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Aurochs: buscan resucitar bovinos ancestrales extintos hace 400 años

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En Europa, un proyecto científico busca “regresar de la extinción” a una especie de bovinos ancestrales debido a su importancia ecológica, pero no lo hará por medio de clonación, sino de algo mucho más sencillo.

La película Jurassic Park nos enseñó – desde la ficción – que la clonación es una opción para regresar a distintas especies de la extinción. Esta vez un grupo de investigadores europeos, pero sin usar la clonación, está intentando traer a la vida nuevamente a los Aurochs (Bos primigenius), bovino ancestral del cual descienden los bovinos domesticados, vuelva a pastar en los campos europeos.

La historia de su extinción

Los aurochs se consideran extintos desde 1627, cuando el último individuo del que se tenía conocimiento falleció en el bosque de Jaktorów, en Polonia.

Tristemente, esta no es una historia como la de otras especies consideradas extintas, en las que una población se encontró décadas o siglos después y con ella se pudieron recuperar sus números gracias a programas de reproducción – como el caso del takahe -.

No, los aurochs siguen tan extintos como hace casi 400 años.

Así como pasa hoy en día, los humanos fueron responsables de su extinción, tanto por la destrucción de su hábitat como por la caza excesiva. Vivían en zonas boscosas, praderas y pantanos a lo largo de Europa, pero para el siglo XIII solo se les podía encontrar en Polonia, Lituania y algunas partes de lo que hoy son Bulgaria y Rumania.

Importantes para el ecosistema

Cuando los depredadores pretendían atacarlos, los aurochs macho se defendían formando un semicírculo, mostrando sus grandes cornamentas. Ante esta muralla de cuernos los depredadores pensaban dos veces antes de atacar a hembras y crías que se ocultaban detrás de los machos.

Pero los aurochs no solo protegían a los suyos, otros animales – como caballos – aprovechaban esta férrea formación para también salvaguardarse. Esta estrategia de supervivencia se perdió junto con ellos.

Este fue tan solo uno de sus roles, ya que, así como los bisontes y otros animales de pastoreo, su alimentación, desplazamiento y ciertos comportamientos contribuyen a la salud del ecosistema. Así como lo explica Ronald Goderie, ecólogo de Países Bajos, estos herbívoros no solo representan alimento para los depredadores, también crean microhábitats que contribuyen a la diversidad de plantas e invertebrados.

Sus heces son una fuente de nutrientes para plantas, escarabajos y moscas; estos a su vez se convierten en alimento de otros animales, como murciélagos o aves; y su andar y competencia contribuyen a que las plantas puedan crecer en más lugares.

Su propio peso y el pastoreo regulan el crecimiento de especies vegetales, pero los machos también ayudan creando “pozos de toros” en el suelo. Preparándose para competir contra otros machos, los bovinos golpean el suelo con su cabeza, creando pozos que son aprovechados por insectos y especies de plantas para colonizarlos.

Regresando de la extinción

Como mencionamos previamente, se considera que los aurochs (Bos primigenius) son el ancestro de los bovinos domésticos que tenemos hoy en día. Es decir, gracias a la reproducción selectiva, los humanos fueron generando una gran diversidad de animales que utilizamos hoy día con diferentes propósitos.

Es por medio de la reproducción de ciertas variedades de ganado que el equipo de Ronald Goderie plantea traer de la extinción a los aurochs, o de forma más correcta, conseguir una variedad que cumpla el mismo rol.

La domesticación y la modificación que hacemos sobre animales y plantas se consigue apareando selectivamente a animales con ciertas características deseables, como tamaño o musculatura en animales, o color, sabor o forma en el caso de plantas, entre muchas otras cualidades.

Si estas se heredan entonces estas reproducciones selectivas se mantienen, de esta forma hemos obtenido razas de perros, maíces con diferentes tamaños de grano, plátanos sin semillas, etc. Pero en esta selección a veces se presentan variedades que se asemejan más a la especie silvestre.

En el caso de los bovinos, existen seis razas – en España, Portugal e Italia – que fueron del interés de los expertos liderados por Goderie, y con las cuales, por medio de reproducción selectiva, se han intentado engendrar una variedad cuya apariencia, comportamiento y genética sea lo más semejante a los aurochs posible.

De esta forma obtuvieron animales a los cuales han llamado “tauros”, aunque también son llamados aurochs por otros grupos.

El Programa Tauros ha conseguido llevar poblaciones de tauros a seis diferentes países, España, Portugal, Croacia, República Checa, Rumania y Países Bajos; y se está trabajando para poder llevar una población a Reino Unido, más específicamente a Escocia, donde se tiene evidencia que los aurochs poblaron.

En 2022, se obtuvo evidencia en video – de una población en Croacia – en la que una pequeña manada de tauros estaba protegiendo no solo a sus crías y a las hembras, sino también a un grupo de caballos salvajes, del ataque de una manada de lobos, tomando el mismo rol que sus ancestros hace unos cuantos siglos.

Dentro de los objetivos del programa está poco a poco dejar a estas poblaciones sin ningún tipo de control por parte de los humanos, y que sea la naturaleza quien siga con este interesante experimento para “recuperar” una especie extinta.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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