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¿Cómo Duplicar el Rendimiento de Las Pasturas?

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En campos bajos y con fertilización estratégica, es posible producir hasta 10.000 kilos de forraje de calidad por hectárea al año. Cómo lograrlo y potenciar su aprovechamiento es uno de los temas que se presenta en la jornada Pasturas 2016 que organiza el INTA Balcarce – Argentina.

El inicio de la primavera es una época en la que el crecimiento de los recursos forrajeros está restringido por deficiencias de nutrientes. En este sentido, la fertilización estratégica de pasturas es una herramienta con la que se puede duplicar el rinde y alcanzar hasta 10.000 kilos de materia seca por hectárea al año. Para potenciar su producción y aprovecharlas eficientemente, el INTA Balcarce –Buenos Aires– organiza la jornada “El negocio del pasto: sustentabilidad y productividad”.

Alejandra Marino, especialista en recursos forrajeros de la Unidad Integrada Balcarce (INTA y Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Mar del Plata), señaló que “la salida del invierno es uno de los cuellos de botella para la producción de forraje debido a que el crecimiento de los verdeos y pasturas está frecuentemente restringido por deficiencias de nutrientes”.

Por la importancia estratégica de las pasturas para la producción ganadera, el INTA Balcarce organiza una jornada dedicada al análisis de estos recursos, las reglas de manejo, pautas sobre implantación y fertilización estratégica, entre otros temas.

Para contar con más forraje en los meses de agosto y septiembre, Marino recomienda “adelantar la primavera con la fertilización estratégica de las pasturas”. Se trata de una herramienta de alto impacto, cuyo costo es bajo en relación a los múltiples beneficios que genera tanto para la producción ganadera, como para el suelo y para los cultivos que puedan integrar una rotación.

De acuerdo con Marino, “las fertilizaciones que se ajusten a los requerimientos de cada pastura permiten incrementar la producción de forraje de 5.000-6.000 a 10.000 kilos de materia seca por hectárea al año; lo que significa que con una adecuada planificación y un manejo correcto es posible duplicar el rinde”.

Con una adecuada planificación y un manejo correcto es posible duplicar la producción de materia seca por hectárea al año.
La fertilización debe considerar el ambiente en el que se encuentra y los requerimientos del recurso. “Aplicar un solo tipo de fertilizante sin tener en cuenta las deficiencias nutricionales de la pastura o del verdeo suele no provocar el efecto buscado”, aseguró Marino y aclaró: “Hay un conjunto de nutrientes que pueden limitar la producción del forraje; para el sur de Buenos Aires es habitual que se observen deficiencias de fósforo y de nitrógeno”.

Ahora bien, antes de fertilizar es necesario determinar qué nutrientes ofrece el ambiente. “Las alternativas para obtener esta información son: análisis de suelo, de plantas o determinarlo indirectamente a través del índice de verdor”, indicó Marino y agregó: “Con estos datos se puede ajustar el diagnóstico y planificar una correcta nutrición fosfatada y nitrogenada”.

“Todas estas herramientas nos ayudan a diagnosticar si una pastura o un verdeo tiene o no deficiencias nutricionales”, expresó Marino, quien afirmó que el productor puede comparar la oferta con el requerimiento de nutrientes y cubrir el desbalance con fertilización apropiada y estratégica.

Este análisis, habitualmente implica recurrir a más de un fertilizante (fosfatado, nitrogenado o algún otro que sea necesario). “Lo importante es ajustar la dosis y el momento de aplicación en función estrictamente de lo que necesite el recurso forrajero”, explicó la especialista del INTA y aclaró: “Así, la fertilización se convierte en una herramienta altamente útil, de alto impacto y con un costo relativamente bajo para el sistema ganadero”.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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