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Declaración sobre el bienestar animal durante el transporte

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La Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) reitera, con un renovado sentido de urgencia, que si bien el transporte de animales – por vía terrestre, marítima o aérea – puede ser clave para el comercio mundial, la producción de alimentos, la investigación y otras actividades, es fundamental garantizar la implementación rigurosa de las normas de bienestar a lo largo de todo el proceso de transporte para proteger la sanidad y el bienestar de los animales. 

El transporte a larga distancia puede conllevar riesgos graves debido a certificados sanitarios inexistentes o incompletos, normas aduaneras poco claras, desacuerdos comerciales y problemas imprevistos. Estas situaciones deben planificarse y gestionarse cuidadosamente desde el inicio para proteger el bienestar animal.

El bienestar animal durante el transporte es esencial. Mantiene a los animales sanos y seguros. Todas las partes implicadas – propietarios de animales, operadores, transportistas, autoridades gubernamentales y Servicios Veterinarios – comparten esta responsabilidad. La OMSA está actualizando sus normas para adaptarse a los complejos desafíos actuales del transporte.

Para garantizar que los animales reciban un cuidado adecuado en cada etapa – empezando por la certificación – son fundamentales los siguientes aspectos:

Implementar las normas de la OMSA: El Código Sanitario para los Animales Terrestres establece normas claras y basadas en la ciencia para todos los tipos de transporte. Estas normas deben estar respaldadas por marcos jurídicos sólidos y aplicarse de manera efectiva.

  • Responsabilidades claras: Todas las personas implicadas en el proceso de transporte deben comprender y asumir su responsabilidad, con traspasos claros entre cada fase.
  • Formación y desarrollo de capacidades: Se necesitan Servicios Veterinarios y personal bien formados para garantizar la implementación de las normas.
  • Infraestructura y tecnología: Los equipos de transporte y los sistemas de seguimiento deben estar actualizados para proteger el bienestar animal durante todo el trayecto.
  • Comunicación y coordinación eficaces: Todas las partes deben colaborar de forma fluida para garantizar que los animales lleguen de manera segura y en buenas condiciones.
  • Mejora continua: Las normas deben actualizarse periódicamente en función de los avances científicos, las buenas prácticas y las necesidades reales.

Los acontecimientos recientes han puesto de manifiesto la importancia de cumplir plenamente las normas de la OMSA. Condenamos firmemente cualquier sufrimiento que los animales puedan padecer durante el transporte y convocamos a todos los actores implicados para que respeten los más altos estándares de bienestar. Proteger el bienestar animal no es opcional: es una responsabilidad compartida que requiere atención urgente.

La OMSA celebró recientemente un taller sobre escenarios de recorrido completo (« Whole Journey Scenario »  ) para el transporte de animales vivos, organizado por el Gobierno de Jordania, con participantes de África, las Américas, Europa y Oriente Medio, donde se destacaron estos principios.

Porque la sanidad animal es nuestra salud: es la salud de todos.

Las normas actuales de la OMSA sobre el bienestar animal durante el transporte pueden consultarse aquí: 

Capítulo 7.2: Transporte de animales por vía marítima

Capítulo 7.3: Transporte de animales por vía terrestre   

Capítulo 7.4: Transporte de animales por vía aérea

 

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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