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Influenza D en Ganado Europeo, ¿Una Enfermedad Subestimada?

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Investigadores europeos han querido analizar si se está subestimando la propagación del virus de la Influenza D.

El virus de la influenza D (IDV) es un ortomixovirus nuevo que se aisló por primera vez en 2011 en los Estados Unidos de un cerdo que presentaba una enfermedad similar a la influenza.

Hasta la fecha, su detección se ha extendido a todos los continentes y en una amplia gama de huéspedes: IDV está circulando en bovinos, porcinos, jabalíes, camélidos, pequeños rumiantes y equinos.

En Europa, las investigaciones serológicas en bovinos han permitido parcialmente comprender la difusión del virus en diferentes países como Italia, Francia, Luxemburgo e Irlanda. Un nuevo estudio ha puesto de manifiesto que la infección está muy extendida en el ganado, pero está limitada en otras especies investigadas, lo que consolida el supuesto de que el ganado bovino es el huésped primario de IDV. “Presumimos que el comercio de ganado comercial podría desempeñar un papel en las diferencias observadas en la seroprevalencia de IDV entre estas áreas. De hecho, el nivel general de exposición del ganado vacuno y porcino en los países de destino (por ejemplo, Italia) es más alto que en los países de origen (por ejemplo, Francia), lo que lleva a la hipótesis de una diseminación viral después del transporte de ganado joven al extranjero y, por lo tanto, contribuye a una mayor difusión. en los países de destino”, explican los autores.

La gran circulación geográfica de IDV en el ganado de los países del norte a más del sur de Europa también apoya la hipótesis de una propagación viral a través del comercio de ganado. Este estudio resume los datos disponibles sobre la seroprevalencia de IDV en Europa recopilados hasta ahora e integra datos no publicados del marco de vigilancia europeo de IDV de la última década. Además, trata el posible papel del comercio de ganado y las medidas de bioseguridad en la propagación de este patógeno.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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