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Ecuador forma Médicos Veterinarios inspectores para centros de faenamiento

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En coordinación con el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), Servicio Agricola y Ganadero de Chile – SAG y la Alcaldía de Ibarra (Ecuador), se desarrolló el “Curso de autorización de médicos veterinarios especializados en especies mayores”, en el que participaron 100 profesionales que se formaron como inspectores sanitarios en centros de faenamiento, fortaleciendo así los controles de inocuidad y la protección al consumidor.

Fueron tres días de capacitación, que estuvo orientada a reforzar los conocimientos de los médicos veterinarios en la inspección zoosanitaria de especies mayores destinadas al consumo humano, tanto en la fase previa al faenamiento para identificar patologías o condiciones que puedan afectar la aptitud del animal; como en la evaluación posterior de canales y órganos tras el sacrificio.

Israel Vaca, coordinador general de Inocuidad de Alimentos de Agrocalidad, destacó que este tipo de iniciativas contribuyen a fortalecer una cultura de consumo responsable fortaleciendo la inocuidad en la producción primaria. “Estos procesos técnicos, desarrollados bajo la normativa, permiten que los consumidores sean cada vez más exigentes con los productos que adquieren”.

Durante la jornada también se abordaron principios de bienestar animal y el control de riesgos de inocuidad e higiene aplicadas a todo el proceso de faenamiento, aspectos clave para proteger la salud de la población.

Por su parte, Lorena Medina, especialista del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), resaltó la importancia del trabajo articulado y de las alianzas estratégicas para mejorar la inocuidad de la producción cárnica en el país. “Seguiremos trabajando de la mano de Agrocalidad para fortalecer los procesos de la cadena cárnica en el Ecuador”.

El curso contó con la participación de expertos nacionales y del especialista internacional José Manuel Maldonado, del Servicio Agrícola y Ganadero de Chile (SAG). Entre las principales temáticas abordadas se incluyeron diseño de procesos de faenamiento, estructura organizacional de los centros de faenamiento, requisitos para su funcionamiento, así como procedimientos de limpieza y desinfección, entre otros.

La capacitación concluyó con una visita técnica a las instalaciones de la Empresa Pública Municipal de Faenamiento y Productos Cárnicos de Ibarra.

Con estas acciones, el Gobierno Nacional de Ecuador, a través de Agrocalidad, reafirma su compromiso con el fortalecimiento de la sanidad animal y la inocuidad alimentaria en el país.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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