias sobre cómo esta enfermedad afectó a los rebaños europeos mucho antes de la era moderna.

Un virus antiguo

La viruela ovina es una enfermedad muy contagiosa que se propaga rápido y puede infectar a gran parte de un rebaño en poco tiempo. Es peligrosa porque puede provocar tasas de mortalidad muy elevadas, sobre todo en animales jóvenes, y reduce de forma drástica la producción al mermar la obtención de lana, carne y leche.

La enfermedad de la viruela ovina es peligrosa porque puede provocar tasas de mortalidad muy elevadas, sobre todo en animales jóvenes

“El estudio del ADN de los patógenos ha cambiado por completo nuestra comprensión de las enfermedades infecciosas del pasado, y aquí hemos demostrado que los pergaminos también pueden conservar ADN de patógenos”, afirma el autor principal del estudio e investigador de la universidad irlandesa, Louis L’Hôte. “Puede que los archivos y bibliotecas de todo el mundo también contengan rastros genéticos de brotes víricos ocurridos en animales de pasto de la antigüedad”.

“En concreto, estos genomas nos ayudan a comprender cómo evolucionaron estas infecciones y cómo afectaron a las sociedades del pasado, como es el caso del virus de la viruela ovina, del que demostramos que lleva mermando los rebaños de ovejas de Eurasia desde hace al menos tres milenios y medio”.

Cápsulas del tiempo

En el trabajo, publicado en Science Advances, los investigadores identificaron rastros génicos de la infección en manuscritos medievales, entre ellos varios de gran importancia histórica.

En especial, analizaron los Evangelios de York, de unos mil años de antigüedad y una de las mejores piezas conservadas del primer periodo anglosajón. También estudiaron textos más antiguos, como el Corpus Glossary del Corpus Christi College de Cambridge uno de los primeros diccionarios ingleses, además de otros códices procedentes de Gran Bretaña y Europa continental del mismo periodo.

Los expertos detectaron el virus en pergaminos elaborados con piel de ternero y de cabra, en muchos de ellos descubrieron que algunas páginas contenían ADN del virus, lo que les indicó que en su elaboración se utilizaron animales infectados.

Dado que el pergamino se fabricaba a partir de pieles de ganado, como ovejas, cabras y vacas, los investigadores lo consideran una especie de ‘bioarchivo’ que conserva el estado de salud del animal en el momento de su muerte hace siglos.

Asimismo, los expertos detectaron el virus de la viruela ovina en pergaminos elaborados con piel de ternero y de cabra, lo que indica que se dieron casos excepcionales de infecciones entre especies o que se produjo cierta contaminación durante el proceso de fabricación de los pergaminos.

Un virus que persiste

Al combinar el estudio de los manuscritos con muestras aún más antiguas de dientes de oveja de la Edad del Bronce, el estudio reveló que la viruela ovina había amenazado al ganado durante más de 3 700 años.

Los principales linajes de los capripoxvirus se diversificaron hace 11 500 y 3 700 años. El equipo identificó las primeras detecciones conocidas del virus de la viruela ovina a partir de registros dentales recuperados en antiguos asentamientos pastorales de la estepa euroasiática, ya que, diferencia de otros restos, los dientes conservan el material genético de las infecciones durante miles de años.

Al comparar estas secuencias con las modernas, los investigadores estiman que los principales linajes de los capripoxvirus se diversificaron hace 11 500 y 3 700 años. Esta cronología coincide con el auge de la domesticación de animales y el gran traslado de ovejas desde la estepa hacia Europa.

“La gente de todo el mundo sigue luchando contra este patógeno”, cuenta L’Hôte. “Los genomas antiguos pueden ayudarnos a comprender cómo evolucionaron los patógenos que nos afectan en la actualidad”, concluye.

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