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Suplementación de Calostro con Yema de Huevo crea una Respuesta Inmune por Parte de los Terneros

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De acuerdo a una investigación realizada por Ilse Patricia Sánchez Garay de la Universidad Autónoma de Aguascalientes, la mortalidad que se puede presentar en un hato en México puede ser del 47 %, lo que retrasa su crecimiento y genera costos extras debido a tratamientos y a una disminución de la ganadería por la enfermedad. 

Bases del estudio

Esta es la razón por la cual el objetivo de la investigación era producir y administrar, de manera oral, inmunoglobulinas de yema de huevo de gallinas hiperinmunizadas a terneras de raza Hostein recién nacidas y evaluar su efecto protector contra el síndrome diarreico neonatal.

En este estudio se establecieron dos grupos de gallinas. En el primero se hiperinmunizaron 29 aves de la estirpe Bovans con una vacuna polivalente contra cuatro aislados diferentes de Escherichia coli, clostridium perfringens tipo C, coronavirus y tres aislados diferentes de rotavirus bovino (incluyendo los serotipos G10, G6 y G8). El grupo dos estuvo conformado por 11 aves sin hiperinmunizar.

El huevo se recolectó diariamente para realizar análisis del contenido de las inmunoglobulinas Y por yema, una vez que se obtuvieron entre 140 y 160 mg/yema de huevo las yemas de mezclaron, empaquetaron y mantuvieron a una temperatura de 4ºC hasta su uso.

En la investigación se utilizaron 40 terneras lecheras recién nacidas de raza Holstein que se asignaron completamente al azar en cinco grupos, cada uno de estos fue sometido a uno de los tratamientos. Además, se administró la yema de huevo a los grupos de terneras correspondiente mediante calostro durante las 2 primeras horas de vida y posteriormente con leche.

Durante el proceso se tomaron muestras de sangre de cada una de las terneras a distintas horas de vida obteniendo muestras que se analizaron por el método de espectrofotometría.

Conclusiones

Clínicamente, la diferencia en el estado de salud observada entre la población experimental y la población control fue evidente puesto que además de la disminución en la incidencia y prevalencia de diarrea en la primera, las terneras que enfermaron no mostraron decaídas ni anorexia, tampoco presentaron fiebre y se recuperaron de manera rápida.

Además, los resultados obtenidos en la investigación mostraron que no hay relación entre el consumo de yema y la tasa de crecimiento de los animales, lo que sugiere que los nutrientes aportados por la yema no afectan la ganancia de peso de las terneras.

Finalmente, la suplementación del calostro con 150 y 160 g de yema hiperinmune promueve una respuesta inmune efectiva por parte de las terneras, evitando así las pérdidas económicas del sistema de producción por tratamientos y pérdida de potencial genético debido a la muerte de las terneras, lo cual aumenta la rentabilidad del productor.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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