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México: modelo de una industria de alimentos a favor de la salud y el bienestar animal

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El presidente del Consejo Nacional de Fabricantes de Alimentos Balanceados y de la Nutrición Animal de México (Conafab), José Luis Munguía Jiménez, subrayó el acompañamiento de Agricultura en el funcionamiento de 180 empresas afiliadas, las cuales representan 60 por ciento del alimento comercial en el país.

Con el fin de impulsar el desarrollo del sector pecuario nacional, la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural y el Consejo Nacional de Fabricantes de Alimentos Balanceados y de la Nutrición Animal de México (Conafab) ratificaron su alianza en torno al fortalecimiento de acciones en materia de salud y bienestar de los animales de consumo y de compañía.

México cuenta con una industria productiva y eficiente, que es una de las cinco más grandes a nivel mundial, y produce más de 40 millones de toneladas anuales de alimentos, de los que 36.7 millones se destinan al sector pecuario, informó el secretario Víctor Villalobos Arámbula al encabezar la toma de protesta de la mesa directiva 2024-2026 del organismo privado.

El sector también produce alimentos para mascotas, un segmento con alta demanda en los últimos años, lo que refleja su crecimiento dinámico y generador de empleos, estimado en 230 mil directos e indirectos, indicó.

Villalobos Arámbula subrayó que la Secretaría mantiene estrecha colaboración con el Conafab para garantizar la sanidad e inocuidad de los alimentos balanceados, puesto que la nutrición y sana alimentación de los animales es fundamental; se trata de un esfuerzo que ha colocado a México como décimo productor de ganado, agregó.

Con un hato estimado en 686.4 millones de bovinos, ovinos, porcinos y caprinos, así como un averío, indicó que la actividad pecuaria es sustento directo para 841 mil familias y anualmente produce ocho millones de toneladas de carne y más de tres millones de toneladas de huevo para plato.

La contribución y apoyo de la industria productora de alimentos contribuye a impactar en el bienestar de los animales, la actividad pecuaria y la salud pública, así como en la disponibilidad de cárnicos sanos e inocuos de consumo para la población, afirmó el titular de Agricultura.

El control oficial, clave en alimentos balanceados y nutrición animal

Ante la encomienda que tiene esta rama productiva de ofrecer diversas formulaciones para la alimentación y nutrición del ganado del país, el Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica) regula a la industria que elabora productos de uso veterinario, así como aditivos y premezclas para la producción de alimentos balanceados, detalló.

Este bien público de Agricultura, sostuvo, trabaja de la mano con comercializadores, proveedores, importadores y exportadores para certificar las buenas prácticas de manufactura, con el fin de garantizar la aplicación de estrictos controles de sanidad e inocuidad en los procesos.

Para fortalecer al sector, anunció la creación de la figura de Elaborador Confiable de Alimentos Balanceados de Calidad, que en breve se publicará y aspira a convertirse en símbolo de confianza y certeza para quienes requieren estos productos.

Industria avanza con pasos firmes

El presidente del Conafab, José Luis Munguía Jiménez, reconoció el acompañamiento de la Secretaría de Agricultura en el funcionamiento de 180 empresas afiliadas, que representan 60 por ciento del alimento comercial en nuestro país.

Subrayó las inversiones que realiza el sector en materia de tecnología e investigación de fórmulas eficientes para producir alimentos seguros e inocuos, los cuales van dirigidos a los grupos pecuario, premezclas y mascotas, y el segmento acuícola se enfoca a la producción de camarón y tilapia, principalmente.

Munguía Jiménez señaló que cada año producen cerca de 41 millones de toneladas de alimento, de los que 12 millones de toneladas se destinan a la avicultura, siete millones de toneladas a la porcicultura, 1.5 millones de toneladas de concentrado se destinan al ganado de engorda y 4.5 millones de toneladas de concentrado a las mascotas.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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