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Enfrentando la Mastitis Bovina con aceites esenciales

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Investigación chilena financiada por el Proyecto InES Género “Conocimiento + Género UACh” abre nuevas rutas para alternativas naturales al uso de antibióticos en la industria lechera del sur del país trasandino.

La mastitis bovina —una de las enfermedades más frecuentes, costosas y difíciles de controlar en la industria lechera— podría enfrentar nuevas alternativas preventivas y terapéuticas gracias a compuestos derivados de plantas nativas de la selva valdiviana de la Región de Los Ríos. Ese fue el objetivo del proyecto INGE-2024-03: “Explorando el potencial terapéutico de aceites esenciales de la selva Valdiviana en miras a fortalecer la sanidad mamaria bovina de la zona sur de Chile”, a cargo de la académica Dra. Javiera Bahamonde, del Instituto de Farmacología y Morfofisiología de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad Austral de Chile (UACh).

La investigación concluyó recientemente su ejecución con apoyo del Proyecto InES “Conocimiento + Género UACh”, INGE220001, a través de su fondo concursable de investigación, innovación y creación artística, iniciativa que busca disminuir las brechas de género en investigación, innovación y creación artística en la Universidad Austral de Chile.

Nuevos hallazgos frente a patógenos reales de mastitis bovina en el sur de Chile

El proyecto evaluó las propiedades antimicrobianas y la citotoxicidad de aceites esenciales extraídos de Tepa (Laureliopsis philippiana) y Canelo (Drimys winteri), especies utilizadas en la medicina tradicional y conocidas por sus potentes metabolitos de defensa frente a factores ambientales como la humedad. Esto adquiere especial relevancia en el sur de Chile, donde las condiciones ambientales favorecen la presencia de patógenos oportunistas y emergentes asociados a mastitis bovina.

Los aceites esenciales no fueron evaluados solo en cepas de laboratorio, sino que también en patógenos aislados de casos reales de mastitis bovina, incluyendo Staphylococcus aureus y Streptococcus uberis, bacterias responsables de un alto porcentaje de mastitis bovina en predios lecheros del sur del país. Esto permitió obtener resultados situados territorialmente y más ajustados a las problemáticas productivas locales. Asimismo, se evaluó su efecto sobre la levadura Pichia kudriavzevii (ex Candida krusei), patógeno emergente en la región y naturalmente resistente a antifúngicos habituales.

Los resultados del proyecto mostraron que los aceites esenciales de Tepa y Canelo ejercen actividad antimicrobiana moderada frente a bacterias como Staphylococcus aureus y Streptococcus uberis, agentes recurrentes en mastitis clínica y subclínica. Si bien este comportamiento estaba dentro de lo esperado según antecedentes previos, fue la evaluación frente a la levadura emergente Pichia kudriavzevii (ex Candida krusei) lo que despertó el mayor interés científico. Esta levadura, cada vez más frecuente en mastitis de la zona sur y naturalmente resistente a antifúngicos comunes, mostró una alta sensibilidad frente al aceite esencial de Canelo, constituyendo uno de los hallazgos más prometedores del estudio.

La Dra. Bahamonde comenta que esta actividad antifúngica “fue muy robusta y coherente con los mecanismos de defensa que el Canelo desarrolla en ambientes húmedos. Este resultado abre una línea completamente nueva para abordar la mastitis micótica, que es un problema creciente en sistemas lecheros del sur”. Junto con la actividad antimicrobiana y antifúngica, el equipo realizó las primeras aproximaciones y evaluaciones de citotoxicidad en cultivos de células mamarias bovinas, pensando en proyectar formulaciones de aplicaciones intramamarias.

Impacto en la industria lechera del sur

La mastitis bovina genera pérdidas económicas, afecta el bienestar animal y empuja al uso intensivo de antibióticos, contribuyendo a la resistencia antimicrobiana. En ese contexto, los aceites esenciales de flora nativa ofrecen una alternativa con múltiples beneficios: baja probabilidad de residuos en leche, origen natural, sostenibilidad ecológica y pertinencia territorial.

“La posibilidad de contar con compuestos derivados de un ecosistema único como la selva valdiviana de la Región de Los Ríos, con mecanismos de defensa altamente sofisticados y adaptados a condiciones de humedad extrema, representa una oportunidad tremenda para innovar desde el sur”, señala la Dra. Jessica Bravo, líder del Laboratorio de Productos Naturales de la Universidad Diego Portales y colaboradora del proyecto. La actividad antifúngica observada podría ser especialmente valiosa para abordar patógenos resistentes y emergentes que afectan a la industria lechera regional.

Hacia modelos más complejos y con valor territorial

El proyecto no termina con la conclusión de esta etapa. Por el contrario, abre diversas líneas que ya están en desarrollo. Una de ellas es la creación de un sistema de cultivo y clonación de plantas nativas para garantizar materia prima sustentable. Otra es el desarrollo y fortalecimiento de modelos 3D que simulen el tejido de la glándula mamaria para estudios de seguridad y eficacia. Además, el equipo de investigación ya explora el potencial antiinflamatorio y regenerativo -con efectos antimicrobianos y cicatrizantes- de estos aceites y su posible aplicación en sanitización industrial, dermatología veterinaria y otros ámbitos productivos. Como señalan las investigadoras, “la flora nativa valdiviana tiene un potencial inmenso para el desarrollo farmacéutico, este proyecto solo abrió la primera puerta”.

La investigación también ha generado nuevas redes de colaboración, incluyendo vínculos con la Universidad Diego Portales, la Universidad Nacional de Cuyo (Argentina) y diversos laboratorios de la UACh. Esto consolida un ecosistema científico que permitió proyectar el estudio hacia fondos de mayor alcance como lo son el FOVI, recientemente adjudicado y ya en ejecución, y el Fondecyt regular, que se encuentra en evaluación.

Para la Dra. Bahamonde, el impulso del Proyecto InES “Conocimiento + Género UACh” fue determinante, “este fondo fue el primero que logramos adjudicar como equipo después de años de intentarlo. No solo nos dio el financiamiento, sino también el espacio para liderar investigación siendo mujeres en un área altamente competitiva”, destaca.

El Proyecto INGE220001 también permitió integrar estudiantes, fortalecer capacidades técnicas, consolidar redes y abrir nuevas oportunidades de postulación. Más allá de lo económico, la investigadora reconoce el valor humano y académico del acompañamiento. “InES Género nos permitió pensar distinto, atrevernos a proponer temas innovadores y sostener una investigación con pertinencia territorial”, afirma.

Los primeros resultados de esta investigación no solo dan cuenta del potencial terapéutico de la flora nativa de la Región de Los Ríos, sino que también posicionan a la UACh en una línea emergente donde convergen salud animal, botánica nativa e innovación sustentable. En un escenario donde la industria lechera enfrenta desafíos crecientes por resistencia antimicrobiana y nuevas variantes de mastitis, estas evidencias representan un avance significativo hacia soluciones locales con identidad territorial y sustentables para el sector productivo.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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