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Francia exigirá identificar el origen de la carne en comedores y restaurantes

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A partir de la segunda mitad del año, el gobierno francés exigirá que la carne que se sirve en cafeterías escolares y en los restaurantes se especifique el país de origen, argumentando la defensa de la producción nacional y la preservación de la calidad nutricional.

El ministro de Agricultura de ese país, Julien Denormandie, explicó esta iniciativa este miércoles en una entrevista al canal BFMTV, señalando que “como padre quiero saber la naturaleza de los alimentos que come mi hijo”.

“A partir de este verano, impondremos que se indique el origen de la carne en todos los comedores y en todos los restaurantes, incluso el de las aves de corral”, anunció.

La implementación está programada para este verano, esto es, para el periodo que inicia el 21 de junio en Francia. El titular de la cartera también desea extender este cambio a las carnes procesadas. Para ello será necesario un cambio en la ley.

Señaló que los padres y las madres de Francia no tienen certeza de dónde viene el pollo que consumen sus hijos en las comedores escolares, que hoy en día es principalmente extraeuropeo. “La mayoría de los pollos provienen de Ucrania, Brasil. Pero muy poco de Francia”, lamenta.

Denormandie anunció que la medida consistirá en “imponer que el origen de la carne se especifique en todos los comedores y en los restaurantes”.

Afirmó que la identificación del origen de los alimentos resulta para él “esencial” por razones de soberanía, pero también por razones de calidad alimentaria. Según el ministro francés, «un pollo ucraniano no tiene para usted el mismo impacto que un pollo francés».

El titular de Agricultura indicó que Francia cuando tenga la presidencia de la Unión Europea el año próximo pretende promover una modificación de las reglas comunitarias que, por ahora, impiden obligar a que se señale el origen de productos como la leche.

Esta medida pone de relieve una vez más la amplia importancia que otorgan tanto individuos como autoridades a la procedencia de los productos que consumen.

En Colombia, y especialmente para el caso del sector ganadero, existe una ley de trazabilidad para bovinos y bufalinos que fue formulada con este propósito como uno de sus objetivos, así como el de llevar derivados a los países que exigen este requisito.

Sin embargo, luego de nueve años, los avances en este frente han sido mínimos, por lo cual Fedegán ha insistido en ponerle el acelerador a la identificación y trazabilidad del ganado, que a la fecha apenas va por encima de los 5 millones, con casi otros 24 millones por faltar.

Por esta razón, el gremio cúpula de la ganadería en Colombia ha trabajado de forma conjunta con el Gobierno nacional para fortalecer este programa y se espera que en las próximas semanas haya un pronunciamiento al respecto.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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